lunes, 10 de enero de 2022

Teoría del pedo

Si tiene usted dudas sobre si ha pasado el coronavirus, hay un método de diagnóstico barato y fiable: ¿Puede oler los pedos de la gente? No los suyos, que hay hasta quien los aprecia, sino los de los pasajeros con los que viaja, por ejemplo, en un coche. ¡Menudo cerdo! Sí, díganselo a mi cuñado, autor de la nueva teoría científica, sobre la que me ilustró en la pasada cena de Nochevieja. Y él no estaba pedo, no. La había corroborado con varios colegas, todos profesores de secundaria. Por eso están dispuestos a retomar las clases con alegría mañana lunes. ¡Son inmunes a todo! En fin, si para el caso, la situación actual, si hablamos de iniciativa política, es una tomadura de pelo, o tal vez de olfato. Con la sanidad saturada, los ciudadanos son sus propios médicos, con o sin mascarilla. ¿Trabajo o no trabajo? ¿Viajo o no viajo? ¿Veo o no veo a los amigos? ¿Salgo de mi cuarto? Las familias hikikomoris (encerradas a cal y canto, tan sólo se comunican a través de las pantallas) van sustituyendo sin que nos demos cuenta a las familias tradicionales, contagiadas de espanto. Los que se mueven lo hacen sobre un mundo tan inestable que ya no confían en su olfato. No sabemos cómo huelen las cosas, si han madurado o se han podrido o es que nos vamos pudriendo nosotros sin darnos cuenta, saturados de virus. ¿Olían así las manzanas o son las manzanas ya digeridas y medio expulsadas en forma de ventosidades por tu cuñado? Sólo los políticos están acostumbrados a vivir en estas arenas movedizas de informaciones contradictorias, improperios y flatulencias. Sólo ellos tienen razón con sus juicios inequívocos sobre los vivos y los muertos, como el acalde Almeida. Hay personas con una cabeza tan cuadrada que juzgan a la gente por su ideología, aunque ésta sea la cosa más cambiante, la piedra filosofal que aún buscan asesores retirados y líderes proféticos que se han cortado la coleta. Porque la cuestión del olor político es uno de los grandes misterios filosóficos. Imagínense a Pedro Sánchez, Pablo Casado, Yolanda Díaz y Santiago Abascal en un coche. Si en el Congreso, el presidente del Gobierno le preguntó al líder de Vox si se había vacunado y éste le contestó que lo veía muy delgado, imagínense lo que podría contestarle después de acusarle de tirarse un pedo. ¡Usted no se ha contagiado! ¡Ni siquiera tiene ya olfato político! Hasta este nivel de enfermedad infectocontagiosapolítica hemos llegado. Quizá tenga razón mi cuñado.

IDEAL (La Cerradura), 9/01/2022

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