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lunes, 3 de febrero de 2020

Congestión


Granada es la vigésima ciudad española por número de habitantes, pero es la segunda más congestionada y la tercera más contaminada, sólo superada por Madrid y Barcelona, incomparables con la capital nazarí en población, extensión y riqueza. ¿Será que tenemos más coches que los que necesitamos o que nos sale humillo de la cabeza cada vez que el concejal del ramo niega la evidencia? A cierta hora, meterse en la circunvalación equivale a hacerlo en una ratonera, y si por cualquier motivo vírico la ciudad tuviera que ser evacuada no se salvaría ni el apuntador. Pero claro, Granada suele mirar hacia sí misma, y hay quien piensa que así estamos mucho mejor, aunque literalmente nos estemos asfixiando, y no sólo a nivel económico o político. Como si viviéramos en una saga mítica, nuestros políticos confían en que el cierre del anillo resuelva todos nuestros problemas, y ya me imagino a los Nazgul circulando alrededor de la ciudad, protegiendo al Señor Oscuro de Mordor. ¿O perseguían al portador del anillo? ¿Quién lo arrojará a las fraguas de la colina roja, donde fue forjado? ¡Ay, estos hobbits! Criaturas admirables que sólo piensan en llenar el estómago. Resistentes y animosas, aunque nos tengan hastiados de precuelas y secuelas. Que si la Junta y el Ayuntamiento. Que si el Gobierno y la oposición, que si el PP y el PSOE. Parece que se intercambian el discurso, según se encuentren a un lado u otro de la barrera. Mientras, los ciudadanos van ahogándose, respirando contaminación mientras dan vueltas por el laberinto de carreteras que rodean la ciudad para salir y para entrar, por lo que buena parte hace lo posible por no moverse del sitio o del sillón. ¿Por dónde andará Frodo? ¿Lo acompañará Sam? Entre los frikis del Señor de los Anillos se discute si los Nazgul tienen o no un cuerpo físico, a fin de cuentas eran reyes de los hombres captados por el mal y convertidos en espectros. Si es que te dan un anillo y mira lo que pasa, o te transformas en Gollum o en uno de los conductores negros (de los servidores de Mordor, ya se entiende) por el tráfico o la contaminación. A no ser que, según las cifras del Gobierno o del Ayuntamiento, te hayas convertido en algo peor: un modelo social gruñón y amargado antes de subirse a un coche o engrosar una estadística. Por si las moscas, tendremos que quedarnos en casa y hacernos unos cuantos lavados nasales. Dicen que eliminan todas las secreciones. Incluso las políticas.
IDEAL (La Cerradura), 2/02/2020

domingo, 16 de febrero de 2014

Pulmones


Ecuador es uno de los pulmones del planeta, pero la contaminación en ciudades como Guayaquil es como un cáncer, que contradice toda idea de naturaleza. El exceso de vehículos es evidente, y los tubos de escape expulsan un humo tan negro como el alquitrán con el que Chevron ha contaminado la Amazonía. Hay quien erróneamente cree que conducir un buen carro es un símbolo de progreso, y por eso abundan las furgonetas y los cuatro por cuatro, verdaderos monstruos metálicos que para lo único que sirven en la ciudad es para congestionar el tráfico. Porque, cuando uno camina para ir al trabajo, lo miran como a un bicho raro, cuando lo raro es encender un motor para recorrer cien metros, contaminando el aire y engordando por la falta de ejercicio. Algunos preferirían pasarse todo el día tumbados, sorbiendo batidos y moviéndose en camas voladoras como en la película WALL-E, donde los últimos habitantes de la Tierra, obesos e inútiles, viven en una nave espacial después de acabar con la vida en el planeta. Y así podemos acabar efectivamente, si no mejora nuestra cultura cívica. Porque la riberas del Malecón Salado, junto a la Universidad Estatal, parecen un basurero. Apenas hay papeleras, y no es raro ver cómo petroleros andantes terminan de beber un refresco y tiran el envase o el vaso de plástico al suelo. Al parecer, nadie les ha enseñado que ellos también forman parte del ecosistema.
El Telégrafo (Zoom del Ecuador), 15/02/2014