Mostrando entradas con la etiqueta Zoom del Ecuador. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Zoom del Ecuador. Mostrar todas las entradas

domingo, 30 de marzo de 2014

Futuro



Kurt Vonnegut ha imaginado un futuro en el que la humanidad nada y se alimenta como los peces. Lo hace en una novela inclasificable, Galápagos, a caballo entre el género picaresco, de aventuras y la ciencia-ficción. En Galápagos, los últimos descendientes de la raza humana se embarcarán en el Bahía de Darwin, “el crucero del siglo para el conocimiento de la naturaleza”, para hacer un viaje apocalíptico al famoso archipiélago. No les contaré más de esta novela, aunque sí les recomiendo leerla, porque es, entre otras cosas, una cura de humildad, y con un gran sentido del humor Vonnegut nos hace reflexionar sobre las fiebres por la tecnología, el dinero fácil o la crisis económica que sufren muchos países en este momento. De las Galápagos no tuvo Charles Darwin una buena impresión al principio: “Un campo quebrado de negra lava basáltica arrojada en medio del más agitado oleaje y atravesada por grandes grietas, cubierta en todas partes con arbustos enanos quemados por el sol, y con pocos indicios de vida”; leemos en su primer libro, El viaje del Beagle. Pero eso fue justo antes de descubrir uno de los secretos mejor guardados de la naturaleza y de la propia humanidad. Y es que todo es una cuestión de tiempo, como escribía Rafael Guillén:El presente es recuerdo y el futuro es pasado, el mañana es ahora y el ayer es mañana, el hoy es un después y el pasado es ahora”. El futuro está en nuestras manos.
El Telégrafo (Zoom del Ecuador), 29/03/2014

domingo, 16 de marzo de 2014

Sabiduría


La mejor novela que he leído hasta el momento de Luis Sepúlveda es Un viejo que leía novelas de amor, que, como ustedes recordarán, está ambientada en la Amazonía ecuatoriana. En la novela, este viejo aficionado a la lectura es un sabio cazador, el único personaje capaz de enfrentarse con el tigrillo y que siempre está en su sitio, quizá precisamente porque no piensa demasiado en el lugar donde se encuentra, sino que él mismo es una prolongación de la naturaleza. Él, Antonio José Bolívar Proaño, abandonó en su juventud la Sierra para terminar viviendo con los indígenas Shuar. La novela es una bella historia de supervivencia, pero yo veo a ese viejo en la gente con la que me encuentro por la calle, en esos taxistas o vendedores de periódicos para los que no existe la jubilación. En los países occidentales la jubilación es un tema tabú en las negociaciones sociales, algo más penoso aún que la artritis y demás achaques de la edad. Pero no creo que se la planteen estas personas que siguen inmersas en la lucha diaria, como Antonio José Bolívar Proaño en El Idilio, ese pueblo remoto de la región amazónica. Yo disfruto hablando con ellas, porque hay muchas cosas que sólo enseña la experiencia. De hecho, fue lo que me dijo un viejo conductor el otro día, en el trayecto del centro de la ciudad a casa. Y que el saber, lo que se dice el saber, sólo se aprende escuchando. Se me olvidó preguntarle si le gustaba leer novelas de amor.
El Telégrafo (Zoom del Ecuador), 15/03/2014

sábado, 8 de marzo de 2014

Ciudadanos burbuja


En ciudades grandes como Guayaquil, viven miles de ciudadanos burbuja, encerrados en ciudadelas fortificadas y vigiladas, prácticamente herméticas. Hacen deporte en recintos cerrados, se relacionan poco con los vecinos, cogen el carro para realizar cualquier gestión. En algunas de estas ciudadelas hay incluso colegios y supermercados, por lo que familias enteras desarrollan su vida en estos nichos aislados, sin conexión con la realidad del país. Probablemente hayan sido razones de seguridad lo que haya alentado la creación de estos guetos de lujo, pero también late en ellos una idea de exclusión, de estatus quo, de no querer saber nada de los problemas sociales. Estas ciudadelas son comunes no sólo en El Ecuador, sino en toda Latinoamérica, y son cápsulas estancas en el desarrollo del continente. Pues allí corre un tiempo distinto, inmune a los problemas y a la miseria, pero que propicia que haya toda una clase social ajena a la “res publica”. Y por eso, cuando le preguntas a algunas  de estas personas por las políticas sociales o por la reducción de la pobreza, se quedan en silencio, o te contestan en un ataque de sinceridad: “Es que yo no quiero que se reduzcan las diferencias. Prefiero que todo siga siendo igual”. Y allí permanecen, asfixiándose en su burbuja, sin querer saber nada de esa otra riqueza que es la vida en sociedad.
El Telégrafo (Zoom del Ecuador), 8/03/2014

domingo, 2 de marzo de 2014

Puentes


En Ecuador hay toda una comunidad de ciudadanos que viven en otros países. Forman una provincia virtual desperdigada por el mundo, que asiste con interés a todo lo que ocurre en su tierra natal. Esta semana he viajado con algunos de ellos, y como ellos he sentido la alegría de volver a aterrizar en el corazón de Latinoamérica. Porque muchas familias tienen un pie en una orilla y otra del océano, pero cada vez son más los que deciden volverse a la madre patria, que no se encuentra en España, sino en Sudamérica. Entre los años 2000 a 2008 casi medio millón de ciudadanos ecuatorianos se empadronaron en España, pero una vez rota la burbuja inmobiliaria, son muchos los que vuelven, atraídos por la singularidad política y el crecimiento de su propio país. Han enriquecido con su trabajo la sociedad española, y ahora harán lo propio con la ecuatoriana. Porque se trata de un camino de ida y vuelta, y lo que Ulrich Beck denominó comunidades transnacionales son en realidad una gran familia que tiene miembros aquí y allá, y que a la vez vinculan a nuestras sociedades, beneficiadas por esta influencia mutua. En el avión, mi compañero de asiento volvía a Manta, donde iba a pasar unas vacaciones después de trabajar todo el año en España. Pero su idea era volver a establecerse en Ecuador en breve. Yo lo animé a hacerlo, y a volcar su experiencia en la construcción del país. España tiene mucho más en común con Ecuador y otros países hermanos de Latinoamérica que con los países europeos. Son vasos comunicantes. Y los mayores puentes los tienden los ciudadanos.
El Telégrafo (Zoom del Ecuador), 1/03/2014

domingo, 16 de febrero de 2014

Pulmones


Ecuador es uno de los pulmones del planeta, pero la contaminación en ciudades como Guayaquil es como un cáncer, que contradice toda idea de naturaleza. El exceso de vehículos es evidente, y los tubos de escape expulsan un humo tan negro como el alquitrán con el que Chevron ha contaminado la Amazonía. Hay quien erróneamente cree que conducir un buen carro es un símbolo de progreso, y por eso abundan las furgonetas y los cuatro por cuatro, verdaderos monstruos metálicos que para lo único que sirven en la ciudad es para congestionar el tráfico. Porque, cuando uno camina para ir al trabajo, lo miran como a un bicho raro, cuando lo raro es encender un motor para recorrer cien metros, contaminando el aire y engordando por la falta de ejercicio. Algunos preferirían pasarse todo el día tumbados, sorbiendo batidos y moviéndose en camas voladoras como en la película WALL-E, donde los últimos habitantes de la Tierra, obesos e inútiles, viven en una nave espacial después de acabar con la vida en el planeta. Y así podemos acabar efectivamente, si no mejora nuestra cultura cívica. Porque la riberas del Malecón Salado, junto a la Universidad Estatal, parecen un basurero. Apenas hay papeleras, y no es raro ver cómo petroleros andantes terminan de beber un refresco y tiran el envase o el vaso de plástico al suelo. Al parecer, nadie les ha enseñado que ellos también forman parte del ecosistema.
El Telégrafo (Zoom del Ecuador), 15/02/2014

sábado, 8 de febrero de 2014

Comunas


A veces, el patrimonio cultural de un país no se encuentra en su arquitectura ni en sus edificios históricos. A veces –muy raramente-, ese patrimonio tiene que ver con una manera de relacionarse con el mundo. Se trata de algo más que la tradición o los saberes ancestrales de un pueblo; es una forma de resistencia, de mostrarle a la sociedad de consumo que se puede vivir de un modo diferente. Aquí la palabra libertad cobra todo su sentido. Y se refiere al trabajo y al sacrificio, a la voluntad de asumir una identidad irrenunciable. De las comunas la Constitución de la República del Ecuador y el Código Orgánico de Organización Territorial dicen poco. No hay mucho que decir desde el punto de vista legal de unos colectivos que tienen una organización social y un modelo de convivencia ejemplar, que van transmitiendo generación tras generación: sólo hay que protegerlos. En las comunas no suele existir la pobreza extrema o la desnutrición, algo que desgraciadamente sí existe en las grandes urbes, presuntamente civilizadas. Porque la civilización es más bien compartir el trabajo y los frutos del mar y de la tierra. Sin embargo, las iniciativas empresariales que se plantean a estos colectivos –no necesariamente indígenas, afroecuatorianos o montubios- suelen ser interesadas, con el objetivo de obtener un beneficio inmediato, normalmente proveniente del turismo y de una explotación incontrolada del entorno natural. Pero las comunas sólo seguirán existiendo si su desarrollo se produce desde dentro, con proyectos que ellas mismas puedan gestionar. Tender puentes en el presente desde el pasado al futuro también es algo revolucionario.
El Telégrafo (Zoom del Ecuador), 8/02/2014

jueves, 6 de febrero de 2014

Montañita


Probablemente sea Montañita la población de Ecuador con más bares por kilómetro cuadrado. De hecho, esos bares están concentrados en un solo kilómetro donde también existe una concentración de jóvenes con ganas de juerga digna de un continente, pero que únicamente ocupan una pequeña ensenada protegida por cerros. Los hay ecuatorianos, chilenos, argentinos, colombianos, norteamericanos, españoles y, sobre todo, de esa otra nacionalidad indefinida donde se peinan con rastas, no suelen lavarse y fuman hachís y beben durante todo el día plantados en cualquier trozo de tierra. Ésa es la fauna que más abunda, y ha convertido un paraíso de la ecología y el surf en una taberna gigante donde vegetar al sol. Así parecen entenderlo también sus habitantes, cuyos negocios están enfocados en la misma dirección: restaurantes y pubs, fundamentalmente, junto con algunas tiendas de ropa y de recuerdos. Y en el recuerdo queda su pasado pesquero y agrícola y una relación más armónica con la naturaleza. Pero ¿cómo prescindir de esos negocios en los que se gana más dinero y con mayor facilidad? Hubo un tiempo en que Montañita fue un modelo de convivencia, con una comuna abierta y dispuesta a enseñar una forma de vida más tranquila y amable. Y quizá podamos recuperar las formas de vida comunitarias y ancestrales que nos conectan con el Buen Vivir del Ecuador.
El Telégrafo (Zoom del Ecuador), 1/02/2014

sábado, 25 de enero de 2014

Lluvia


Entonces empezó a llover. Las alcantarillas se atascaron y las calles se inundaron. “No hay nada que hacer”, dijeron. “La ciudad está construida sobre esteros, andamos sobre el mar, como quien dice, y todavía nos quedan cinco meses”. Así que la gente se resignó y empezó a cambiar sus costumbres. Las ranas competían con los peatones por el uso de las aceras, y los conductores disfrutaban pasando a toda velocidad por encima de los charcos para mojar a los transeúntes. Y la gente se reía, claro. “Fíjate en ese, qué huevón, hecho una sopa”. Pero lo malo fue cuando toda la ciudad se convirtió en una gran sopa. La gente empezó a quedarse en sus casas, observando atónita cómo el nivel del agua seguía creciendo. Ni los viejos del lugar habían visto en su vida algo parecido. “Pero ya dejará de llover”, dijeron. Los más intrépidos sacaron barcas y piraguas para ir a trabajar. Otros metían la ropa en bolsas de plástico herméticas y se lanzaban al agua. Los que peor lo pasaban eran los que no sabían nadar. Pero la naturaleza es sabia y, de un modo u otro, a pesar de las dificultades, nos fuimos adaptando a las “nuevas condiciones bioclimáticas”, como las calificaron los expertos. Pero ¿qué le voy a contar a usted que no sepa? Para el caso, todos utilizamos ahora branquias para respirar y, en vez de pies y manos, tenemos aletas. Tampoco hay tanta diferencia.
El Telégrafo (Zoom del Ecuador), 25/01/2014

domingo, 19 de enero de 2014

Exprés


El hombre sale de casa. Piensa en lo que dijo anoche, en la cena, quizá demasiado apresuradamente, como ahora que camina para no llegar tarde, pues tiene el coche en el taller. A fin de cuentas, uno tiene que trabajar, y ya tendrá tiempo de preocuparse por la familia cuando vuelva a casa. Pero, al salir de la ciudadela, un coche se para a su lado. Quizá les haya llamado la atención el traje, o el maletín que lleva en la mano, quizá haya sido su aire preocupado. Y ahora no puede discutir, no con el cañón de una pistola. Ni con esos ojos vacíos que le indican el interior del coche. Ni con esas manos que registran el maletín, la ropa y que pronto dan con la cartera. El hombre ni siquiera acierta contestar a las preguntas de los dos tipos que le golpean. Ya les ha dicho el número secreto. ¿Cómo va a saber el límite de la tarjeta? Trescientos, cuatrocientos dólares, de todos modos no cree que tenga más dinero en el banco. Pero no es algo que le importe al criminal que ahora le pega uno, dos tiros antes de dejar caer su cuerpo sin vida en la calle Tungurahua. Al parecer, tampoco es algo que importe a las autoridades. Sólo la dejadez tolera la delincuencia.
El Telégrafo (Zoom del Ecuador), 18/01/2014

domingo, 12 de enero de 2014

Malecón del Salado


El amor se pasea por el Malecón del Salado, mientras adolescentes e iguanas se besan al sol. Pese al calor y la lluvia, por las faldas de la Universidad Estatal vuelan las flechas de Cupido, y uno corre el riesgo de ser ensartado por un beso futuro. Aunque los jóvenes suelen proteger celosamente a su pareja, y enfrentan la mirada del paseante despreocupado que ose mirar a su hembra. Así, el Malecón del Salado se convierte a ciertas horas en una selva, donde los rugidos o los suspiros hacen volar bandadas de pájaros, y también la imaginación. ¡Ay, quién tuviera veinte años! Es lo que piensan los cuarentones que hacen running en busca de la juventud perdida. Porque correr media hora al día acelera el metabolismo y te protege de la diabetes, de los infartos, de los perjuicios del exceso de grasa. Eso es lo que se repiten los corredores como un mantra: “Adelante, otra vuelta. Todo sea por alargar la vida”. Pero, a veces, al atardecer, cuando uno se siente más cansado, asiste a un momento mágico: una flecha es lanzada por unos ojos lánguidos y, cruzando todo el Estero, va a clavarse en tu propio corazón. Y es que el amor puede ser un buen desengrasante. Por eso el Malecón del Salado empieza a llamarse la ruta del colesterol.
El Telégrafo (Zoom del Ecuador), 11/01/2014

domingo, 5 de enero de 2014

Cenizas


La esperanza del 2014 es la de esos niños que esta semana paraban a coches y transeúntes en las calles para pedirles “para el viejo”. Pero el viejo se quemó fragmentado en miles de monigotes de papel, almidón y pintura con la cara de jugadores de fútbol, políticos y superhéroes que luego cubrieron con ceniza y humo el cielo de Guayaquil. A las once y media, cohetes y fuegos artificiales marcaban los últimos pasos del 2013, que se recostaba en un mar de luz. Toda la ciudad pareció incendiarse a las doce en punto, quemando los malos ratos del pasado para invocar salud, amor, dinero y algún que otro propósito de enmienda. En cada calle ardía la llama de una ilusión o una promesa, y el aire arrastraba olor a pólvora, fuego y humo que envolvía figuras fantasmales, desorientadas de pronto, hasta encontrar nuevamente su lugar, el orden de un tiempo recobrado. Los brindis saludaron el año nuevo y la euforia estalló en cientos de cohetes que volaron como deseos. Luego, poco a poco, mientras la gente volvía a las fiestas y a sus casas, el 2014 empezó a andar, algo asustado quizá por el ruido y la música. Pues el tiempo es un niño ya viejo, hecho de luz y de cenizas.
EL Telégrafo (Zoom del Ecuador), 4/01/2014

domingo, 29 de diciembre de 2013

Olón


En Ecuador, el paraíso puede encontrarse a la puerta de casa. Mucha gente lo busca en estas fechas en la Ruta del Sol, desde Santa Elena a Puerto Cayo. Los que prefieren una fiesta continuada recalan en Salinas y en Montañita, pero, un poco más al norte, la naturaleza se desborda en Olón, que todavía resiste la amenaza de las urbanizaciones y que podría convertirse en un ejemplo del desarrollo sostenible y el Buen Vivir. Porque, por fortuna, Olón conserva tres kilómetros de playa prácticamente virgen, donde desovan las tortugas y las olas arrastran millones de minúsculos crustáceos que se entierran en la arena, bajo tus pies. Mientras caminas desde el Santuario de Blanca Estrella de la Mar hacia La Entrada, el cielo se refleja en el agua que se va adentrando en la tierra, como si quisiera abrazarla. Pero una nube de gaviotas y pelícanos desmiente de pronto esa impresión, conforme se arrojan sobre las redes que los pescadores extienden en la orilla. Reparten el resultado de la jornada: cientos de dorados, trompetas y róbalos que poco después podrás comer en cualquier restaurante. Y qué expresión de orgullo la del joven que vuelve a casa portando una cesta de pescado vivo. Es la satisfacción que uno siente también horas más tarde cuando, desde el jardín del mar, contempla la puesta de sol más bella del Pacífico.
El Telégrafo (Zoom del Ecuador), 28/12/2013

domingo, 22 de diciembre de 2013

Lares


En cada casa ecuatoriana hay un dios familiar que te asienta en el mundo. Lo pienso cuando veo a esos hombres y mujeres de ojos intensos y piel morena cuyos rasgos parecen tallados en una madera dura y noble, de balso o algarrobillo, como la que se utiliza para construir canoas en la Amazonia. Cambian las ocupaciones y los estratos sociales, pero hay algo común que sólo he visto en este país, aunque quizá sea propio de Latinoamérica: una relación especial con la naturaleza; como si la gente fuese consciente de que forma parte de ella, como una prolongación. Y es algo que se ve en la costa y en la sierra, en todas las ciudades, independientemente de su tamaño. Porque hay lares que habitan mares y volcanes, selvas y ríos, y que acogen en su seno edificios y calles. Así me imagino también al propio Ecuador: un lar con la forma de un corazón de tierra, agua, cielo y fuego que se extiende a Las Galápagos. Es una relación física y espiritual, inspiradora: la red que envuelve y conecta a millones de seres vivos. El lar del Ecuador habita en cada uno de sus habitantes.

El Telégrafo (Zoom del Ecuador), 21/12/2013

domingo, 15 de diciembre de 2013

Predicadores


En la plaza del Centenario se ha detenido el tiempo. A media tarde, la gente busca la sombra y dormita sobre los bancos, bajo los árboles. El calor ralentiza las cosas, y los pasos de quienes bordean la Columna de los Próceres se vuelven más pesados y silenciosos. Apenas se escucha un murmullo, sólo roto por los vendedores de agua que nos recuerdan uno de los cuatro elementos que inspiran el trazado del parque, junto con la tierra, el fuego y el aire, como en los bosques de la Grecia clásica. Pero, de pronto, un hombre irrumpe en la tranquilidad con paso presuroso y se planta en mitad de la plaza. Lleva un libro en la mano, una pesada Biblia que abre ostentosamente antes de alzar la voz para predicar su verdad. ¿Será una visión producida por el calor? No. Su voz retumba ahora con las bondades del cielo y los peligros del infierno y, como si acudiesen a su llamada, otros dos hombres se acercan al centro de la plaza portando libros sagrados y recitando pasajes que llaman a nuestra salvación. Miro a mi alrededor para ver cuál es la reacción de los presentes, habitantes ociosos del parque que contemplan plácidamente la vida en este mes de diciembre. Nada parece haber cambiado. Sólo esas palabras que nos hacen viajar a otras plazas y otros lugares donde se escucha la llamada a la oración en idiomas tan viejos como el mundo.
El Telégrafo (Zoom del Ecuador), 14/12/2013

domingo, 8 de diciembre de 2013

Cuento de Navidad


Con casi un mes de adelanto, la Navidad se ha plantado en el Malecón Simón Bolívar de Guayaquil en la forma de un árbol de veinte metros. Resulta curioso ver un abeto artificial en la costa, como también encontrárselo en muchas tiendas, o en los despachos de las oficinas. La Navidad se convierte así en un símbolo, asociado más bien al consumo que a la celebración en familia. Ya hay largas colas para comprar regalos, para almacenar comida y bebida, ese turrón que se derretiría si no fuera por el aire acondicionado. El año se va y nos preparamos para un nuevo nacimiento, quemando a nuestro añejo yo interior en forma de viejo. De esto modo, toda la ciudad se incendiará en la ceremonia de la resurrección y, como el Ave Fénix, si no resurgimos para ser mejores, al menos durante unas horas sí seremos más felices. A mí, hombre serrano, se me hará difícil disfrutar una Navidad calurosa. Pero, aunque sea una vez al año, siempre resulta un consuelo ver a la gente con buena cara. ¿No se podría hacer lo mismo con la ciudad? No sé cuánto costará plantar frente al mar un árbol, pero si uno camina temprano por las calles de Guayaquil se encontrará con mucha basura, suciedad y miseria. Quizá una campaña navideña nos sirva para ser más cívicos, algo más efectivo que un batallón de limpieza. Mister Scrooge, el personaje navideño por excelencia, era un viejo avaro que, después de recibir la visita de tres fantasmas, decide cambiar su vida y erradicar la pobreza. Es el Cuento de Navidad, de Charles Dickens. Ojalá nuestra Navidad sea algo más que un cuento, y sin necesidad de fantasmas.
El Telégrafo (Zoom del Ecuador), 7/12/2013

domingo, 24 de noviembre de 2013

Chimborazo


Viajar por Ecuador es hacerlo por muchos climas y países, pasar del verano al invierno, descubrir que hay páramos como playas, bosques que se transforman en selvas y volcanes que hacen que cielo e infierno se fundan en una sola línea helada en el horizonte. Saliendo por carretera de Guayas en dirección a Riobamba, el paisaje tropical y las plantaciones de banano pronto se convierten en un bosque tupido conforme el clima se templa. La carretera empieza a ascender y, casi sin darte cuenta, alcanzas los tres mil metros de altura, mientras cruzas las estribaciones de la cordillera andina y el frío entra por la ventanilla. Oscurece, y cuando un manto de niebla cubre la carretera uno se pregunta cómo podían circular los vehículos por aquí de noche, antes de que las vías y la excelente señalización marcasen el trayecto. Los camiones se paran junto a los merenderos, al borde de la carretera, y el viaje se convierte entonces en una carrera de obstáculos, sobre todo contra la propia impaciencia, que te insta a adelantar en tramos donde apenas hay visibilidad. Pero lo peor es no poder ver ahora ese paisaje multiforme que respira como un ser vivo, y que te habla de un país tan rico como desconocido, de una naturaleza tan cotidiana como salvaje. Uno ha atravesado ya El Triunfo, Cumandá, Pallatanga, pero cuando empieza a desanimarse y a sentirse atrapado por una absoluta oscuridad, la carretera desciende hacia el valle y una gran sombra protectora emerge en el horizonte. Y una luna llena, como si quisiera mostrarnos su magnitud, baña de luz blanca la silueta del Chimborazo.
El Telégrafo (Zoom del Ecuador), 23/11/2013

sábado, 16 de noviembre de 2013

Mercados


Tiene largas trenzas de pelo negro, que le caen sobre la espalda, una camisa blanca de hilo, una falda negra. Se mueve entre el género con eficacia, y nunca pierde la sonrisa al mostrarte sombreros y zapatos, trajes tradicionales, dominós y máscaras. Lleva la cara limpia de cremas y maquillajes, y es contagiosa su sencilla alegría, la tranquilidad que trasmite, como la certidumbre de ocupar su lugar en el mundo. Una sensación que comparte con las mujeres que mayoritariamente atienden los puestos del mercado artesanal. Todo un contraste con los grandes centros comerciales, donde nada más entrar uno siente un escalofrío, pues la temperatura baja unos diez grados de la temperatura ambiente, un reclamo más para el acalorado consumidor, junto a la música y las ofertas que no admiten regateo. Pero ¿cómo comparar la humildad de las vendedoras del mercado tradicional con la sofisticada eficacia de los dependientes en las tiendas de marca? En los centros comerciales los clientes andan como autómatas, conducidos por la sobreabundancia de productos, ordenados en estanterías y pasillos simétricos, indefectiblemente hacia la caja. Hay quien dice que los centros comerciales representan el ocio del ciudadano actual, más alienado que confuso, y que justifica autoestima y clase social gastando con alegría el dinero. Pero se respira mejor en los mercados tradicionales, donde la sabiduría del comercio es la cultura del trabajo y el sacrificio, el saber ancestral del pueblo. Estos son los templos de la oferta y la demanda, no los mercados de valores donde cotizan nuestras vidas.
El Telégrafo (Zoom del Ecuador), 16/11/2013

domingo, 10 de noviembre de 2013

Sucesos


La prensa sensacionalista tiende al realismo mágico, cuando no a una versión trágico-cómica de la realidad. Titulares del tipo “Apuñaló a mujer y se suicidó con el mismo cuchillo”, responden a una presentación dramática de los acontecimientos, más que al resultado de una actualidad dramática, como si el lector viviese anestesiado, y hubiera que despertarlo con una fuerte dosis de adrenalina. O éste otro: “¡Madre, hijo y comadre, al cementerio!”, que parece un chiste de fantasmas, si no se refiriera a las víctimas de un accidente de tráfico ocurrido esta semana en la carretera que une Quito y Guayaquil. La realidad se asoma a los titulares y a las palabras, que el lector recompone como si se tratase de una crónica negra: “¡Negro Mártir y Cabezón, fuera de circulación!” ¿Se trata del título de un cómic? No. Es una noticia sobre la detención de dos peligrosos delincuentes en la cooperativa Santiaguito Roldós. Algunos medios de comunicación nos ofrecen una realidad exagerada, cuando no deformada y sangrienta, más cercana a la ficción, y que convierten al lector en la última víctima de una actualidad truculenta, una nueva noticia para la portada: “Leyó un periódico y perdió la cabeza”. Pero la realidad del país se encuentra en otros titulares más discretos: “Pareja es hallada sin vida en el norte de Guayaquil; e incluso esperanzadores: “El Gobierno elabora un plan para erradicar la pobreza”. La vida no es una noticia que inventamos.
El Telégrafo (Zoom del Ecuador), 9/11/2013

martes, 29 de octubre de 2013

Costa


Al amanecer, el cielo se confunde con el mar en la línea del horizonte. Casi imperceptiblemente, empiezan a perfilarse algunas sombras: manchas alargadas al principio, poco a poco reconocibles como velas oscurecidas sobre el agua, encendidas luego por los primeros rayos de sol que descubren las figuras de los barcos de pesca, que la noche devuelve a la realidad. Las embarcaciones son arrastradas por la arena penosamente, pero junto al cansancio aparece la alegría de la captura: langostas, camarones y corvinas que son expuestos en mesas de madera como en un altar hecho de sudor y sal: el mar que ofrece su sacrificio a la tierra. Porque cada mañana la costa asiste a una nueva creación cuyo ritmo lo marcan los pescadores, pero su oración tiene más que ver con la suerte, las redes y la paciencia, con la fe en encontrar un gran banco de peces que justifique el orgullo y el consuelo del regreso. En la playa, hay un tufo a pescado y una alegría de gaviotas que se lanzan a por las sobras; son tan grandes como buitres, que escenifican la ceremonia de vida y muerte y vida que se reproduce a diario. ¿Hay algo mejor que un desayuno de conchas, marisco y pescado recién capturados? Las profundas arrugas en la cara y el cuello de los pescadores, las manchas del sol en la piel y las cicatrices de las manos hablan de un oficio tan viejo y tan duro como el mundo. Pero los ojos son como el mar en calma: tranquilos y hondos.
El Telégrafo (Zoom del Ecuador), 26/10/2013