No
sé si en el kit de supervivencia que la Unión Europea recomienda guardar en
casa habrá algún remedio para los ilusos y los ilusionistas. Los primeros
niegan la realidad y entonan un loable no a la guerra como si esa proclamación
pudiera librarles de una catástrofe que no sólo priva del derecho a la vida,
sino del derecho a no matar, como bien saben quienes obligatoriamente son
llamados a filas en los países que no tienen más remedio que defender sus
fronteras. Los segundos –con perdón para los ilusionistas de verdad, magos y
otras artísticas especies- no la niegan, pero la falsean, diciendo que España
cumplirá con el compromiso de rearme europeo sin recortar en gastos sociales. Pues
habrá que recortar de algún sitio o subir los impuestos, aunque se nos niegue
la posibilidad de saber de dónde provienen los ingresos y a qué se destina el
gasto público, ya que no se aprueba en el Parlamento la ley de presupuestos. No
me extraña que la población esté preocupada. Nuestros dirigentes, que parecen
incapaces de llegar a ningún acuerdo en materias tan importantes como la
seguridad nacional e incumplen sistemáticamente las normas del Estado
democrático, son los que tienen que defendernos de dictadores como Vladímir
Putin o Donald Trump, que precisamente desprecian a la Unión Europea por defender
los derechos humanos y a las minorías, la cultura y el Estado social. Pero ser
europeo requiere asumir los compromisos de la UE y no escurrir el bulto. Después
de la pandemia, los fondos Next Generation llegaron como un maná y nos hemos
acostumbrado a que Bruselas pague las facturas para continuar con el
clientelismo político, que es el verdadero lastre de la economía española. Y
sonroja oír que en España no hay una cultura bélica. Venimos de una guerra
civil (que no fue la primera) cuyos ecos todavía resuenan en el Congreso de los
Diputados gracias al postureo de los dos grandes partidos, PSOE y PP, que con
sus actuales líderes no entienden de consensos. Y mientras nuestros políticos
sigan derivando la responsabilidad, otros tomarán las decisiones. ¿Será a eso a
lo que se refiere Pedro Sánchez, cuando habla de ceder soberanía? No nos
imaginamos a los rusos cruzando los Pirineos, pero no tienen que molestarse si
pueden lanzar un ataque híbrido o un misil que quizá acertemos a derribar con
unas cuantas pancartas y un paraguas. Y siempre podremos recurrir al kit, donde
no será necesario incluir una radio analógica con la que seguir oyendo tanta
patochada.
IDEAL (La Cerradura), 30/03/2025