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lunes, 9 de marzo de 2026

Derechos humanos

Pues resulta que el presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, es el único dirigente europeo capaz de plantar cara a Donald Trump entonando el “no a la guerra”, eslogan en el que hay quien sólo ve cálculos electorales, pero que es también una muestra de dignidad personal. Porque la única manera de combatir el extremismo y el fascismo es defender los derechos humanos y el derecho internacional, como ha recordado Baltasar Garzón esta semana en una conferencia en la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Granada. Si todos los países tuvieran claras estas premisas, quizá viéramos al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ante la Corte Penal Internacional, pues él sí ha demostrado que no le importa cargar con el peso de miles de cadáveres por meros cálculos electorales. Pero claro, en un mundo como el que vivimos, hasta tener principios cuesta dinero, y hay 1.600 empresas en Granada que ven peligrar sus exportaciones. “Vamos a cortar las relaciones comerciales con España”, ha amenazado Trump, que quizá no sepa que somos un país de la Unión Europea. La gente se preocupa por las cuentas del día a día, y esta semana hemos visto largas colas en las gasolineras para llenar el depósito del coche antes de que suba más el precio del combustible y a camiones cisterna aprovisionándose en el puerto de Motril, por lo que pueda pasar. Menudo dilema, mantener o no la dignidad. El respeto a los derechos humanos puede ser una máxima personal o política, y también debería tenerse en cuenta al realizar pactos de gobierno a nivel estatal y autonómico, lo que excluiría a formaciones políticas como Vox y Bildu. Hay que ser consecuente y enfrentarse a todos los dictadores, dentro y fuera de tu país. Pero algunos políticos muestran dos caras según por dónde los mires, como las esculturas del dios Jano, una hacia el pasado y otra hacia el futuro, una hacia el bien y otra hacia el mal, si no son cuatro o cinco caras, como les ocurre a muchas personas en cualquier ámbito institucional. Luego están los que muestran siempre la misma máscara enloquecida, como Donald Trump, y lo peor es que haya falsos patriotas que lo aplaudan desde España. El Gobierno y la oposición deberían tener una misma postura en política exterior, y el presidente explicar sus decisiones en el Congreso de los Diputados. Quizá, como Mafalda, muchos ciudadanos gritarían: “¡Paren el mundo, que me quiero bajar!” A pesar de todo, sí creemos en los derechos humanos.

IDEAL (La Cerradura), 8/03/2026

lunes, 22 de septiembre de 2025

Diella

Confieso que desconfiaba de la utilidad de la IA hasta que he leído que en el nuevo gabinete del Gobierno de Albania se ha incluido a una nueva ministra de obras púbicas creada artificialmente. Se llama Diella (“Sol” en albanés), y en sus primeras declaraciones su avatar ha asegurado que “sólo tengo datos, sed de conocimiento y algoritmos dedicados a servir a los ciudadanos de forma imparcial, transparente e incansable”. ¡De los malos ratos que se habría librado Pedro Sánchez si hubiera hecho lo mismo, en vez de nombrar a un tal José Luis Ábalos! Puede que incluso los trenes llegasen a su hora a Granada. Se ve que para emitir certificados electrónicos a ciudadanos y empresas y completar contrataciones públicas sólo se necesita un programa informático y un avatar para dar los discursos. ¿Ocurrirá lo mismo en el resto de los ministerios? En los sueños distópicos de algunos ingenieros informáticos hay graduados en IA al frente de las administraciones públicas, que ya habrían desterrado a los políticos. De hecho, si hubiera sido un programa informático el que hubiera valorado según criterios académicos y técnicos la solicitud de la UGR, ya tendríamos estudiantes matriculados en ese grado en Granada. Pero en las agencias universitarias pasa lo mismo que en los ministerios, que no se valoran solamente los méritos y circulan demasiadas malas influencias. De hecho, el objetivo del Gobierno de Albania es acabar con la corrupción en la administración y las contrataciones públicas. Se ve que, como en España, es difícil encontrar a personas independientes e insobornables. Nos gusta demasiado el mamoneo, y poco que nos digan la verdad. La IA también ha identificado las expresiones más utilizadas por los mentirosos: “Honestamente”; “te lo juro”; “¿por qué debería mentirte?”; “no recuerdo exactamente”; “la verdad sea dicha”; “no es lo que piensas”; “estaba a punto de decírtelo”; “estás exagerando”; “todo el mundo lo hace”, o “siempre me malinterpretas”. ¿Buceamos en la hemeroteca? ¡Ay, la honestidad! Después de todo, vamos a preferir los algoritmos, que saben decirnos lo que queremos, aunque ni nosotros mismos lo sepamos. “No estoy aquí para sustituir a las personas, sino para asistirlas”, aseguró también la nueva ministra virtual albanesa, y que no tiene ambiciones ni intereses personales. ¿Lo diría si fuera de carne y hueso? Aunque tengamos miedo a ser reemplazados, nadie es insustituible, y hay quien piensa que el uso de la IA puede hacernos más humanos. En Albania comentan que por fin hay en el Gobierno alguien inteligente. “Di ella”. Me gusta cómo suena su nombre en español.

IDEAL (La Cerradura), 21/09/2025

lunes, 7 de abril de 2025

Universidades

Como no tenemos suficientes conflictos en el mundo, nuestra clase política los crea artificiosamente en torno a la universidad. Más que preocuparnos por la calidad de la educación, ya sea en instituciones públicas o privadas, creamos dos bandos para polarizar a la opinión pública. Durante el mandato de Juan Manuel Moreno se han creado cuatro universidades privadas en Andalucía, todo un récord que ha sido criticado por los rectores de las universidades públicas andaluzas, que han visto en peligro su financiación. El argumento de la Junta ha sido ampliar la oferta educativa para que los estudiantes andaluces que no pueden acceder a las plazas de las universidades públicas tengan que marcharse a otra comunidad. Pero es un argumento engañoso, pues podría invertirse mucho más en la universidad pública para aumentar el número de plazas. Y es compatible respetar la iniciativa privada con ser rigurosos en los requisitos exigidos para la creación de instituciones universitarias, como pretende el Gobierno de España, pues como ha señalado el rector de la UGR, Pedro Mercado, a las universidades públicas y privadas hay que aplicarles las mismas reglas. Lo importante es la calidad de la educación, que puede encontrarse en el sector público y en el privado. La diferencia estriba en que se trata de un servicio público esencial, por lo que lo lógico es que lo presten las administraciones públicas que tienen su competencia, como es la Comunidad Autónoma Andaluza. ¿Procuramos la prestación de un servicio mejor si autorizamos la creación de centros privados? No necesariamente. Pero sale más barato, pues no tenemos que invertir ni en infraestructuras ni en nóminas y, por supuesto, en el pago de la matrícula, del que ya se harán cargo mamá y papá, que quizá anden desesperados porque sus hijos obtengan un título universitario que resulte útil en la actualidad, como experto en drones. Ese es el debate, si realmente creemos en la educación pública. ¿Es lo que les preocupa al Gobierno de España o al de la Junta de Andalucía? Curiosamente, Pedro Sánchez y Juan Manuel Moreno tienen en común haber obtenido sus títulos en la rama de las ciencias económicas y empresariales en universidades privadas, lo que no sé si habrá influido en sus ideas políticas. Sin embargo, la actual ministra de Hacienda y próxima candidata a la Junta, María Jesús Montero, es licenciada por la pública en Medicina y Cirugía. Uno se queda perplejo. Quizá por eso escribiera Ambrose Bierce que la educación es lo que revela al sabio y oculta al necio su falta de entendimiento.

IDEAL (La Cerradura), 6/04/2025

lunes, 3 de abril de 2023

Afganas

A pesar de vivir en Occidente, hay muchas mujeres que se sienten sometidas, como ocurre en otros países con menos suerte que el nuestro. Lo comentaba esta semana la rectora de la Universidad de Granada, Pilar Aranda, en la presentación del libro “Afganas”, de Javier Ruiz Arévalo. Un libro que explica la terrible realidad que sufren las mujeres de aquel país y cómo nos determina la cultura, que según el lugar donde nacemos nos convierte en seres humanos o en esclavos. Siguiendo la analogía que hace Hofstede entre la cultura y el software de un ordenador, Ruiz Arévalo escribe que la primera sería la programación colectiva de la mente que distingue a un grupo humano. “Es esta programación la que hace que, ante estímulos idénticos, personas pertenecientes a grupos sociales diferentes tengan tendencia a responder de forma también diferente”. Coronel del Ejército de Tierra y doctor en Derecho, Javier Ruiz Arévalo ha viajado y vivido en Afganistán, y no sólo demuestra conocer perfectamente la realidad de la que habla, sino que además la cuenta con una escritura elegante y eficaz, lo que convierte el relato del horror en que viven muchas personas en una lectura amena, pues sus armas son las del buen escritor. Pero es que este libro es además una obra de arte, pues incluye como ilustraciones las acuarelas de Concha Osuna, que se exponen actualmente en la Fundación Euroárabe. Y la pintora ha sabido ponerse en la piel de esas mujeres para que sus expresiones nos sobrecojan y emocionen tanto como el relato del escritor del texto, uniendo simbólicamente la imagen y la palabra. Pues, como Concha Osuna diría, ese horror silencioso es el de muchas mujeres blancas, occidentales, madres que también están tapadas con un burka, aunque este no se vea. Mujeres humilladas por otro tipo de talibanes que viven en España y que se hacen pasar por buenos vecinos, trabajadores y ejemplares padres de familia, pero que tiranizan a sus esposas e hijas hasta que ellas son capaces de despertar de la pesadilla, porque en este país, por fortuna, tienen derechos y libertades que las amparan. Y si uno lee este excelente libro, “Afganas” (Editorial Universidad de Granada), reconocerá roles y situaciones que tenemos mucho más cerca de lo que estamos dispuestos a confesar. Y quizá nos reconozcamos también en los ojos de algunas de las mujeres que nos miran sin miedo desde estas acuarelas, diciéndonos con las palabras de Shukria Barakzai: “Caemos/ Nos rompemos/ Fracasamos/ Pero, a continuación/ Nos levantamos/ Nos recuperamos/ Triunfamos”.

IDEAL (La Cerradura), 2/04/2023

lunes, 31 de octubre de 2022

Artificiales

Elon Musk alerta sobre los riesgos de la inteligencia artificial. “Hasta que la gente no vea a los robots matar a personas por la calle no se entenderán los peligros de la IA. Los robots podrán hacer todo mejor que nosotros”, ha afirmado. Y eso después de presentar a “Optimus”, su robot humanoide, y convertirse en el tuitero jefe. Si no se limita, avisa, dentro de poco los softwares dirigirán la vida en la tierra, o lo que quede de ella, como en “Matrix”. Ése podría ser el escenario de otra guerra mundial. De hecho, Vladimir Putin ya dijo que quien controlase la inteligencia artificial controlaría el mundo. No debe de poder dormir el hombre, con tantos planes y tantos métodos de dominación y aniquilamiento masivo. Tampoco se duerme en Granada, candidata a ser la sede de la Agencia Española de Supervisión de la Inteligencia Artificial, cuando ve cómo se multiplican las candidaturas de otras ciudades españolas: Tenerife, La Rioja, Palma de Mallorca, Alicante, Burgos, Ávila, Santiago de Compostela, Orense, La Coruña, Zaragoza, Gijón, Guadalajara… Que aspiran a recibir los cinco millones de euros que tiene de presupuesto la creación de un organismo que velará por evitar los peligros “que puede traer la inteligencia artificial en campos como la seguridad, la intimidad y la salud de las personas, así como los demás derechos fundamentales”. Menos mal que tenemos a la UGR. La incertidumbre nace de lo que se desconoce, y vivimos en una permanente zozobra por las continuas alertas de seguridad, ya sea por la evolución de la guerra, el coronavirus, el cambio climático o por el uso de nuestras cuentas de correo o el acceso a nuestros dispositivos móviles. Me imagino al ejército de ingenieros rusos intentando desactivarnos digitalmente y borrando todos nuestros avatares y hologramas, todas las fotografías, audios y mensajes de WhatsApp, que se ha caído esta semana para desesperación de miles de personas. ¿Podríamos vivir? Desde luego, quién sabe sin mejor o peor, enfrentados al silencio o la música de nosotros mismos. El concepto inteligencia artificial parece un oxímoron, sobre todo si las máquinas o sistemas deben imitar la conducta humana, que suele ser contradictoria. ¿Es inteligente Vladimir Putin? ¿Es artificial? Lo que lleva a una persona a tomar determinadas decisiones con frecuencia no tiene nada que ver con la lógica, sino con pulsiones autodestructivas que, dependiendo de la influencia del sujeto, no sólo afectan a quien está más cerca, sino que lamentablemente pueden tener un alcance global. Los androides quizá sueñen con humanos eléctricos.

IDEAL (La Cerradura), 30/10/2022

miércoles, 19 de octubre de 2022

Abrigos

Se acerca el invierno y, mientras el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anuncia la ampliación del bono social eléctrico y ayudas a las comunidades de vecinos para que puedan poner la calefacción, las instituciones públicas avisan de medidas para aplicar el decreto de ahorro energético. “Vamos a abrigarnos” ha anunciado la rectora de la Universidad de Granada, Pilar Aranda, que comunica la prohibición del uso de estufas y calefactores en despachos y aulas. La crisis de precios provocada por la invasión de Rusia a Ucrania cambia los discursos políticos y nuestras costumbres, aunque no será para tanto, si podemos poner los radiadores a diecinueve grados. En realidad, desde la pandemia del coronavirus ya íbamos bastante abrigados a las clases, con las ventanas abiertas lloviera o tronara. Y yo me acordaba de la película “El club de los poetas muertos”, en la que John Keating (Robin Williams) enseñaba literatura en el campo de fútbol, donde los alumnos leían un verso antes de golpear el balón. “En mi clase aprenderán a pensar por ustedes mismos. Aprenderán a saborear la palabra y el lenguaje. Porque, a pesar de lo que les digan, la palabra y las ideas pueden cambiar el mundo”. La película está llena de frases para repetir en las aulas: “No leemos y escribimos poesía porque es bonita. Leemos y escribimos poesía porque pertenecemos a la raza humana. Y la raza humana está llena de pasión. La medicina, el derecho, los negocios y la ingeniería son carreras nobles y necesarias para la vida. Pero la poesía, la belleza, el romanticismo, el amor… son las cosas que nos mantienen vivos”. Cómo abrigan algunas palabras en un mundo que parece catastrófico. Sin embargo, estamos mejor que nunca. Antes, la gente se las apañaba sin sanidad, sin servicios públicos, sin Estado. Hoy, es raro encontrar una actividad en la que no haya implicada alguna de las administraciones territoriales que, según el color político, parecen competir entre sí para estar más cerca de los ciudadanos, aunque sólo sea para subirles o bajarles los impuestos. Según los Presupuestos de 2023, el Estado transferirá más de 134.000 millones de euros a las comunidades autónomas para que sigan prestando los servicios que son más sensibles para los ciudadanos: sanidad, educación y servicios sociales. Eso en un país en el que dentro de quince años uno de cada tres hogares será de alguien que vive solo. ¿Aprenderemos a vivir con nosotros mismos? A falta de calefacción, habrá que buscar un Keating o un buen libro para abrigarse.

IDEAL (La Cerradura), 16/10/2022

lunes, 19 de octubre de 2020

Ocio y cultura

La decisión de la Junta de Andalucía de cerrar la UGR mientras continúan abiertos pubs y discotecas ilustra bien la escala de valores de nuestros políticos, que para evitar los desmadres de los jóvenes han decidido darles diez días de vacaciones. ¡Viva el botellón! Porque se ve que los contagios se producen en las aulas y no en los locales de ocio, cuando la realidad es la contraria. En las aulas los alumnos cumplen estrictamente las medidas de higiene y los protocolos de seguridad, pero algunos, cuando salen, no lo hacen, como pudieron apreciar el pasado fin de semana los espectadores de toda España, atónitos con el espectáculo de la calle Ganivet. ¿Se ha sancionado a los locales que permiten que sus clientes beban en la calle? ¿Se multó a las personas que no llevaban mascarilla, muchas de ellas turistas? Los “trending topic” y no criterios científicos parecen fundamentar hoy las decisiones políticas, y claro, hay que cuidar la hostelería, que es la primera industria granadina, cuando debería serlo la UGR, que es donde se educa en el estudio y el trabajo, en utilizar las neuronas y no destruirlas. Pero se nota el estropicio cultural en los que se han apresurado a acuñar el eslogan “bares sí, universidad no”, que como la mayoría de los eslóganes simplifica la cuestión. Hay pocas cosas mejores que alargar la sobremesa o adentrarse en la madrugada conversando entre amigos en un buen restaurante o taberna, que pueden ser también universidades del saber estar. Pero el ocio que se prima en Granada es tan efímero como el paso de esos turistas que atestan un rato el Paseo de los tristes y luego dan la nota en el centro, toreando a los coches o a la policía. Y ya no es tan fácil trabajar en el aula o en el despacho y luego alternar un rato en bares como La Tertulia o El Bohemia y restaurantes como El Sevilla, cuyas barras y mesas han sido verdaderas aulas, y donde podías ver a poetas como Javier Egea escribiendo en servilletas. No es, sin embargo, lo que se estila ahora. ¿Hay que cerrar la UGR para no tener que cerrar la ciudad? Ése es un argumento tan pobre que sólo demuestra impotencia, cuando no incompetencia. Si algún día cerrase de verdad la UGR, entonces sí que tendría que cerrarse Granada, que no se entiende sin su universidad y tampoco sin sus bares, donde se han prolongado (y no siempre terminado) las conversaciones iniciadas en las aulas.

IDEAL (La Cerradura), 18/10/2020

domingo, 29 de abril de 2018

Crónica negra


Dentro de la crónica de sucesos que tan bien sabe relatar José Ramón Villalba en las páginas de IDEAL, me ha llamado la atención la historia del joven Adrián, cuyo cadáver apareció entre cartones en una planta de reciclaje del camino de Purchil. Inmigrante de origen rumano, del pueblo de Nufaru, no se sabe si se metió a pasar la noche en un contenedor de cartones o su cuerpo fue arrojado allí. En la foto que acompañaba a la noticia podemos ver a un chaval con una sonrisa y una mirada esperanzada, de buena gente, que confía en un futuro mejor. Ese mismo día IDEAL publicaba también que bandas de croatas han vuelto a la ciudad y que la policía les atribuye numerosos robos en viviendas, algo que crea alarma social y miedo al bárbaro. Las opiniones sobre la inmigración están cargadas de prejuicios, pero la actualidad española nos da ejemplos todos los días de que cada persona guarda un ángel y un demonio en su interior. ¿Quién iba a suponer que la expresidenta de la Comunidad de Madrid fuera una cleptómana? Y el caso es que ha tenido que dimitir no por meter la mano en las arcas públicas, como algunos compañeros de su partido, sino en la estantería de un supermercado. Las informaciones periodísticas hablan de tramas conspiratorias dentro del PP madrileño, y ya parece haber pasado a un segundo plano que la expresidenta sufriera también titulitis aguda. ¿Qué es peor, que te den un título por la cara o hurtar cremas de veinte euros para la cara? A algunos les cuestan lo mismo, aunque por suerte no tienen que llegar al extremo de envolverse en cartones para pasar la noche, como el joven Adrián. Los medios de comunicación españoles actúan a veces como trituradoras de la imagen pública, y hay perfiles en Twitter que parecen necrófagos. A menudo la información nos confunde, pero resulta lamentable que lo hagan las instituciones universitarias. Por eso ha hecho muy bien el decanato de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad de Granada en cancelar la conferencia que llevaba por título “En defensa de Stalin”. ¿De un dictador genocida? Lo más lamentable es que pueda verse una pancarta con la efigie de Stalin en los patios de la facultad, sin que a nadie se le caiga la cara de vergüenza, como da vergüenza que estudiantes de ciencias políticas no entiendan que Stalin representa lo mismo que el fascismo. Qué bueno sería vivir entre gente culta y bienintencionada. Venga de donde venga.
IDEAL (La Cerradura), 29/04/2018