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lunes, 26 de enero de 2026

Trenes

Los trenes de la política van demasiado rápido, no se hacen planes a largo plazo, como mucho a una legislatura, dos los más optimistas, pues los objetivos los marca el calendario electoral. Pero en las cuestiones básicas, como el modelo de Estado, las infraestructuras y el funcionamiento de los servicios públicos siempre debería haber acuerdo entre los grandes partidos, y que no nos resulte sorprendente que exista una actuación coordinada entre el gobierno central y la Junta de Andalucía y ver en una misma foto al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, al presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, y al ministro de Transportes, Óscar Puente. No tendría que hacer falta una tragedia ferroviaria como la de Adamuz para que esto ocurra, y a los ciudadanos les gustaría que esta fuera la tónica habitual en la política española en vez de la crispación. Pero se agradece la actuación de los servicios de emergencias y que los responsables públicos estuvieran en la zona cero del accidente. Luego vendrá el análisis del estado de las vías y que se asuma la responsabilidad, pues la red de ferrocarril debería estar en perfectas condiciones y no es el caso, como han denunciado los maquinistas en una semana en la que también ha habido accidentes en Cataluña y Asturias. ¿Una coincidencia? Por ahora no hay demasiados reproches públicos. ¿Seguirá la tregua entre las administraciones? Ante la incertidumbre y vulnerabilidad que despiertan las tragedias entre la población, se necesita que las autoridades transmitan seguridad y tranquilidad. La solidaridad entre los líderes políticos y las administraciones territoriales podría ser la norma, en vez de la excepción. Viajar en tren ofrece la posibilidad de contemplar el paisaje en el sentido de la marcha u observar cómo se aleja, dependiendo del asiento que elijamos, como si reflexionáramos sobre el futuro y el pasado al mismo tiempo. Vamos mirando el paisaje por la ventanilla y vemos el reflejo de nuestra cara, como si estuviéramos fuera y dentro, como si pudiéramos vernos desde el exterior y analizar nuestro papel de viajero. Lamentablemente, la vida también puede depender de esa elección, de subirnos al tren o no, de dejar que pase y esperar al siguiente, de que haya algún retraso, y puede haber luz u oscuridad al final del túnel. Pero la gestión política no es una cuestión de azar. Si en el tren del Estado no se suben las principales instituciones llegará a una vía muerta. Dejen los intereses privados en el andén. En ese tren sólo cabe el interés público.

IDEAL (La Cerradura), 25/01/2026

lunes, 8 de abril de 2024

Insultos

Lo último que le faltaba al Gobierno es señalar a los medios de comunicación y los periodistas críticos con el presidente o sus ministros, como Óscar Puente. La publicación de listas negras nos recuerda otras prácticas siniestras que han sido comunes en el País Vasco, donde medios afines a ETA señalaban los objetivos a la banda terrorista. No es lo mismo, pero se parece. Quizá ahora baste con el acoso o un escrache. Resulta deprimente comprobar cómo la nueva política se torna bastante vieja, hasta el punto de que haya quien diga que no le extrañaría que en España hubiera otra guerra civil. Vade retro. Los límites de la libertad de expresión están en el delito de injuria, dice el Tribunal Constitucional, y la libertad de crítica es más amplia cuando se trata de responsables públicos. El problema de restar credibilidad al poder judicial es que luego no se confía en la justicia para restaurar el honor o la dignidad personal, si es que nos queda. Pero, puestos a otorgar confianza, mejor depositarla en los profesionales del derecho, que conocen las libertades fundamentales. Algo que no ocurre en el Parlamento, al parecer, pues lo habitual es un cruce de acusaciones, reproches e insultos que a sus señorías les molesta ver en los medios de comunicación, pero no en el hemiciclo, donde amparados por la inviolabilidad se sienten legitimados para dar rienda suelta a los instintos más primarios. En ese contexto, no sorprende que el insulto sea también la práctica habitual en los campos de fútbol, que ya se parecen bastante al Congreso. España no es un país racista, nos dicen, pero a Vinicius le llaman “mono”, como al jugador argentino Marcos Acuña, y “gitano” a su entrenador, Quique Sánchez Flores, y “negro de mierda” al portero Cheikh Sarr, sancionado por encararse con el espectador que lo insultó. Y si se publica en IDEAL que la base de Armilla podría acoger un campamento para mil inmigrantes, la noticia se convierte en la más comentada. “¿No éramos ya muchos?”, dicen. “¿Mil personas deambulando por Armilla, las Gabias y Alhendín?” Por si acaso, el Ayuntamiento de Alhendín se ha apresurado a paralizar las obras. Y en los plenos de otro Ayuntamiento, el de Maracena, eran comunes los insultos y las declaraciones homófobas del concejal de Vox, lo que ha propiciado entre otros motivos una moción de censura. Quizá también deambulemos, como hacen el Gobierno y parte de nuestros políticos. En España, el insulto suele ser el objetivo de cualquier debate. Prediquen con el ejemplo.

IDEAL (La Cerradura), 7/04/2024

lunes, 2 de octubre de 2023

Convivencia

Si hubiera acuerdo sobre un par de cuestiones básicas, España sería mucho más agradable, y quizá escalase puestos en esas encuestas sobre la felicidad que tanto gustan en los países presuntamente desarrollados. Habría que empezar por el Congreso, donde nuestros diputados, más allá del reglamento, deberían cumplir unas reglas de educación mínimas, evitando los insultos y las pataletas, que no se admiten ni en las guarderías. “Esto no es un patio de colegio”, ha gritado esta semana la presidenta, Francina Armengol, en la fallida sesión de investidura de Alberto Núñez Feijóo, al que no se ha dignado a replicar Pedro Sánchez. Nos quejamos del infantilismo de la sociedad, pero qué decir de nuestras señorías, que se apodan a sí mismas y se comportan como jabalíes, de lo que ha ejercido al parecer el designado portavoz del PSOE, Óscar Puente, si atendemos a la prensa. ¿Tendrán que aprobar (si son capaces de llegar a un acuerdo) una ley específica para regir su comportamiento, como la que acaba de entrar en vigor sobre el maltrato animal? El maltrato es más bien social, una zafiedad y una pobreza intelectual que irradia el parlamento e irresponsablemente transmiten los medios de comunicación, donde el análisis reposado está siendo sustituido por la opinión sectaria, las noticias por el sensacionalismo, y donde cada vez es más difícil encontrar una información meramente objetiva. Esa mala baba inunda las ediciones digitales y las ondas desde por la mañana temprano, por lo que no es de extrañar que la gente tienda a taparse los oídos, a que crezca el porcentaje de abstención en las elecciones, a que para informarse dejen de lado los medios tradicionales para acudir a otras plataformas que, en un círculo vicioso, fomentan la ignorancia y el populismo. Es lo que ocurre cuando las instituciones no cumplen su función ni los que antes llamábamos responsables públicos. ¿A qué han acudido los diputados al Congreso esta semana? ¿Ése es el respeto que tienen por las instituciones democráticas, por los ciudadanos a los que representan y por sí mismos? Visto lo visto, efectivamente tendría que haber unas nuevas elecciones. Pero dada la incapacidad mostrada, si quedara un poco de dignidad en los partidos ningún candidato debería repetir en otra convocatoria. Y tampoco los diputados, que no tienen libertad para votar y ni siquiera para decir lo que piensan. Ustedes no cumplen con la voluntad popular ni con la de las bases. Así que dedíquense a otra cosa. No hacen faltan indultos ni amnistías. Hagan listas nuevas.

IDEAL (La Cerradura), 1/10/2023