lunes, 21 de septiembre de 2026

Luchadores

Las noticias sobre peleas callejeras en el barrio de Almanjáyar me recuerdan a la película “El luchador”, donde Charles Bronson apuesta por sí mismo en combates de boxeo, como al parecer ocurre también en Granada. “¡Apuesto por el negro! ¡Apuesto por el moro!”, gritan en las calles del Distrito Norte, donde se ve que no les preocupa el lenguaje inclusivo, sino encajar bien los golpes. A falta de un circo romano, los clanes de la droga organizan peleas a muerte a las que acuden como público menores de edad. Entre riñas, carreras de coches y pedradas a los autobuses, los chavales están bastante entretenidos y alejados de las pantallas. Seguro que no salen en el informe PISA. Los combatientes son toxicómanos o indigentes, que están dispuestos a matarse por veinte euros. “¡Lucha la pelea!”, les gritan. Uno de ellos, de hecho, ha muerto, y su agresor llevado a prisión, según informaba Laura Velasco esta semana en IDEAL. Los vecinos pacíficos piden más vigilancia, pero la Policía Nacional puede hacer poco frente a los clanes que gobiernan Almanjáyar como si se tratase de otro mundo que linda con Pulianas, Jun y Alfacar. En una época en la que se habla tanto de distopías, los problemas sociales en los barrios marginales siguen siendo los mismos, no sólo en Granada. Las Palmeras, en Córdoba, El Puche en Almería, Palma Palmilla, en Málaga o Las 3.000 viviendas, en Sevilla, son otros ejemplos. Tienen en común la inseguridad, el tráfico de drogas y el desempleo, sin que las administraciones les pongan remedio. Como en Almanjáyar, los vecinos sufren la violencia, los cortes de electricidad, que sólo parece haber para los cultivos ilegales de marihuana. ¿Quién manda, los clanes o la policía? El fracaso escolar, la pobreza, la violencia y la exclusión social son la realidad del barrio, donde hay muchos trabajadores que son los verdaderos luchadores y que sólo tratan de mantener a sus familias. “Estos hechos no representan al Distrito Norte ni a la inmensa mayoría de las personas que vivimos aquí. No podemos permitir que una tragedia vuelva a alimentar los estereotipos negativos que durante tantos años han acompañado injustamente a nuestros barrios”, ha recordado Ángel Rubio, presidente de la Asociación de vecinos Las cruces de Almanjáyar. Pero llevamos décadas sin atender a las reclamaciones de los vecinos. No sé si será suficiente con aumentar el número de “zetas”. Independientemente de la nacionalidad, sigue habiendo ciudadanos de primera y de segunda. Una vieja herida en una ciudad que presume de capital de la cultura.

IDEAL (La Cerradura), 20/09/2026

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