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lunes, 20 de abril de 2026

Selvas

Las ciudades reproducen a pequeña escala lo que ocurre en el mundo, y esta semana en Granada hemos leído en IDEAL noticias sobre disparos, hachazos, pedradas y otras formas de violencia en nuestras calles. La causa puede ser un vecino trastornado o que odia a los niños de un colegio, pero también la marginalidad, que convierte a barrios enteros en un páramo educativo y cultural. Es lo que al parecer ocurre en Almanjáyar, donde habitan personas que como Trump quieren imponer la ley de la selva. No tiran cohetes porque no tienen, pero sí piedras o perdigones cuando pasan los autobuses. La policía ha tenido que tomar medidas de seguridad para la línea 8, y quizá veamos pronto a los vehículos viajar escoltados, como si protegieran de un atentado el coche presidencial. ¿Habrá en la zona Norte algún Harvey Oswald obsesionado con John F. Kennedy? En la novela “Libra”, Don DeLillo imagina al asesino como un niño problemático que con el tiempo se verá envuelto en una conspiración internacional. Los conflictos interiores pueden confluir con los exteriores y con la actualidad política, pero lo raro es que esa marginalidad no haya cambiado en la zona Norte en medio siglo, y que un lugar que deriva del andalusí “llano de los jeques o de los maestros”, sea más conocido por lo que hacen unos cuantos cafres. Siempre me ha llamado la atención la preocupación de nuestros dirigentes por proyectar una gran imagen exterior y olvidarse de lo más cercano. La reputación de una ciudad empieza por la limpieza de todas sus calles y parques, por la comodidad de sus accesos, por poder pasear con tranquilidad y utilizar el transporte público sin que el centro sea una feria turística permanente y los barrios, los lugares más emblemáticos y el patrimonio histórico languidezcan. Luego nos preocuparemos por ser la capital del mundo. La cultura de Granada muere de inanición en locales como La Tertulia, mientras los pequeños bárbaros de Almanjáyar han cambiado las canicas por tirachinas telescópicos y carabinas.  Javier Egea, que lamentablemente se quitó la vida con una escopeta y frecuentó los arrabales tertulianos, escribió: “Entre cuatro paredes/ comenzaba la noche del asedio/. Ellos, los asesinos,/ alentaban la larga collera de los perros./ El hambre por las sábanas/ se agazapaba oscura como un cepo./Ellos, los asesinos,/ nos pusieron el pan sobre unos ojos bellos./ Fuimos muriendo todos/ hasta que todo se volvió desierto./Ellos, los asesinos,/vigilaban la caza del amor en silencio.” Qué bueno sería que en nuestras calles sólo nos dedicáramos a cazar buenos versos.

IDEAL (La Cerradura), 19/04/2026

lunes, 5 de mayo de 2025

Luz

Que días después de un apagón que nos devolvió durante unas horas a la Edad Media no sepamos todavía las causas del siniestro resulta inexplicable. Como que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, no descarte un ciberataque y que lo desmienta Red Eléctrica Española. Las empresas no saben por qué saltaron los plomos en la península ibérica. O, si lo saben, lo callan. Cree solo la mitad de lo que ves y nada de lo que oyes, decía el sabio. Y la gente se lanzó a las tiendas para comprar radios a pilas y velas, mientras se improvisaban las reuniones alrededor del vecino que tenía un transistor. Volvemos a la época analógica y nos tomamos en serio las recomendaciones de Úrsula von der Leyen. ¿Estamos preparados para el próximo cataclismo? Pero, para algunas personas, la jornada del apagón fue un día normal. En los centros de salud de los barrios de Almanjáyar o Cartuja, y en muchas casas del distrito norte de Granada, donde los cortes de luz son habituales. También en otros barrios marginales de tantas ciudades de España donde se usan generadores para la producción de energía eléctrica. Y empieza a ser común que se utilicen placas solares para el autoabastecimiento, desconectadas de la red. Se trata de algo más que desconfianza en un mercado de energía especulativo y abusivo. Me imagino que a eso se debe la desaparición de 15 gigavatios de la red eléctrica y el colapso y la desconexión del sistema. Faltó generar la suficiente energía para cubrir la demanda en un día en que cinco de los grupos nucleares estaban desconectados. Y ni los molinos de viento ni las plantas fotovoltaicas pudieron compensar esa carencia. ¡Con Franco no pasaba esto!, decían los de siempre en las redes sociales. Y quizá echaban de menos también los embalses, las centrales térmicas y nucleares que nos hemos apresurado a destruir para convertirnos en un país verde, aunque pretender que toda la energía sea renovable parece una quimera. ¿De qué se va a alimentar la inteligencia artificial? ¿De plantas de embriones humanos clonados y transformados en pilas, como ocurría en “Matrix”? En este mundo de perfección tecnológica y donde todos nuestros datos están en la nube, somos más frágiles que nunca. Pero, a falta de móvil, algunos redescubrieron la alegría de pasar una tarde en familia ante un juego de mesa iluminado por velas. Quizá nos baste con esto en medio de la oscuridad. Y que, como Goethe, pidamos: “¡Luz, más luz!” Nos gustaría ver más claro.

IDEAL (La Cerradura), 4/05/2025

lunes, 2 de diciembre de 2019

La noria


Después de bolas y caballos, escaleras mecánicas, ascensores y teleféricos, Granada ha encontrado por fin su símbolo: una noria. Por cinco euros, puedes contemplar en su esplendor la Alhambra y Sierra Nevada, divagar, girar sobre ti mismo, marearte y bajarte en el paseo del Salón, plataforma de una ciudad turística, siempre en feria. ¿Servirá la subida del IBI para pagar ese chirimbolo o el globo luminoso bajo el que la gente pasea en Puerta Real? Casi 300 millones de deuda municipal no son nada si convertimos la ciudad en el destino preferido en las Navidades y los ciudadanos pueden soñar un poco entre el cielo y el suelo. “Es el vuelo el mal de Granada”, le decía Federico García Lorca a Manuel de Falla o Manuel de Falla a Federico García Lorca. Con la factura de luz y columpios se podrían pagar muchos menús navideños, servicios sociales, los recibos aplazados de los proveedores, las deudas financieras, incluso terminar con los apagones de los barrios de la zona Norte, demasiado alejados del parque temático navideño. Porque si no tuviéramos la sierra, quizá hubiéramos hecho que nevara artificialmente. “Que tiemblen Málaga, Vigo y Madrid porque Granada va a estar en el mapa de las ciudades más potentes en alumbrado de Navidad”, nos cuentan desde el Ayuntamiento; pero más temblarán los vecinos de Almanjáyar cuando en la oscuridad de sus casas no puedan verse las caras. Lo curioso es que los dos partidos del gobierno municipal van cada uno por su cuenta, gestionando cada área como les parece, sin ningún proyecto de ciudad, salvo luces y norias. Y lo peor es que la política estatal va por el mismo camino, aunque no sé si erigirán un artefacto semejante en el Palacio de la Moncloa para mayor gloria de su inquilino, al que le gusta volar. Porque se teme que haya también dos gobiernos en uno con Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, y que en el tira y afloja entre estos dos gallos políticos se fragmente la parte catalana de España, que tal vez se hunda en el mar de la independencia. De chico, me subí una vez en una noria. Me pareció admirable el paisaje que contemplé desde el punto más alto del recorrido, cuando el aparato se inmovilizó durante unos minutos. Me gustó esa nueva perspectiva del mundo, que no había cambiado sin embargo al bajar. La política también es una noria, aunque, lamentablemente, los que se suben en ella no suelen volver nunca a poner los pies en la tierra. Menudo imán.
IDEAL (La Cerradura), 2/12/2019

domingo, 7 de febrero de 2016

¿En serio?

Mientras escuchamos a Pedro Sánchez o a Carles Puigdemont afirmar que van “en serio” -el uno para formar gobierno en España, y el otro para independizarse de ella-, la realidad de nuestras ciudades es la del barrio norte de Granada, donde los vecinos deben soportar las caídas de tensión en la red eléctrica por las plantaciones domésticas de los traficantes de marihuana o los cortes de luz de la propia compañía, que los achaca a los enganches ilegales, según informaba José Ramón Villalba en IDEAL esta semana. La noticia me recuerda a una comedia que vi hace poco, “El jardín de la alegría”, donde una viuda arruinada por un difunto marido corrupto decide plantar cannabis sativa en un invernadero para escapar de la pobreza. Y la cosa tendría su gracia si no fuera porque es lo que tienen que hacer para sobrevivir algunas familias en Almanjáyar, un barrio donde no se atreve a entrar la policía si no es para proteger a los trabajadores de Endesa que van a retirar los cables. De esa gente suelen decirse frases como: “Son unos chorizos”; “harían lo mismo si tuvieran dinero”; “no tienen educación”; o “no saben vivir de otra forma”. Es algo impresionante. Como que el Ayuntamiento de Granada, la Diputación y la Junta de Andalucía hablen de medidas económicas para luchar contra el paro cuando consienten que exista un gueto en Granada. Esa ciudad cultural, patrimonial y turística que promocionan conjuntamente en Fitur, donde podrían haber llevado una nueva campaña: “Almanjáyar, para que vivas una aventura marginal”. Incluso TG7 sería capaz de poner en marcha un programa del tipo Supervivientes, en el que podrían participar ilustres concursantes del PP granadino o valenciano, por eso de la afinidad cultural y política. Y si a ellos les sumas una Pantoja y otros personajes de la farándula con experiencia como investigados o directamente como internos en instituciones penitenciarias, el éxito está asegurado. Porque de ellos también se dice que “son unos chorizos”; “no saben vivir de otra forma”, etc.; como si fueran personas que viven marginadas en muchas ciudades de España. Pero menos mal que nuestros políticos van “en serio”. Ahora que la Diputación ha creado la figura del Defensor del Parado, podríamos aprovechar para modificar los estatutos de los defensores del pueblo que hay multiplicados en todos los niveles de la Administración pública para que nos protejan de las iniciativas de esos mismos políticos convencidos de que su profesión es un enganche legal al dinero. En serio se lo digo.

IDEAL (La Cerradura), 7/02/2016