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lunes, 17 de abril de 2023

Renta

En el plazo de hacer la declaración de la renta, es también el momento de quejarnos sobre los impuestos que pagamos, sobre todo si el resultado es a ingresar y no a devolver. Entonces nos acordamos del Gobierno y de su familia, y echamos cuentas sobre lo que se ha gastado en cargos de libre designación, aunque de reojo miremos en nuestra cuenta corriente para ver los movimientos sobre restauración (que no de obras de arte) y en compras varias, que quizá coincidan con el Black Friday o los días de oro o con casi todos los días, según el nuevo calendario andaluz de los centros comerciales, que si no abren los domingos en tu propia casa debe ser por puro milagro. No es tiempo de acordarse de la sanidad, por supuesto, ni de otros servicios públicos esenciales, que deben financiarse quizá con el amor al arte, aunque éste sea un mercado en el que también abunde el fraude y la especulación. El mensaje sobre las señoras (y los señores, claro) que pagan demasiados impuestos es el de los economistas que no creen en los servicios públicos, y por economistas me refiero a los que piensan solamente en su propio bolsillo, lo que no tiene nada que ver con la capacidad económica de los ciudadanos. ¿Por qué ha cambiado su sede social Ferrovial a Países Bajos? Pues porque va a pagar menos impuestos, y da igual que esto lo decida Agamenón o su porquero. Hasta que la Unión Europea no establezca la misma imposición para las sociedades, las empresas correrán de un país a otro para tributar menos, diga lo que diga el presidente del Gobierno o el del consejo de administración de turno, incluidos todos los accionistas, que por cierto seguirán tributando en España por sus dividendos si son personas físicas, independientemente de dónde tenga la sede la empresa en cuestión, sea en los Países Bajos o en cualquier otro. Y quizá habría que explicar estas cuestiones a nivel político en vez de insistir en la demagogia. Contarles a los ciudadanos adónde van destinados los ingresos de sus tributos, pues si se trata de la sanidad, la educación y otros servicios esenciales, pondrán hasta mejor cara cuando se retraten al hacer su declaración del IRPF. ¡Qué alegría contribuir al sostenimiento de los gastos públicos si tenemos buenos gobernantes que además son buenos gestores! La política y la ideología se simplifican si nos fijamos a qué se destinan los ingresos tributarios. Otro criterio para decidir a quién votar en las próximas elecciones.

IDEAL (La Cerradura), 16/04/2023

lunes, 6 de marzo de 2023

Amnesia

Olvidada la pandemia, volvemos a las andadas. Ya no llevamos mascarillas ni aplaudimos a los sanitarios y, según la comunidad autónoma, nos dedicamos a desmontar la sanidad pública, que valorábamos tanto y ahora volvemos a despreciar. Ya no tenemos propósitos de enmienda, y parece haberse apropiado de la sociedad un indolente carpe diem que no mira al futuro, sino que se aferra al instante. Pero es un momento insustancial, de una euforia vacía a nivel político, con mascaradas en forma de moción de censura, una ópera bufa planeada para las elecciones locales y autonómicas. Sólo si nos vemos al borde de la muerte somos capaces de arrimar el hombro y remar para el mismo sitio. Pero si el peligro desaparece nos preocupamos sólo de lo nuestro. Tenemos maestros entre los corruptos, ese mal endémico no de la política española, sino de los políticos con conciencia de clase, que son aquellos que acceden a la política no por vocación de servicio público, sino para medrar y enriquecerse. ¿Cuántos personajes como Antonio Navarro Tacoronte o Juan Bernardo Fuentes habrá en el Parlamento? ¿Cuántos considerarán la política como un medio para conseguir contratos públicos y ayudas europeas? Lo peor es el retrato de crápulas y puteros de la historia más negra de España. La trama de corrupción tiene como protagonistas a un diputado nacional, al director general de un gobierno autonómico y a un general de la Guardia Civil, dicen los investigadores del caso “Mediador”, como si dieran el reparto de una novela de Manuel Vázquez Montalbán. Por no hablar de los empresarios que mendigaban sus favores. Migajas y detritus de la política española. El verdadero dinero está en otra parte, en Países Bajos, adonde se va Ferrovial, aunque haya obtenido 9.000 millones de euros desde el año 1991 por adjudicaciones de obras públicas del Ministerio de Fomento. Una multinacional que en la última década sólo ha contribuido por el Impuesto sobre Sociedades en tres años: 2014, 2018 y 2019; los demás ha declarado pérdidas. ¿Se podrían dar en el Congreso de los Diputados seminarios sobre ingeniería financiera? Serían útiles para que sus señorías aprendiesen a legislar para evitar la elusión fiscal y para que, puestos a corromperse, lo hagan con cierta elegancia, enardeciendo a la junta de accionistas. Sin embargo, los que trabajan ahora son los mismos que trabajaban durante la pandemia: los sanitarios y otros profesionales tan denostados que mantuvieron las cadenas de suministros. La sociedad se sobrepone a los virus y a la corrupción. Aunque sólo sea olvidando.

IDEAL (La Cerradura), 5/03/2023