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lunes, 14 de diciembre de 2020

Números

En una semana en la que las administraciones territoriales discuten sobre la llegada de 200 inmigrantes (¿ilegales?, ¿legales?, ¿se puede decir esto de un ser humano?) a la península, el Instituto Nacional de Estadística (INE), suma 18.577 muertos más por la pandemia de la Covid-19. 45.684 fallecidos en la primera ola frente a los 27.127 que contabilizaba el Gobierno, según informaba Melchor Sáiz-Pardo en este diario. ¿Meros datos estadísticos? Cada una de las personas que engrosa estos recuentos tiene o tenía una vida o aspiraba a tenerla. ¿Sabemos lo que les ocurría? ¿Sabemos lo que les ocurre? La única realidad es la que marca el día a día, y para las gobiernos nacionales, autonómicos y locales y los partidos políticos que los sostienen parece que es más importante contar bien a aquellos que se fueron. De los que llegan nadie sabe nada: ni el Ministerio del Interior, ni la Junta de Andalucía ni el alcalde de Granada, que sigue atrapando moscas. “Que viene, que viene”, le avisan sus asesores. “¿Quién? ¿Otro inmigrante?”, pregunta el edil. Y en esto que llega Sebastián Pérez y le da una colleja exclamando: “¡Dos más dos son cuatro!” Esas cosas que se hacían en el colegio. Pero nadie sabe a ciencia cierta quiénes eran los inmigrantes que han llegado a Granada. A mí lo que me admira es que tuvieran dinero para coger un autobús o incluso un taxi desde el aeropuerto, según informan las crónicas. Quizá vinieran de Abu Dabi con el Rey emérito, que les pagó el transporte para volver a España de incógnito con ellos. ¿Cuántos inmigrantes sin papeles son necesarios para que un rey regularice sus papeles? Pues se ve que 678.393 euros. El caso es que los números no cuadran, ni los del Ministerio de Sanidad, ni los de Interior, ni los de Hacienda cuando pretende contabilizar el patrimonio de Juan Carlos, pues no cuenta con suficientes funcionarios para buscar a los amigos que le han hecho donaciones al exmonarca. Dichoso aquel que disfruta de la amistad, que es afecto puro y desinteresado, o eso dicen fuera de España, donde ya hay quien se frota las manos con la llegada de los miles de millones de los fondos europeos. ¡Será por dinero! Mientras los países ricos celebran también la llegada de las vacunas, los pobres piden que se liberen las patentes que las hacen posibles. ¿Pretendemos salvar sólo a Occidente? Como diría uno de los inmigrantes que ha llegado esta semana a Granada: “Pues vaya birria de aeropuerto”. Bienvenidos a la realidad.

IDEAL (La Cerradura), 13/12/2020

lunes, 2 de diciembre de 2019

La noria


Después de bolas y caballos, escaleras mecánicas, ascensores y teleféricos, Granada ha encontrado por fin su símbolo: una noria. Por cinco euros, puedes contemplar en su esplendor la Alhambra y Sierra Nevada, divagar, girar sobre ti mismo, marearte y bajarte en el paseo del Salón, plataforma de una ciudad turística, siempre en feria. ¿Servirá la subida del IBI para pagar ese chirimbolo o el globo luminoso bajo el que la gente pasea en Puerta Real? Casi 300 millones de deuda municipal no son nada si convertimos la ciudad en el destino preferido en las Navidades y los ciudadanos pueden soñar un poco entre el cielo y el suelo. “Es el vuelo el mal de Granada”, le decía Federico García Lorca a Manuel de Falla o Manuel de Falla a Federico García Lorca. Con la factura de luz y columpios se podrían pagar muchos menús navideños, servicios sociales, los recibos aplazados de los proveedores, las deudas financieras, incluso terminar con los apagones de los barrios de la zona Norte, demasiado alejados del parque temático navideño. Porque si no tuviéramos la sierra, quizá hubiéramos hecho que nevara artificialmente. “Que tiemblen Málaga, Vigo y Madrid porque Granada va a estar en el mapa de las ciudades más potentes en alumbrado de Navidad”, nos cuentan desde el Ayuntamiento; pero más temblarán los vecinos de Almanjáyar cuando en la oscuridad de sus casas no puedan verse las caras. Lo curioso es que los dos partidos del gobierno municipal van cada uno por su cuenta, gestionando cada área como les parece, sin ningún proyecto de ciudad, salvo luces y norias. Y lo peor es que la política estatal va por el mismo camino, aunque no sé si erigirán un artefacto semejante en el Palacio de la Moncloa para mayor gloria de su inquilino, al que le gusta volar. Porque se teme que haya también dos gobiernos en uno con Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, y que en el tira y afloja entre estos dos gallos políticos se fragmente la parte catalana de España, que tal vez se hunda en el mar de la independencia. De chico, me subí una vez en una noria. Me pareció admirable el paisaje que contemplé desde el punto más alto del recorrido, cuando el aparato se inmovilizó durante unos minutos. Me gustó esa nueva perspectiva del mundo, que no había cambiado sin embargo al bajar. La política también es una noria, aunque, lamentablemente, los que se suben en ella no suelen volver nunca a poner los pies en la tierra. Menudo imán.
IDEAL (La Cerradura), 2/12/2019

domingo, 23 de junio de 2019

Camaleones


Si la gestión del alcalde de Granada es tan opaca en los próximos cuatro años como las negociaciones que han llevado a su designación, más le valdría terminar su mandato (¿de quién?) antes de que alguien más salga perjudicado, además de los ciudadanos que no le votaron. Onofre Miralles no soporta a Sebastián Pérez; Sebastián Pérez no soporta a Luis Salvador; a Luis Salvador no lo soporta la mayoría de los votantes, que prefiere a Paco Cuenca; Antonio Cambril ve a medio alcalde, si es que alguna vez hemos tenido uno entero… La política de esta ciudad ha pasado de ser bochornosa a manifiestamente lesiva para el interés público. Y si tuviéramos una ley electoral menos permisiva, podríamos estar hablando de un delito de prevaricación, que castiga las resoluciones arbitrarias e injustas. ¿Qué interés público hay en las negociaciones entre los partidos que han perdido las elecciones? ¿Qué intereses de los granadinos representan los negociadores de estos partidos en Sevilla o en Madrid? Ni los propios candidatos locales lo saben, pues aquí se habla un dialecto que no se entiende fuera del reino nazarí, y sólo había que fijarse en las caras de póker que tenían los concejales electos en el pleno del Ayuntamiento. ¿Nos han ganado de farol?, se preguntaban. En el PP, de hecho, todavía no se han repuesto de la jugada, y va a resultar interesante (es un decir) cómo se fragua y luego evoluciona el nuevo equipo de gobierno. Teniendo en cuenta los eslóganes de la campaña del PP y Cs, la “Gran Granada”, y la “Granada elegida”, quizá la ciudad termine convirtiéndose en un holograma, tipo Matrix, con Morfeo y Trinity buscando a un elegido, especie de Neoalcalde en extinción. La cosa tendría su gracia si no fuera lamentable. Porque, ¿qué podemos esperar de unos ediles que sólo hacen lo que les mandan sus jefes de partido, independientemente de lo que sea bueno para Granada y los ciudadanos que representan? ¿Qué podemos hacer? Pues dejar que gobierne el candidato más insustancial y el partido más veleta que ha existido nunca en la historia de España, donde la misma falta de madurez política de Albert Rivera, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias quizá nos lleve a otras elecciones generales. Pero no creo siquiera que vivamos en España ni en Granada, sino en un extraño planeta cada vez más desértico y gobernado, como en la serie V, por reptiles disfrazados. Sí, han resultado ser camaleones. Y tal vez necesitemos verdaderamente acudir a estudios morfopsicológicos para convencernos de que son seres humanos.
IDEAL (La Cerradura), 23/06/2019