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martes, 21 de marzo de 2023

Las canas de Cuenca

Leo el periódico en una cafetería y pienso que al alcalde de Granada, Paco Cuenca, no podrá achacársele falta de iniciativa ni de empeñarse en transmitir ilusión por un proyecto de ciudad, aunque tenga que enfrentarse a su partido en el Gobierno por la sede de la Agencia de Supervisión de la Inteligencia Artificial o marcarse un baile en TikTok en el balcón de su casa, al borde del vacío. Se ve que le puede más su amor a Granada, esa especie de bendición y maldición al mismo tiempo que le cae a quien nace o vive aquí. Pero “¿por qué el alcalde tiene tan pocas canas?”, me pregunta una amiga sacándome de mis ensoñaciones. “Pues no sé”, le digo. “La verdad es que tiene pocas para los malos ratos que le debe dar el cargo”. “Lo mismo los compensa con alegrías”, dice mi amiga. Aunque en precampaña electoral y con la deriva actual del Gobierno de la nación, las alegrías pueden ser pocas. Sin embargo, lo que ocurra a nivel estatal no debería influir tanto en el ámbito local. Miro la taza de café y pienso que, en España, la política parece un experimento de vasos comunicantes. ¿Hay que castigar al alcalde por lo que hacen el presidente del Gobierno o sus socios de coalición? Después de los últimos esperpentos municipales, ¿ha demostrado Paco Cuenca ser un buen alcalde? Quizá debería haber soltado más lastre y cortado por lo sano con algunos trileros de la política municipal y pecar de menos afán de protagonismo. “Cuenca pone al mundo mirando a Granada”, dice el eslogan socialista. Las ciudades, como las personas, imprimen carácter, y a veces es difícil sobreponerse. “Quiero irme, quiero quedarme”, nos decimos, porque Granada funciona como un imán que te atrae y te repele. Por eso la ciudad exporta artistas al mismo tiempo que los atrae de todas partes del mundo, ya se instalen en la capital o en ese reino de la bohemia en el que se ha convertido la Alpujarra. “¿Tú crees que se tinta el pelo?”, me dice de nuevo mi amiga, ahora que yo estaba pensando en el resurgir del reino chico de Boabdil. “Entonces no se le vería ninguna”, contesto. “A no ser que se tinte sólo una parte para parecer más natural”, dice ella. Levanto la vista del periódico para darle un sorbo al café y veo la Sierra, imponente y nevada todavía. Quién sabe. Lo mismo fallan los pronósticos y Paco Cuenca siga peinando canas en el Ayuntamiento.

IDEAL (La Cerradura), 19/03/2023

lunes, 12 de diciembre de 2022

Goteras

Con la ansiada lluvia también llegan las goteras, como las que han aparecido en la sede de la Agencia de Supervisión de la Inteligencia Artificial que ya casi habíamos puesto en funcionamiento en Granada antes de la decisión del Gobierno, que se ve que toma las decisiones relacionadas con la descentralización administrativa en clave electoral. La política no tiene nada que ver con la objetividad, y nuestros políticos se han acostumbrado a tomar decisiones e incluso a legislar por un mero interés personal, que ni siquiera coincide con el del partido o el de la ideología que defienden. Pero se echa en falta que al menos a nivel local todos los partidos e instituciones hagan piña frente a decisiones manifiestamente injustas, y no que haya quien escarbe en la miseria pensando ya en las próximas elecciones municipales, donde no creo que haya que ponerle la cruz al actual alcalde de Granada, Paco Cuenca, que tiene toda la razón en cabrearse, sino a aquellos que ya suelen llevar la cruz a cuestas, no en sentido espiritual, sino con esa malafollá característica que inunda más que las borrascas. No sabe Pedro Sánchez lo que ha hecho, porque la malafollá granadina es más despiadada que el beso de la muerte de la Cosa Nostra. Resulta cansino esto de quejarse de las infraestructuras, las inversiones, la sevillano dependencia política y demás, pero no se puede justificar lo injustificable. Lo peor del asunto no es ya que no se elija a Granada como sede de la agencia, sino la falta de transparencia en las decisiones políticas, en cuestiones locales y en otras de mayor transcendencia como las reformas legislativas que afectan a los derechos fundamentales y al ejercicio de los derechos políticos que este Gobierno se ha propuesto llevar a cabo a toda prisa pensando precisamente en la inminencia de unas elecciones. De lo general a lo particular y de lo particular a lo general no se puede hacer política de esta forma tan chapucera, pervirtiendo el interés público. La manera de proteger la dignidad política no es modificar la legislación a la propia conveniencia o a la de aquellos que la han trasgredido a sabiendas. No me extrañaría que pronto viéramos una campaña para proteger los derechos del político maltratado, aunque sólo sea por el voto de los ciudadanos. Quizá lo siguiente sea reformar la ley electoral. En el cómic en que se ha convertido España pelearán un algoritmo artificial coruñés contra un malafollisqui granadino. ¿Y el sentido común? Pasemos página.

IDEAL (La Cerradura), 11/12/2022

lunes, 12 de septiembre de 2022

Fiesta

En zafarrancho de combate, me dispongo a apuntalar puertas y ventanas, pues ya empiezan las fiestas del pueblo. Me avisan el repique de campanas de la iglesia, los cohetes, los columpios, puestos y casetas que ponen en la calle. Se ve que vendrá mucha gente, pues el ayuntamiento ha autorizado que instalen un escenario que ocupa toda la plaza, la policía local ha cortado la mitad de las calles y uno apenas logra llegar a la puerta de su casa. Son días especiales, y por eso habrán suspendido la aplicación de las ordenanzas, pues la música de la feria trona hasta las cuatro de la mañana. ¿Quién quiere dormir? Total, si el mundo debe de estar a punto de acabarse y las fiestas sólo duran una semana. ¿Una semana sin dormir? Eso no es nada, chaval, yo aguanto lo que me echen. Y nos han echado a Camela y reguetón, que hay que escuchar obligatoriamente, alucinado, con los ojos abiertos como brótolas. Yo y el resto de los habitantes del pueblo, pues aquí, como debe haberse propuesto el alcalde, no duerme ni dios. ¿Habrá salido bailando en Tik Tok, esa nueva epidemia que contagia a los regidores desde Vigo hasta Granada? Me asombra la complicidad del poder político y religioso, pues las campanas relevan a los cohetes y viceversa, que para eso comparten plaza la iglesia y el ayuntamiento, como en cualquier pueblo español que se precie. Aunque avisen de una crisis económica galopante, las corporaciones locales siempre tienen presupuesto para festejos. De pronto, se ha hecho un extraño silencio. Espero, nervioso, en la calma que precede a la tormenta. No me equivoco. Campanadas, cohetes y música irrumpen como fuegos artificiales que dinamitan cualquier atisbo de tranquilidad. Me imagino a los viejecillos encerrados, con miedo a salir de casa. Menos mal que muchos ya estarán sordos como una tapia. Si les pasara algo, ¿podría llegar hasta ellos una ambulancia? Me alegro de la felicidad de nuestros regidores, aunque me provoquen pesadillas. ¿Aceptaré, como Paco Cuenca, el reto de Rosalía? ¿Me convenceré de que en la vida política y cívica ya sólo caben la insustancialidad y la puerilidad? ¿Tendré que encomendarme a Fray Leopoldo? Me concentro para que caiga una lluvia de granizo que acabe con mis pesares, pero no ocurre nada salvo la fanfarria. No hay otra posibilidad. Me acuerdo del arte de la guerra y, encomendándome a Sun Tzu, que aconsejaba unirte al enemigo si no puedes con él, me echo a la calle. ¡Que siga la fiesta!

IDEAL (La Cerradura), 12/09/2022

lunes, 14 de febrero de 2022

Alegría

Los recelos de la gente ante la nueva normalidad se revelan en las calles, donde todavía hay mayoría de mascarillas, aunque ya no tengamos la obligación de llevarlas en espacios exteriores. Tanto se nos ha recomendado su uso que nos cuesta desprendernos de este nuevo apéndice que nos permite escondernos y protegernos de encuentros desagradables. La gente prefiere ahora el anonimato, no saludar necesariamente aunque viva en una ciudad tan pequeña en la que cada calle es un barrio. Pero hay quien celebra el cambio con euforia, y con la cara descubierta te mira condescendientemente si continúas tapado hasta las orejas. No paran de sonreír, porque durante el tiempo que llevaban mascarilla han aprovechado para arreglarse la boca, y son miles los que propagan la buena nueva de la ortodoncia. Pero no sólo han hecho su agosto los dentistas. A pesar de la inflación, ya nos venden el resurgir de las relaciones sociales, económicas y políticas. ¡Viva la fiesta! El presidente Pedro Sánchez presume de que ya somos mileuristas, e incluso en el Ayuntamiento de Granada parece que se van a aprobar por fin los presupuestos municipales. Dicen las malas lenguas que el alcalde, Paco Cuenca, está feliz, porque podrá seguir con su campaña personal a cara descubierta. Como si fuera algo malo bailar una escena de “Cantando bajo la lluvia” cuando inaugura un parque en el Zaidín. ¡Saltemos entre los chorros de agua de la fuente! ¡Respiremos el aire puro de la nueva política! Una felicidad inmortalizada en una fotografía de Pepe Marín para IDEAL. La alegría de nuestros políticos es contagiosa, y no sólo seremos la cuna de la inteligencia artificial, sino que viajaremos por fin en Ave para desarrollar por todo el país un nuevo modelo productivo basado en el conocimiento nazarí. Lo mismo los vemos competir en la Copa del Rey de Baloncesto. Un partido entre grupos políticos estaría bien para dirimir conflictos sociales y personales. En la Carrera de la Virgen uno se va cruzando con jugadores que saltan y gritan antes de atacar el aro. Parece una escena de “Bolonia Boogie” (Anagrama), la última novela publicada por Justo Navarro, donde seguimos las investigaciones del comisario Polo, habitante de la Gran Granada: “When I say stop, don´t move, and when I say get it, every body mess around! Boogie-woogie!”. ¡A bailar todo el mundo! Son tiempos de alegría, aunque al quitarnos la mascarilla nos descubramos un poco más viejos y más miopes. ¿De verdad eres tú? Cómo nos gusta inaugurar obras públicas y ver bailar al alcalde.

IDEAL (La Cerradura), 13/02/2022

domingo, 23 de junio de 2019

Camaleones


Si la gestión del alcalde de Granada es tan opaca en los próximos cuatro años como las negociaciones que han llevado a su designación, más le valdría terminar su mandato (¿de quién?) antes de que alguien más salga perjudicado, además de los ciudadanos que no le votaron. Onofre Miralles no soporta a Sebastián Pérez; Sebastián Pérez no soporta a Luis Salvador; a Luis Salvador no lo soporta la mayoría de los votantes, que prefiere a Paco Cuenca; Antonio Cambril ve a medio alcalde, si es que alguna vez hemos tenido uno entero… La política de esta ciudad ha pasado de ser bochornosa a manifiestamente lesiva para el interés público. Y si tuviéramos una ley electoral menos permisiva, podríamos estar hablando de un delito de prevaricación, que castiga las resoluciones arbitrarias e injustas. ¿Qué interés público hay en las negociaciones entre los partidos que han perdido las elecciones? ¿Qué intereses de los granadinos representan los negociadores de estos partidos en Sevilla o en Madrid? Ni los propios candidatos locales lo saben, pues aquí se habla un dialecto que no se entiende fuera del reino nazarí, y sólo había que fijarse en las caras de póker que tenían los concejales electos en el pleno del Ayuntamiento. ¿Nos han ganado de farol?, se preguntaban. En el PP, de hecho, todavía no se han repuesto de la jugada, y va a resultar interesante (es un decir) cómo se fragua y luego evoluciona el nuevo equipo de gobierno. Teniendo en cuenta los eslóganes de la campaña del PP y Cs, la “Gran Granada”, y la “Granada elegida”, quizá la ciudad termine convirtiéndose en un holograma, tipo Matrix, con Morfeo y Trinity buscando a un elegido, especie de Neoalcalde en extinción. La cosa tendría su gracia si no fuera lamentable. Porque, ¿qué podemos esperar de unos ediles que sólo hacen lo que les mandan sus jefes de partido, independientemente de lo que sea bueno para Granada y los ciudadanos que representan? ¿Qué podemos hacer? Pues dejar que gobierne el candidato más insustancial y el partido más veleta que ha existido nunca en la historia de España, donde la misma falta de madurez política de Albert Rivera, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias quizá nos lleve a otras elecciones generales. Pero no creo siquiera que vivamos en España ni en Granada, sino en un extraño planeta cada vez más desértico y gobernado, como en la serie V, por reptiles disfrazados. Sí, han resultado ser camaleones. Y tal vez necesitemos verdaderamente acudir a estudios morfopsicológicos para convencernos de que son seres humanos.
IDEAL (La Cerradura), 23/06/2019