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lunes, 7 de agosto de 2023

Equipaje de mano

Mientras en España se discuten las posibilidades que tienen PP y PSOE de formar gobierno, el presidente Pedro Sánchez se ha ido de vacaciones a Marruecos. Se dice que algo importante debe de saber Mohamed VI para que nuestro país haya cambiado su política sobre el Sáhara. ¿Apoyamos ahora las reivindicaciones marroquíes? Según algunos servicios secretos, un programa informático para hackear teléfonos móviles que proporcionó Israel a varios países, entre ellos a nuestro vecino del sur,  se utilizó para pinchar las conversaciones de Emmanuel Macron o Pedro Sánchez. ¿Lo pillarían hablando en la intimidad en catalán sobre la convocatoria de un referéndum de independencia? Quizá por eso el presidente aparece con gorra y gafas de sol en las fotos que de su viaje se han facilitado a la prensa, como si fuera de incógnito. Curiosamente, en la misma sección leo que los espías de otro país europeo, Gran Bretaña, están pidiendo autorización a su gobierno para utilizar los datos personales de los ciudadanos en el desarrollo de herramientas de inteligencia artificial. ¿Hasta qué punto son independientes los servicios secretos? ¿Velan por la seguridad del país a pesar de los ciudadanos y sus presidentes? ¿Crearán un Skynet que, como en la película “Terminator”, decida acabar con la humanidad? Afirman los expertos que un robot es un ente capaz de recopilar información del entorno para tomar decisiones y actuar en el mundo, definición que ojalá nos sirviera para calificar a nuestros políticos, incapaces de ponerse de acuerdo en las cuestiones básicas de las que depende el futuro de nuestro país. Entre ellas se encuentra la financiación autonómica, sobre la que Pedro Sánchez imagino que llevará apuntadas algunas ideas, espero que en una libreta y no en el móvil, para sentar las bases de un pacto de gobierno entre el PSOE, Sumar, los partidos nacionalistas y todo un rosario de pequeñas fuerzas parlamentarias. ¿Saldrá algo bueno de todo esto? Si el nacionalismo catalán actuara con sensatez, podría contribuir a mejorar el Estado autonómico con un modelo que establezca un reparto equitativo de los ingresos tributarios entre el Estado y las comunidades autónomas y una territorialización proporcional del gasto público, haciendo que País Vasco y Navarra participen en los mecanismos de solidaridad. Para ello habría que acabar con la idea de que determinadas autonomías quieren robar a papá Estado, entre otras cosas porque todas forman parte del Estado. Y que fuera un acuerdo multilateral. Pero no sé si todo el país le cabrá a Pedro Sánchez en el equipaje de mano.

IDEAL (La Cerradura), 6/08/2023

lunes, 24 de mayo de 2021

Fronteras

Un escritor a quien casi nadie recuerda, Gonzalo de Reparaz, hablaba de una gran nación hispanomauritana que abarcaba desde los Pirineos hasta el Atlas, en el África Mediterránea, con el Estrecho de Gibraltar como centro y Córdoba como capital ideal. Caminando por la frontera de Melilla con Nador por la mañana temprano, nadie pensaría que ese autor existió alguna vez, ni que alguien pudiera imaginar algo semejante. Aunque algunos políticos y medios de comunicación hablasen esta semana de “invasión” de Ceuta y Melilla, este amanecer no es distinto a otros, salvo por la mayor presencia de la Guardia Civil, de la Policía, del Ejército. Hace unos años, esto no era necesario, y la gente pasaba con tranquilidad a un lado y otro de la frontera, ya fuera a trabajar o para cambiar de playa y darse un baño. La mezquindad de la clase política marroquí, que desprecia la vida de sus ciudadanos y utiliza su pobreza como arma arrojadiza, cuando no sus propios cuerpos, sólo es comparable a la poca sensibilidad que se muestra por el vecino desde España, al que habitualmente se le desprecia y desconoce. Históricamente, Marruecos ha sido para los españoles una tierra de vergüenza y dolor, cuyo mayor símbolo puede haber sido el desastre de Annual, cuyo aniversario se recordaba recientemente. Una guerra provocada por generales fanáticos deseosos de alcanzar méritos, como Francisco Franco, que luego llevaría esa locura a la península. Una guerra, la de Marruecos, que también fue de hermanos, pues cualquiera que se haya molestado un poco en conocer a los marroquíes se habrá dado cuenta de que no nos diferenciamos tanto. De hecho, al contrario de lo que piensa Mohamed VI, es probable que los ciudadanos marroquíes prefieran españolizar (o europeizar) todo Marruecos que ocupar Ceuta y Melilla. Pero aquí tampoco se hacen las cosas mucho mejor, y a la vez que se condena “diplomáticamente” a este monarca medieval, se le paga para que controle la migración en sus fronteras, ese asunto tan desagradable. Porque no se ve tan mal que sea el ejército marroquí el que reprima y gasee a sus ciudadanos. Los pocos que escapen y logren saltar la vaya o cruzar a nado los espigones, podrán ser rescatados del agua por nuestros legionarios, que son fuerzas de paz. Quizá, lo que habría que hacer es derribar las fronteras de estas dos ciudades, para que la gente entre y salga libremente. Al menos los jóvenes marroquíes sabrían que en los estadios de Ceuta y Melilla no suele jugar al fútbol Cristiano Ronaldo.

IDEAL (La Cerradura), 23/05/2021