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lunes, 10 de agosto de 2026

Fronteras

La metedura de pata del Gobierno español ante la crisis migratoria de Ceuta es de las que marcan época y traen consecuencias. Primero por negar la evidencia al principio –74.000 personas entraron por la frontera-, y segundo por la debilidad mostrada ante el tirano marroquí, los socios europeos y la propia población española, que se siente desprotegida e indefensa gracias a la desinformación y el alarmismo extendido por la extrema derecha. El cinismo de Marruecos no tiene nombre, y la afirmación de que “seguirá siendo un socio fiable y responsable” significa que lo ocurrido esta semana se puede repetir en cualquier momento, como sabe perfectamente el ministro del Interior. El derecho internacional que tanto defiende el Gobierno debe aplicarse en todos los países y territorios, incluidos el Sáhara y Marruecos. Ceuta y Melilla no forman parte del espacio Schengen –que implica la libre circulación de personas, bienes y servicios-, por lo que no es posible que miles de migrantes pasen a la Península y a otros países europeos, como han denunciado Italia o Dinamarca, pero sí son fronteras europeas, y los ciudadanos de otros países de la UE no van a contentarse con las medias verdades del Gobierno. Los ceutíes y melillenses saben bien lo que es vivir en una situación de incertidumbre y provisionalidad, pero no los peninsulares y mucho menos los centroeuropeos, entre los que resucitan los fantasmas del fascismo. La solidaridad y la buena vecindad son excelentes propósitos, pero para eso tienes que tener un buen vecino, que no es el caso de Marruecos, deseoso de ocupar las ciudades autónomas y el lugar de España como socio preferente de Estados Unidos en el Mediterráneo, si no lo ha hecho ya. Lo peor es que a nadie parezca importarle la muerte de decenas de seres humanos. Ninguna campaña de VOX o Alternativa para Alemania hubiera sido tan efectiva, por lamentables que resulten las llamadas a los ciudadanos a defenderse con sus propios medios. Si la gente veía con recelo a los migrantes ahora lo hará más, y puede dejarse llevar por la indignación ante las noticias de la ocupación de casas, como ocurre en algunos pueblos de la Alpujarra. Las administraciones hacen cuentas sobre el reparto de los dos mil menores que entraron en Ceuta mostrando poca solidaridad, sobre todo donde Vox gobierna. Lo mejor que podrían hacer las ciudades de Ceuta y Melilla es convertirse en verdaderas comunidades autónomas y promover su entrada en el espacio Schengen. Así conseguirían mayor estabilidad institucional y la protección real de sus fronteras.

IDEAL (La Cerradura), 9/08/2026

lunes, 7 de agosto de 2023

Equipaje de mano

Mientras en España se discuten las posibilidades que tienen PP y PSOE de formar gobierno, el presidente Pedro Sánchez se ha ido de vacaciones a Marruecos. Se dice que algo importante debe de saber Mohamed VI para que nuestro país haya cambiado su política sobre el Sáhara. ¿Apoyamos ahora las reivindicaciones marroquíes? Según algunos servicios secretos, un programa informático para hackear teléfonos móviles que proporcionó Israel a varios países, entre ellos a nuestro vecino del sur,  se utilizó para pinchar las conversaciones de Emmanuel Macron o Pedro Sánchez. ¿Lo pillarían hablando en la intimidad en catalán sobre la convocatoria de un referéndum de independencia? Quizá por eso el presidente aparece con gorra y gafas de sol en las fotos que de su viaje se han facilitado a la prensa, como si fuera de incógnito. Curiosamente, en la misma sección leo que los espías de otro país europeo, Gran Bretaña, están pidiendo autorización a su gobierno para utilizar los datos personales de los ciudadanos en el desarrollo de herramientas de inteligencia artificial. ¿Hasta qué punto son independientes los servicios secretos? ¿Velan por la seguridad del país a pesar de los ciudadanos y sus presidentes? ¿Crearán un Skynet que, como en la película “Terminator”, decida acabar con la humanidad? Afirman los expertos que un robot es un ente capaz de recopilar información del entorno para tomar decisiones y actuar en el mundo, definición que ojalá nos sirviera para calificar a nuestros políticos, incapaces de ponerse de acuerdo en las cuestiones básicas de las que depende el futuro de nuestro país. Entre ellas se encuentra la financiación autonómica, sobre la que Pedro Sánchez imagino que llevará apuntadas algunas ideas, espero que en una libreta y no en el móvil, para sentar las bases de un pacto de gobierno entre el PSOE, Sumar, los partidos nacionalistas y todo un rosario de pequeñas fuerzas parlamentarias. ¿Saldrá algo bueno de todo esto? Si el nacionalismo catalán actuara con sensatez, podría contribuir a mejorar el Estado autonómico con un modelo que establezca un reparto equitativo de los ingresos tributarios entre el Estado y las comunidades autónomas y una territorialización proporcional del gasto público, haciendo que País Vasco y Navarra participen en los mecanismos de solidaridad. Para ello habría que acabar con la idea de que determinadas autonomías quieren robar a papá Estado, entre otras cosas porque todas forman parte del Estado. Y que fuera un acuerdo multilateral. Pero no sé si todo el país le cabrá a Pedro Sánchez en el equipaje de mano.

IDEAL (La Cerradura), 6/08/2023

martes, 27 de julio de 2021

Libertad o supervivencia

Mientras las comunidades autónomas vuelven a imponer restricciones por el aumento de contagios por covid, los inmigrantes asaltan de nuevo la valla de Melilla en busca de una libertad más imaginada que real. Enarbolan palos y piedras para enfrentarse a la policía, y los que logren pasar se arrastrarán hasta el CETI, donde permanecerán al menos dos semanas en cuarentena. Un encierro soñado que contrasta con el temor de los ciudadanos españoles al confinamiento, a que sea tan solo un espejismo la recobrada libertad. De hecho, si uno pasea por la calle, se dará cuenta de que la mayoría de la gente sigue llevando la mascarilla, aunque ya no sea obligatorio al aire libre. Los que caminan con la cara descubierta parecen revolucionarios, habitantes de un planeta extraño, donde no existe el miedo. ¿No está más del cincuenta por ciento de la población vacunada? Este verano sólo viajarán los intrépidos, mientras muchos, si es que pueden, se tomarán vacaciones sin salir de casa. Porque tememos que las restricciones nos pillen fuera de nuestro refugio. Los europeos asisten con incredulidad a las medidas contradictorias que sus países adoptan contra la pandemia. Italia exige el certificado de vacunación o una PCR para entrar en los locales de hostelería, mientras que Boris Johnson ha proclamado la normalidad, pese a las críticas de la comunidad científica. Los ciudadanos se mueven entre las fronteras como si se encontrasen en una ratonera, porque los gobiernos quieren fomentar el turismo para recuperar la economía y al mismo tiempo frenar los efectos de las nuevas variantes del coronavirus. Viajen y disfruten, nos dicen, la vida es bella, pero también que será necesaria una tercera dosis de la vacuna para seguir generando anticuerpos. Utilizamos ya el lenguaje de la ciencia ficción, y mientras Jeff Bezos malgasta recursos para darse un garbeo por el espacio, los inmigrantes asaltan con garfios las murallas españolas, como en la Edad Media. Por eso el Gobierno estudia si incluir a Ceuta y Melilla en la Unión Aduanera, para que sea Frontex, la policía europea, la que se haga cargo del problema. ¿No sería mejor integrar a Marruecos en la UE, como el reino alauita pidió en 1987? Llevar las fronteras hasta los confines del Sáhara alejaría aún más el problema. Las riberas del Mediterráneo comparten una tradición común que hermana los continentes. Pero en democracia lo importante es poder ejercer los derechos. ¿Viajo o no viajo? Quizá lleguemos a aprender como tantos subsaharianos que esta no es una cuestión de libertad, sino de supervivencia.

IDEAL (La Cerradura), 25/07/2021

lunes, 24 de mayo de 2021

Fronteras

Un escritor a quien casi nadie recuerda, Gonzalo de Reparaz, hablaba de una gran nación hispanomauritana que abarcaba desde los Pirineos hasta el Atlas, en el África Mediterránea, con el Estrecho de Gibraltar como centro y Córdoba como capital ideal. Caminando por la frontera de Melilla con Nador por la mañana temprano, nadie pensaría que ese autor existió alguna vez, ni que alguien pudiera imaginar algo semejante. Aunque algunos políticos y medios de comunicación hablasen esta semana de “invasión” de Ceuta y Melilla, este amanecer no es distinto a otros, salvo por la mayor presencia de la Guardia Civil, de la Policía, del Ejército. Hace unos años, esto no era necesario, y la gente pasaba con tranquilidad a un lado y otro de la frontera, ya fuera a trabajar o para cambiar de playa y darse un baño. La mezquindad de la clase política marroquí, que desprecia la vida de sus ciudadanos y utiliza su pobreza como arma arrojadiza, cuando no sus propios cuerpos, sólo es comparable a la poca sensibilidad que se muestra por el vecino desde España, al que habitualmente se le desprecia y desconoce. Históricamente, Marruecos ha sido para los españoles una tierra de vergüenza y dolor, cuyo mayor símbolo puede haber sido el desastre de Annual, cuyo aniversario se recordaba recientemente. Una guerra provocada por generales fanáticos deseosos de alcanzar méritos, como Francisco Franco, que luego llevaría esa locura a la península. Una guerra, la de Marruecos, que también fue de hermanos, pues cualquiera que se haya molestado un poco en conocer a los marroquíes se habrá dado cuenta de que no nos diferenciamos tanto. De hecho, al contrario de lo que piensa Mohamed VI, es probable que los ciudadanos marroquíes prefieran españolizar (o europeizar) todo Marruecos que ocupar Ceuta y Melilla. Pero aquí tampoco se hacen las cosas mucho mejor, y a la vez que se condena “diplomáticamente” a este monarca medieval, se le paga para que controle la migración en sus fronteras, ese asunto tan desagradable. Porque no se ve tan mal que sea el ejército marroquí el que reprima y gasee a sus ciudadanos. Los pocos que escapen y logren saltar la vaya o cruzar a nado los espigones, podrán ser rescatados del agua por nuestros legionarios, que son fuerzas de paz. Quizá, lo que habría que hacer es derribar las fronteras de estas dos ciudades, para que la gente entre y salga libremente. Al menos los jóvenes marroquíes sabrían que en los estadios de Ceuta y Melilla no suele jugar al fútbol Cristiano Ronaldo.

IDEAL (La Cerradura), 23/05/2021