domingo, 16 de abril de 2017

Turismo

Como viene siendo ya una costumbre, las noticias más comentadas durante esta Semana Santa han sido las cifras de ocupación de nuestros hoteles, donde se han alojado al parecer más turistas que nunca, habiendo sido por primera vez mayoría los visitantes extranjeros en ciudades como Granada. En un país cada vez más subdesarrollado culturalmente como el nuestro, se comentan estos datos con euforia, la misma que comparte el Gobierno cuando anuncia las cifras del paro, que baja gracias a las contrataciones de temporada en la hostelería, la gran industria nacional y local. Si tenemos una de las mejores universidades de España no importa, la realidad es que gran parte de los egresados tendrán que irse a trabajar al extranjero, y que los que se quedan acaso deban plantearse hacer mejor una buena formación profesional. El de la hostelería parece un mundo mágico, y si es verdad que puedes trabajar horas extra como camarero, también puedes convertirte en un cocinero estrella o en un director de hotel o en relaciones públicas. Si uno atiende a los medios de comunicación, España es un paraíso gastronómico, y en Granada está el bar donde se come el mejor pescaíto frito del mundo, que lo ha dicho nada menos que una presentadora de “MasterChef”. Y no es una casualidad que éste sea uno de los programas más vistos de la televisión, como “First Dates” o “Mi casa es la tuya”, donde siempre hay una cocina por medio, pública o privada, para engullir la realidad. Incluso los niños tienen su “MasterChef Junior”, por si no estaba claro lo que deberían hacer en el futuro. ¿Se puede ser más creativo que Ferran Adriá? Mientras tanto, en ciudades antes turísticas como Barcelona, la alcaldesa Ada Colau y una buena parte de los habitantes les han declarado la guerra a los turistas. Se ha prohibido la apertura de nuevos hoteles en el centro, se han creado nuevos tributos, los vecinos de los barrios históricos se quejan y quieren recuperar la tranquilidad. Ah, la tranquilidad… Yo llevaba una semana sin ver a mi vecino de arriba, aunque lo oía trajinar por la casa. “¿Qué te pasa que no sales?”, le he preguntado esta mañana. “¿Tú estás loco?”, me ha contestado él con cara de ídem. “¿Has visto como está el centro? No pienso salir hasta que termine la Semana Santa”. Y así se la ha pasado el hombre, encerrado en su casa. Pero menos mal que, a partir de mañana, podrá salir tranquilamente a la calle. Aunque sólo sea para hacer turismo.

IDEAL (La Cerradura), 16/04/2017

domingo, 9 de abril de 2017

Bendiciones

En el comienzo de la Semana Santa han sonado las trompetas marciales de Donald Trump, que ha pedido después la bendición de Dios para el mundo entero a través de su cuenta de Twitter. Si la relación del presidente de EE.UU. con la religión es como la que mantiene con el derecho internacional, podría decirse –con Ambrose Bierce- que cree en Dios, pero se ha reservado el derecho de adorar al diablo. Así que, ¿son bendiciones o maldiciones las de Trump? La política internacional resulta aún más asombrosa que la nacional y la local. Es como si la progresión de disparates a que estamos acostumbrados fuese geométrica, en vez de aritmética. Quiebre usted un ayuntamiento –el de Granada, sin ir más lejos- y a unos cuantos miles de kilómetros de distancia se abrirá un agujero en la tierra que se tragará a una ciudad entera. Es el efecto mariposa, un concepto de la teoría del caos, que parece reinar en estas fiestas presuntamente religiosas. Las procesiones son esencialmente melancólicas, pero hay quien las vive con un tono festivo, como hay quien aplaude las decisiones de Trump. ¿Creemos en la ceremonia de la muerte y la resurrección? Si volvemos a las cuentas municipales, es una procesión la que lleva el exalcalde de Granada, José Torres Hurtado, por juzgados y tribunales, mientras el nuevo alcalde, Paco Cuenca, se pasea por ferias y foros sin tomar ninguna decisión de peso, ni siquiera para poner un parche a los destrozos que causó en la economía municipal el antiguo equipo de gobierno, pues ha tenido que prorrogar los presupuestos. ¿Por qué tienen que pagar los ciudadanos el agujero de la LAC con un aumento del precio del billete? ¿Por qué no lo pagan Torres Hurtado y Telesfora Ruiz de su bolsillo? Si la responsabilidad política de alcaldes y concejales fuese también una responsabilidad patrimonial, quizá nos libraríamos de esta procesión de ídolos, confundidos por el misterio de la política. Mientras tanto, puede ser el Ministerio de Hacienda quien termine levantando el cadáver de la economía municipal, con una intervención que llevará aparejada una subida del 40% de los tributos locales, casi una resurrección impositiva. Y viendo la incapacidad de todos los ediles municipales para llegar a acuerdos, acaso fuera mejor que sólo los funcionarios se ocupen de la gestión de los recursos locales. Al menos ahorraríamos en corrupción, salarios y titulares de prensa. Aunque quizá no pongan tanta pasión en su trabajo como estos días inundará las calles, entre aromas a incienso y azahar. Somos unos santos.

IDEAL (La Cerradura), 9/04/2017

domingo, 2 de abril de 2017

Videorrealidad

La obsesión por transmitir nuestra vida en directo ha alcanzado también a los medios de comunicación, que han olvidado su papel crucial para formar a la opinión pública, pues ya sustituyen abiertamente información por sensacionalismo. Así, no ha habido cabecera o informativo que no haya reproducido esta semana la muerte de una joven rusa de 23 años, que emitía en Facebook Live (¿o death?) mientras conducía un coche. “¡Hola! ¿Cómo están todos, adónde viajan?”, dice la chica justo antes de estrellarse contra un autobús. Pues mira, aquí estamos, asistiendo a tu muerte, porque la sociedad carece ya de cualquier tipo de escrúpulo. ¿Por qué será? “Las pantallas se multiplicaban y a la vez se fundían en una única pantalla escindida y continua, muchas pantallas y una pantalla única, de cine, de televisor, de monitor de ordenador, de teléfono móvil en sus diversas manifestaciones”, escribe Justo Navarro en “El videojugador” (Anagrama, 2017), un ensayo que debería ser una lectura obligatoria. Porque al mismo tiempo que las humanidades desaparecen de los planes de estudio, vamos siendo educados por las máquinas, diseñadas para para fundir “en una única temporalidad trabajo y no-trabajo”. Nuestra libertad es hoy una ficción, pues si no transformamos nuestra vida en imágenes al parecer sólo tenemos una existencia ilusoria. Pero ¿cuántas personas habrán muerto en accidentes por inmortalizar ese momento en un selfi o una grabación? El entretenimiento es una paradoja: “La interactividad tal como hoy se entiende cuando se habla de videojuegos consiste en que el jugador obedece órdenes que la máquina renovará en caso de que las anteriores sean obedecidas. Si no son obedecidas las órdenes dadas, la máquina sanciona o despide al jugador”, escribe Justo Navarro. Y el autor analiza la influencia de los videojuegos en nuestra forma de pensar y la evolución de la industria del entretenimiento desde la primera mitad del siglo XX hasta nuestros días, su tremenda proyección en todos los ámbitos, desde la política o la industria armamentística hasta la publicidad –el gran demiurgo- y la cultura. Y subyace una idea inquietante: que quizá no seamos nosotros quienes controlemos la pantalla. “Un ordenador no sólo es un buen funcionario: puede convertir en funcionarios a sus usuarios”, concluye Justo Navarro en “El videojugador”. Y haría usted bien en aferrarse a las páginas de este libro, o al menos a las de este periódico. Porque, en caso contrario, podría ser usted absorbido por la irrealidad. ¡Y por Atari! ¡No corra usted a hacerse un selfi para comprobarlo! Pondría su vida en riesgo.

IDEAL (La Cerradura), 2/04/2017

domingo, 26 de marzo de 2017

Fantasmas

Seguramente, como pensaba Séneca, lo importante no es morir más pronto o más tarde, sino morir bien o mal, algo que depende tanto de la forma de vivir como de morir. Pero la actualidad, como el tiempo, nos iguala en la muerte, cuando no la trivializa, y en las cabeceras digitales alternan las noticias sobre el atentado de Londres con la publicidad de dietas milagrosas, vendidas como elixires de la eterna juventud. Los terroristas de hoy creen que la muerte les abrirá o bien las puertas de la fama o las del paraíso, y los ciudadanos nos hemos acostumbrado tanto a ella que parece un producto más de la industria del entretenimiento. Pero sin duda es una lástima que haya quien encuentre más fácilmente un motivo para morir que otro para vivir, y por eso es tan importante explicar el pasado, para no seguir cometiendo los mismos errores en el presente y en el futuro. En ese sentido, la aprobación hace unos días de la ley de Memoria Histórica y Democrática de Andalucía debería haber sido una buena noticia para todos los ciudadanos y respaldada por todos los partidos políticos. Sin embargo, no ha sido así, y la mayor prueba de la necesidad de esta ley es que no haya habido unanimidad en el parlamento andaluz para aprobarla (PP y Ciudadanos se abstuvieron en la votación) y la fría acogida de la noticia en algunos medios de comunicación, como si todavía fuera un tabú hablar de las víctimas del franquismo, los mismos medios que nos repiten machaconamente una y otra vez las imágenes de los atentados terroristas cuando estos se producen y despliegan tiempo y recursos para explicarnos las actuaciones de la policía y las reacciones políticas. ¿No es posible dedicar también tiempo y recursos para explicar abiertamente lo que ha ocurrido en tu pueblo o en tu país, donde todavía hay fosas con los restos de miles de personas sin identificar? Deberíamos hacerlo si queremos que nuestros jóvenes crean y defiendan los valores democráticos, y no mirar para otro lado y decir las tonterías de siempre sobre “no remover el pasado”, cuando lo que hay que remover es nuestra conciencia. En un país que ha vivido una dictadura y que ha sufrido durante décadas el terrorismo etarra, resulta indignante la banalidad con la que se habla hoy de la muerte y de la memoria de las víctimas. Porque nuestro modo tradicional de solucionar el problema ha sido ignorarlas. Y eso sólo nos convierte en un país de fantasmas.

IDEAL (La Cerradura), 26/03/2017

domingo, 19 de marzo de 2017

Dignidad europea

La política convierte a veces la historia en una caricatura y, apropiándosela, cuenta una historia peor, tergiversada según la propia conveniencia y vaciándola de contenido. Lo hemos comprobado esta semana, en la que media Europa ha respirado aliviada por la derrota de la ultraderecha en las elecciones de Holanda. Hemos empobrecido tanto el discurso que la política se ha convertido en una mascarada de fantoches con un programa maniqueo sobre los buenos y los malos, que son todos aquellos que piensan de una manera diferente y personifican nuestros temores. Curiosamente, estos fantoches se tintan el pelo de rubio: Geert Wilders, Marin Le Pen o Donald Trump aparecen siempre oxigenados, como si fueran muñecos de la raza aria. Y quizá quiera tintárselo también Frauke Prety, de Alternativa para Alemania. No creo que lo haga Pablo Iglesias, pero se ha equivocado al defender el mismo discurso localista y antieuropeo en el parlamento español, pues la única manera de enfrentarse al fanatismo es trabajar por la integración de Europa y defender los valores democráticos. Sin las políticas y las ayudas de la UE, España seguiría siendo un país subdesarrollado, y negar los beneficios del proyecto europeo no es el camino para cambiar la políticas económicas y sociales que efectivamente lo están lastrando ahora. Ni es un camino de éxitos, como ha dicho Rajoy, porque ha empobrecido a miles de europeos, ni todo lo contrario. El problema es que el proyecto de la UE se identifica por buena parte de los ciudadanos con el capital financiero, y no con los derechos humanos. Pero bastaría, para cambiar esa percepción, que las instituciones europeas pusieran el mismo empeño en acabar con la tragedia de los refugiados que llegan a sus fronteras que el que ponen en que los países miembros cumplan los criterios de convergencia. En ese sentido, resulta aleccionador acudir a la exposición “La itinerancia de los refugiados a través de Europa”, organizada por la Alianza Francesa de Granada y la AFP (Agencia France Press), y que podemos ver hasta el día 7 de abril en la Fundación Euroárabe. Son fotografías que han salido en prensa, pero que quizá entonces nos pasaron desapercibidas. Porque, observándolas, uno comprende que es toda la humanidad la que es apaleada en las fronteras o encerrada en campos de concentración. Cualquiera de nosotros podría ser el hombre que se quema a lo bonzo, esa mujer que besa a otra a través de una verja o aquel niño que, a pesar, de todo, sonríe con optimismo. Si protegemos la dignidad de las personas, protegeremos Europa.

IDEAL (La Cerradura), 19/03/2017

domingo, 12 de marzo de 2017

Pactos de silencio

Mientras el Gobierno ha decidido acabar con la corrupción con el brillante método de dejar de hablar del tema –costumbre bien aprendida en la Transición-, algunos ciudadanos, en España y fuera de ella, toman conciencia de su responsabilidad, pues, como dijo Unamuno, hay veces que el silencio equivale a aquiescencia. Varias noticias nos lo han recordado esta semana, en la que WikiLeaks, con Julian Assange a la cabeza, ha confirmado lo que ya sabíamos: que nos vigilan constantemente. Y gracias a esos artilugios a los que les dedicamos tanto tiempo y recursos: móviles, ordenadores, tabletas y televisores que la CIA y otros servicios de inteligencia controlan a distancia para espiarnos. Aunque tampoco es que haga mucha falta, ya que la mayoría de la gente cuenta todo lo que hace en Facebook, donde uno puede ponerse al día de las costumbres y de la vida profesional y sentimental de esas personas que ya no saben dónde están si no se hacen un selfi antes para publicarlo después en una red social. Assange sigue recluido en la embajada de Ecuador en Londres, pero probablemente sólo haya cumplido con su responsabilidad al poner en manos de la opinión pública la información de la que dispone. ¿Cuántas personas suelen denunciar los delitos de los que tienen conocimiento? ¿Por qué a la CIA no le preocupan los delitos cometidos, sino únicamente que se filtre la información? Lo increíble es que los gobiernos hayan convertido la delincuencia en una práctica institucionalizada, y que luego dediquen los impuestos de los ciudadanos a maquillarla con comisiones de investigación. En España, ésa parece ser la esencia de los pactos de gobierno, como hemos podido apreciar en el Congreso. Porque si el pacto consiste en romper el acuerdo cuando haya imputados o investigados en una causa judicial por corrupción política, hay que cumplirlo, caiga quien caiga, ya sea en el Gobierno central, en la Comunidad Autónoma de Murcia o en el Ayuntamiento de Granada. Y no es una cuestión de mera interpretación, ni de si se trata de un problema penal o administrativo, algo que tendrá que resolver el juzgado competente. Se trata de respetar tu palabra, y de recordar a los responsables públicos que, si ejercen esa responsabilidad, es por una cuestión de confianza, que es un contrato con los votantes. Y mientras se siga incumpliendo ese contrato, seguiremos hablando de corrupción. Son los silencios los que están matando la democracia, y la palabra de nuestros políticos es tan ligera que los partidos no hacen más que levitar.

IDEAL (La Cerradura), 12/03/2017

domingo, 5 de marzo de 2017

Extremistas

La vieja Europa está perdiendo la sonrisa. Sus ciudadanos, abrumados por las circunstancias, ceden al pánico y están dispuestos a votar a los extremistas, que prometen seguridad y blindar las fronteras. Quizá lo piensen los vecinos del barrio La Chana, donde vivían Choukri E.H. y Sara V.Z., condenados por la Audiencia Nacional a seis años de prisión por compartir las tesis del Daesh y tratar de unirse al Estado Islámico en Siria, según informaba Yenalia Huertas en IDEAL esta semana. El presidente de la comunidad donde vivía la pareja mostraba su estupor al pensar en sus vecinos: “No da miedo, da pánico”. Pero uno nunca sabe lo que piensa realmente quien tienes a tu lado, y cualquier persona es capaz de lo peor si la ponen en las circunstancias adecuadas. Y quizá eso es lo que deba preocuparnos. Porque los extremismos nacen de las crisis sociales, y es mucho más fácil que te conviertas en un fanático si tienes problemas en casa. Nos admiran los mensajes que Choukri enviaba a sus hermanos: “Las cabezas se cortan fácilmente, como si fueran un pollito”; pero uno pasa la página y se encuentra con la noticia de que un hombre ha degollado a su expareja, o que el 90% de los chicos justifica la violencia sexual y que el 40% de las chicas ha sufrido agresiones sexuales. Sin embargo, en una sociedad que desprecia la educación y la cultura (sólo hay ver las partidas que las Administraciones les dedican en los presupuestos para comprobarlo) nada de esto debería sorprendernos, independientemente de la nacionalidad de los ciudadanos. ¿Estamos construyendo una sociedad más justa? El poco respeto por la dignidad humana en un país con una tasa de paro de casi el 23% (el 30% en Andalucía) y donde el Gobierno presume de gestión económica es manifiesto, y los muros que ya hay en nuestras fronteras apenas contienen un sueño que se desmorona. Los yihadistas asesinan en el nombre de Dios y se consideran a sí mismos mártires, pero también las sociedades europeas sacrifican a parte de sus miembros en nombre de la salud de la economía, ese eufemismo que parece ser la única razón válida hoy para justificar la democracia. Nos preocupa el voto extremista en Estados Unidos, Gran Bretaña, previsiblemente en Francia, y alertamos de los peligros que esto entraña. Pero ¿cómo van a votar los ciudadanos por la integración si sienten que su sociedad se desintegra? Lo que hacen es proteger lo que les queda al grito de: “¡Extremista el último!”

IDEAL (La Cerradura), 5/03/2017