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lunes, 1 de junio de 2026

Exorcismos

Quizá pudiera aprovechar el papa León XIV su próxima visita a España para practicar un exorcismo en el Congreso de los Diputados. Aunque no sé si así se convocarían elecciones generales para renovar unas instituciones donde todo huele a corrupción política, ética y moral. De “Torrente presidente” hemos pasado a “El día de la bestia”, y lo único que le falta descubrir a la UCO son pactos satánicos para influir en jueces y policías y evitar la fiscalización de la actuación política por los poderes democráticos. Se ve que algunos en la izquierda se identifican más con los dictadores, y lo triste para el PSOE es transmitir la idea de que en realidad no creen en la democracia, lo que desacredita cualquier normativa bienintencionada, a pesar de lo que diga el presidente Pedro Sánchez. Por supuesto que la corrupción invalida la acción de Gobierno, y a las personas y a los partidos que lo sostienen. Las “certezas” de Sánchez no tienen nada que ver con las de los ciudadanos. Y de una persona que dice ignorar lo que ocurre en el partido que representa no se puede esperar ninguna estabilidad gubernamental. Él es quien muestra un “interés partidista”. Que cuando al mismo tiempo que la UCO está entrando en la sede del PSOE para buscar pruebas de la financiación ilegal del partido y de actuaciones para “desestabilizar procedimientos judiciales que afectan al PSOE o al Gobierno”, el presidente hable de la “agenda de la transformación” parece ser, efectivamente, una prueba de iluminación político-religiosa grave. La peña empieza a confundir a Dios con el demonio. Pero no es de extrañar, si tu referente es José Luis Rodríguez Zapatero, imputado por tráfico de influencias y blanqueo y que mientras defendía los derechos humanos negociaba con dictadores y se lucraba presuntamente con el oro robado al pueblo venezolano. Me sale humillo del teclado al escribir sobre los personajes de las crónicas judiciales. Según el auto del juez Pedraz, existen indicios de que desde el PSOE se realizaron pagos con el fin de torpedear procedimientos judiciales e investigaciones policiales y de que el exsecretario de Organización, Santos Cerdán, “puso a disposición de la trama criminal la propia estructura del PSOE”. Pero el secretario del partido y presidente del Gobierno habla de un complot judicial para derribarlo. Mientras, fanáticos y oportunistas nos alertan del peligro de que accedan al Gobierno demagogos y populistas. ¿No están ya en el poder? Quizá sea un caso de posesión política. Ahora toca hacer el paripé con León XIV y transmitir la buena nueva.  

IDEAL (La Cerradura) 31/05/2026


lunes, 18 de marzo de 2024

Apariencias

Deprime comprobar cómo nuestros políticos y los principales partidos, que se supone que representan a la mayoría de los españoles, son incapaces de guardar la compostura ni siquiera en el aniversario del 11-M, donde lo único importante debería ser el recuerdo de las víctimas. También la responsabilidad de los terroristas yihadistas, aunque a estas alturas la Fundación FAES, personajes turbios como José María Aznar y algunos miembros del PP todavía la pongan en duda. Deberían recordar que precisamente fueron los mensajes sobre la intoxicación informativa que circularon por las redes sociales los que propiciaron un cambio de gobierno. Ni José Luis Rodríguez Zapatero, el candidato por el que nadie apostaba en el PSOE, terminaba de creérselo. Pero lejos de aprender de los errores, los partidos políticos y sus portavoces no han dejado de mentir desde entonces, de intoxicar la vida pública, de crear bandos, rencillas, maquillar la realidad e incluso las leyes, sin que quede un resto de dignidad política, allá donde se mire. Y eso en un contexto internacional donde se habla de la tercera guerra mundial, de una nueva glaciación en Europa porque la corriente circular del Atlántico está deteniéndose, del apocalipsis nuclear o climático. ¿Y a qué se dedican los que tienen responsabilidades políticas? A competir sobre quién es más corrupto, quién se ha llevado más comisiones por la venta de mascarillas cuando la gente estaba muriéndose en la calle o encerrados en sus casas, de una manera mucho más silenciosa, eso sí, que la provocada por las bombas en la estación de Atocha. “Y tú más”. Tu novio, tu ayudante, tu colega, tu mujer, tu presidenta autonómica o tu presidenta del Congreso, tu amigo capo del narcotráfico o tu socio traidor a la patria y malversador. Pero ¿quién no malversa el caudal público o el crédito político? Los rifirrafes entre Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo provocan ya más repugnancia que vergüenza ajena. Fraude, facturas falsas, sociedades pantalla, avatares políticos… En España vivimos una permanente distopía, pero hablamos de marisquerías y porteros de puticlub, hombres de confianza donde los haya. En una semana en la que el Congreso ha aprobado la ley de amnistía, los agricultores granadinos denuncian la notificación de multas de entre 800 y 1500 euros por las manifestaciones de febrero. Se trata de faltas graves de desobediencia, resistencia a la autoridad o cortes de carretera. ¿A qué nos sonará esto? Tienen un espejo donde mirarse y por eso piden también el perdón. La política debería ser algo más que una batalla miserable de apariencias.

IDEAL (La Cerradura), 17/03/2024

lunes, 11 de diciembre de 2023

Espías

Mientras el CNI expulsa del país a dos agentes de la CIA, los porteros de las discotecas de Granada se enfrentan a jóvenes imitadores de James Bond o Jason Bourne, que llevan pistolas de aire comprimido. Uno comprende que algunos adolescentes confundan la realidad con la ficción, pero no tanto que lo haga la ministra de Defensa, Margarita Robles, quien afirma que el incidente con los espías norteamericanos “no afecta al núcleo fundamental en las relaciones de dos países que son aliados y amigos”. Bueno, no tanto. Si espías a tu aliado y amigo es porque no confías en él. La CIA estaba pagando a dos miembros del CNI para que les facilitaran información clasificada como secreta. ¿Y qué pasará con los espías españoles? Si estuviéramos en una película, ya habrían sido silenciados para siempre, o como mucho se les hubiera dado la oportunidad de quitarse estoicamente de en medio para salvar el honor y la integridad, si es que todavía se estila eso. Pero en un Estado de derecho uno debe acudir al Código Penal, que en su artículo 584 (delito de traición) establece una pena de 6 a 12 años para “el español que, con el propósito de favorecer a una potencia extranjera, asociación u organización internacional, se procure, falsee, inutilice o revele información clasificada como reservada o secreta, susceptible de perjudicar la seguridad nacional o la defensa nacional”. ¿A qué nos sonará esto? Quizá la administración americana quiera saber como los ciudadanos españoles lo que se habla y lo que se pacta entre el Gobierno español y Junts. ¿Cómo se pueden llevar en secreto en un sistema democrático las negociaciones para un pacto de gobierno? ¿Y por qué hay que gastar dinero público para que se realicen en el extranjero? ¿Para qué tenemos el Parlamento? Si aquí en España ni los partidos políticos ni sus dirigentes se fían unos de otros, es difícil que lo hagan nuestros presuntos amigos y aliados, que deben pensar aquello de que, a nuestros enemigos, cuanto más cerca, mejor. Quizá tengan algo que ver los gestos chulescos a los que se han acostumbrado los presidentes españoles, como José Luis Rodríguez Zapatero ante la bandera norteamericana o Pedro Sánchez en viaje diplomático a Israel, país que facilita tecnología punta a otros países para los trabajos de espionaje, como el famoso programa Pegasus. ¿Filtrarán los israelíes las conversaciones entre el PSOE y Junts como venganza? Si aún viviera Francisco Ibáñez, quizá pudieran explicarnos los secretos de nuestra democracia Mortadelo y Filemón.

IDEAL (La Cerradura), 10/12/2023

lunes, 18 de julio de 2022

El espacio

Mientras nuestros políticos se pelean en el Congreso de los Diputados por la economía de guerra del presidente Pedro Sánchez, el telescopio James Webb nos muestra que somos muy poquita cosa en un universo donde las galaxias chocan entre sí a velocidad de vértigo. La nebulosa política no es nada si la comparamos con la Nebulosa del Anillo del Sur, que es una nube de gas en expansión que rodea a una estrella moribunda a una distancia de 2.000 años luz de la Tierra. Son cifras que no se tienen en la cabeza, como tampoco los 3.500 millones de euros que el Gobierno pretende recaudar con los nuevos impuestos a las entidades financieras y a las compañías eléctricas, mientras anuncia bonos en el transporte y nuevas ayudas sociales. ¿Obedecerán las grandes empresas la prohibición de repercutir las cuotas de estos impuestos en los precios de los servicios que venden a los ciudadanos? Los 13.700 millones de años que han pasado desde el Big Bang no son nada si pensamos en la deuda pública española. Sobre el déficit tampoco solemos echar cuentas, pero tiene consecuencias prácticas en las economías domésticas. Tras la crisis que tanto negó José Luis Rodríguez Zapatero, con el gobierno de Mariano Rajoy y Cristóbal Montoro al frente del Ministerio de Economía y Hacienda, la necesidad de cuadrar las cuentas públicas llevó a la declaración de una amnistía fiscal y a convertir la Agencia Tributaria en una especie de engendro caníbal que se guiaba por objetivos de ingresos e incentivos salariales para los inspectores, como cualquier empresa, y no por los derechos y garantías del contribuyente. Lo explica muy bien el documental “Hechos probados”, de Alejo Moreno, que relata el calvario judicial que ha sufrido Agapito García, quien ha encabezado durante años la lista de deudores a la Hacienda Pública española, otra medida –la publicación de la lista de morosos- de dudosa legalidad. “Los impuestos son lo que pagamos por tener una sociedad civilizada”, se lee en la puerta del agencia tributaria americana. Y algo así podríamos poner en la puerta de la AEAT o incluso del Congreso de los Diputados, añadiendo la coletilla: “O no”. ¿Cómo se verá España con el telescopio James Webb? Nuestro espacio político es tan amplio que ha permitido al Gobierno aprobar la Ley de Memoria Democrática con el apoyo de Bildu, lo que ha hecho que muchos se rasguen las vestiduras, aunque no se hayan molestado en leer el texto. Pedro Sánchez se ha convertido en un presidente estratosférico.

IDEAL (La Cerradura), 17/07/2022

domingo, 8 de diciembre de 2013

Drones


Los aviones no tripulados empiezan a ocupar nuestra imaginación, y no sólo el espacio aéreo de la Tierra. Si hace unos meses las Fuerzas Armadas Indias estuvieron a punto de bombardear el planeta Júpiter tras confundirlo con un avión espía, ahora es la empresa Amazon la que planea que sus pedidos los entreguen robots voladores de cuatro patas. Al parecer, estos artilugios han sustituido a los agentes, y los servicios secretos ya no acuden a James Bond, sino a aviones capaces de radiografiar continentes. Los ejércitos presumen de contar en sus filas con estos soldados automáticos, lo que tampoco es de extrañar si uno piensa en quienes dirigen los países, que también parecen autómatas no tripulados. Lo comprobamos estos días en España con José Luis Rodríguez Zapatero, que no sólo presume de ser indeciso y de carecer de iniciativa y de voluntad política, sino que además nos lo explica en un libro que debe de tener su alienado público, porque resulta que se lo han publicado. Pues no vamos a estar rodeados de drones… Se mueven, hablan, presiden gobiernos… pero son dirigidos con un mando a distancia. Me temo que lo mismo podemos decir de Mariano Rajoy y de todos sus ministros, que hacen “lo que tienen que hacer” como hacía Franco, que al menos confesaba gobernar “gracias al favor divino repetidamente prodigado”. Pero, si ya no es el favor divino, ¿quién maneja ahora los dichosos mandos? Las teorías van desde los Iluminati al Club Bilderberg, pasando por Ángela Merkel. Se trata de gente que se levanta, desayuna y no se pone a jugar con la consola, sino con un tablero mundial y un joystick con el que dirigen unos cientos de drones. Y por eso vemos luego lo que vemos en el telediario. Aunque si uno se fija bien, puede llegar a conclusiones más terribles. Observen si no con detenimiento los ojos saltones de José Luis Rodríguez Zapatero y sepárenlos de su imagen personal. Hagan luego lo mismo con la boca de Mariano Rajoy y con el bigote de José María Aznar. Y ahora, si se atreven, den el siguiente paso escalofriante: superpongan esos rasgos juntos en la cara de Felipe González. ¡Ahhh! ¿Han sido capaces de soportar esa visión? ¿Y cual era el resultado? ¡Un drone! Porque va a resultar que nadie ha gobernado España en los últimos años. Ni en b ni en a. Y que los ciudadanos sólo hemos votado a un puñado de drones. Vergüenza nos debería dar. Los drones no la tienen.
IDEAL (La Cerradura), 8/12/2013