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lunes, 18 de marzo de 2024

Apariencias

Deprime comprobar cómo nuestros políticos y los principales partidos, que se supone que representan a la mayoría de los españoles, son incapaces de guardar la compostura ni siquiera en el aniversario del 11-M, donde lo único importante debería ser el recuerdo de las víctimas. También la responsabilidad de los terroristas yihadistas, aunque a estas alturas la Fundación FAES, personajes turbios como José María Aznar y algunos miembros del PP todavía la pongan en duda. Deberían recordar que precisamente fueron los mensajes sobre la intoxicación informativa que circularon por las redes sociales los que propiciaron un cambio de gobierno. Ni José Luis Rodríguez Zapatero, el candidato por el que nadie apostaba en el PSOE, terminaba de creérselo. Pero lejos de aprender de los errores, los partidos políticos y sus portavoces no han dejado de mentir desde entonces, de intoxicar la vida pública, de crear bandos, rencillas, maquillar la realidad e incluso las leyes, sin que quede un resto de dignidad política, allá donde se mire. Y eso en un contexto internacional donde se habla de la tercera guerra mundial, de una nueva glaciación en Europa porque la corriente circular del Atlántico está deteniéndose, del apocalipsis nuclear o climático. ¿Y a qué se dedican los que tienen responsabilidades políticas? A competir sobre quién es más corrupto, quién se ha llevado más comisiones por la venta de mascarillas cuando la gente estaba muriéndose en la calle o encerrados en sus casas, de una manera mucho más silenciosa, eso sí, que la provocada por las bombas en la estación de Atocha. “Y tú más”. Tu novio, tu ayudante, tu colega, tu mujer, tu presidenta autonómica o tu presidenta del Congreso, tu amigo capo del narcotráfico o tu socio traidor a la patria y malversador. Pero ¿quién no malversa el caudal público o el crédito político? Los rifirrafes entre Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo provocan ya más repugnancia que vergüenza ajena. Fraude, facturas falsas, sociedades pantalla, avatares políticos… En España vivimos una permanente distopía, pero hablamos de marisquerías y porteros de puticlub, hombres de confianza donde los haya. En una semana en la que el Congreso ha aprobado la ley de amnistía, los agricultores granadinos denuncian la notificación de multas de entre 800 y 1500 euros por las manifestaciones de febrero. Se trata de faltas graves de desobediencia, resistencia a la autoridad o cortes de carretera. ¿A qué nos sonará esto? Tienen un espejo donde mirarse y por eso piden también el perdón. La política debería ser algo más que una batalla miserable de apariencias.

IDEAL (La Cerradura), 17/03/2024

lunes, 20 de diciembre de 2021

Navideños

Con la Navidad puede ocurrir como con la política: pasas por una fase de negación (“¡alcalde satánico!”), otra de ira (“¡eres un desequilibrado!”), negociación (“venga, vamos a aprobar los presupuestos, aunque no nos salgan las cuentas)”, depresión (“¿otra vez voy a hablar de Cataluña con mi cuñado?”) y, por último, de aceptación (“es una vez al año, hombre, el partido es tu única familia”). Luego, uno se da un paseo por la ciudad y, cruces invertidas aparte, se da cuenta de que para no sucumbir a las tentaciones de las fiestas y los regalos tendría que apagar todos los aparatos electrónicos y autodecretarse un confinamiento voluntario, aunque los precios hayan subido un 47%. Porque en estas fechas van a convivir los contagiados por la covid-19 y por el espíritu navideño. ¿Quién ganará la batalla para ocupar las mesas de los restaurantes y de las casas familiares? Se ve que vivimos en una sociedad que no acepta situarse en un punto medio, y ni las autoridades quieren hablar de restricciones, a pesar de que vuelva a elevarse el número de contagios y la tasa de incidencia se multiplique por siete en los últimos treinta días en ciudades como Granada. “¿Qué coño tiene que pasar…?”, diría Pablo Casado en el Congreso (ése es el nivel de los políticos españoles en este momento, como ha afirmado José María Aznar). Olvidado ya el consenso de la Transición, hemos perdido también la alegría inconsciente de los años ochenta. Ahora, o vivimos eternamente o nos morimos de golpe, que no “del golpe”. Porque, probablemente, Tejero moriría hoy por el pico de Twitter antes de llegar al Congreso para levantar la pistola y utilizar las mismas expresiones que el señor Casado. Y quizá sea lo que le ocurra a Vox, salvo que no se cumplan los vaticinios de Pablo Iglesias (hoy profeta) y el PP necesite sus votos en una nueva legislatura. ¿Le harán los mismos reproches que al Gobierno de Pedro Sánchez? ¿Pactar con la extrema derecha no implica cruzar líneas rojas? En Andalucía se ha hecho y, fuera de los símbolos y acaso los ritos diabólicos en la plaza del Carmen, no ha pasado nada. Entre la negación y la aceptación, España se va disolviendo en insultos y exabruptos, para jolgorio general. Eso no sucederá por el momento con la Navidad. A la gente le nace de dentro, hasta a la que le cuesta celebrarla. Es una cuestión de educación. ¿Educa qué? Quizá habría que hacer unos cuantos cursillos navideños en el Congreso.

IDEAL (La Cerradura), 19/12/2021

domingo, 8 de diciembre de 2013

Drones


Los aviones no tripulados empiezan a ocupar nuestra imaginación, y no sólo el espacio aéreo de la Tierra. Si hace unos meses las Fuerzas Armadas Indias estuvieron a punto de bombardear el planeta Júpiter tras confundirlo con un avión espía, ahora es la empresa Amazon la que planea que sus pedidos los entreguen robots voladores de cuatro patas. Al parecer, estos artilugios han sustituido a los agentes, y los servicios secretos ya no acuden a James Bond, sino a aviones capaces de radiografiar continentes. Los ejércitos presumen de contar en sus filas con estos soldados automáticos, lo que tampoco es de extrañar si uno piensa en quienes dirigen los países, que también parecen autómatas no tripulados. Lo comprobamos estos días en España con José Luis Rodríguez Zapatero, que no sólo presume de ser indeciso y de carecer de iniciativa y de voluntad política, sino que además nos lo explica en un libro que debe de tener su alienado público, porque resulta que se lo han publicado. Pues no vamos a estar rodeados de drones… Se mueven, hablan, presiden gobiernos… pero son dirigidos con un mando a distancia. Me temo que lo mismo podemos decir de Mariano Rajoy y de todos sus ministros, que hacen “lo que tienen que hacer” como hacía Franco, que al menos confesaba gobernar “gracias al favor divino repetidamente prodigado”. Pero, si ya no es el favor divino, ¿quién maneja ahora los dichosos mandos? Las teorías van desde los Iluminati al Club Bilderberg, pasando por Ángela Merkel. Se trata de gente que se levanta, desayuna y no se pone a jugar con la consola, sino con un tablero mundial y un joystick con el que dirigen unos cientos de drones. Y por eso vemos luego lo que vemos en el telediario. Aunque si uno se fija bien, puede llegar a conclusiones más terribles. Observen si no con detenimiento los ojos saltones de José Luis Rodríguez Zapatero y sepárenlos de su imagen personal. Hagan luego lo mismo con la boca de Mariano Rajoy y con el bigote de José María Aznar. Y ahora, si se atreven, den el siguiente paso escalofriante: superpongan esos rasgos juntos en la cara de Felipe González. ¡Ahhh! ¿Han sido capaces de soportar esa visión? ¿Y cual era el resultado? ¡Un drone! Porque va a resultar que nadie ha gobernado España en los últimos años. Ni en b ni en a. Y que los ciudadanos sólo hemos votado a un puñado de drones. Vergüenza nos debería dar. Los drones no la tienen.
IDEAL (La Cerradura), 8/12/2013