Mostrando entradas con la etiqueta Josep Borrell. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Josep Borrell. Mostrar todas las entradas

lunes, 19 de febrero de 2024

Batallas

En un contexto mundial en el que se teme la vuelta de Donal Trump a la presidencia de Estados Unidos y Vladimir Putin no tiene reparos en declarar en busca y captura a la presidenta de Estonia, algunos analistas aconsejan a Europa y a países despistados como España prepararse para la guerra. Una guerra en la que ya estamos inmersos, pero que todavía se ve lejana en el sur de la Unión Europea. No tanto en Alemania, que va a destinar el 2% del PIB a Defensa, algo respaldado por la mayoría de la población. El canciller alemán, Olaf Scholz, habla de la necesaria colaboración entre los países europeos para aumentar la producción de armas y no depender de Estados Unidos y de la OTAN, de la que Trump puede prescindir. Porque bajo el paraguas americano, podíamos permitirnos ser pacifistas, pero al parecer esos tiempos se han acabado. En España, sin embargo, esto es una quimera, cuando ni siquiera podemos dotar de medios a la Guardia Civil, que se enfrenta en inferioridad de condiciones a los narcotraficantes, y donde apenas se ha prestado atención y respeto a los dos funcionarios asesinados en Barbate. ¿Podemos imaginar nuestro papel en una guerra convencional contra los rusos? Nuestros gobernantes se declaran contrarios a la guerra y no están dispuestos a aumentar el gasto militar, aunque entre bambalinas se comportan como el Padrino con sus adversarios políticos. Son capaces de aplastar a sus rivales sin ningún escrúpulo, pero no de saltarse las normas impuestas por lo políticamente correcto. Si no fuera porque pertenecemos a la Unión Europea y Josep Borrell es el responsable de Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, España sería un cero a la izquierda en la política internacional. Ya lo somos en muchos aspectos, porque aquí nos van más las batallas de mentiras y los estadistas brillan por su ausencia. Nuestras guerras son más modestas, y en Granada la batalla se sitúa en la Zona Norte, donde los trabajadores de la Rober han decidido suprimir el paso de las líneas 5, N5 y N6 en el tramo entre Joaquina Eguaras y Sánchez Cotán por el lanzamiento de piedras contra los autobuses. La alcaldesa ha pedido refuerzos para proteger a los conductores, mientras el PSOE, por boca de Paco Cuenca, señala que “hay que reducir a los agresores, que están muy identificados”. ¿No somos capaces de garantizar los servicios públicos? Según Ambrose Bierce, una batalla es el método de desatar con los dientes un nudo político que no se podía deshacer con la lengua.

IDEAL (La Cerradura), 18/02/2024

lunes, 31 de enero de 2022

Bélicos

Resulta lamentable que la posibilidad de una guerra en Europa sólo sirva en España para que se produzca una ridícula “batalla entre partidos”, como titulaba algún periódico esta semana, o que haya escaramuzas dentro del propio Gobierno. De pronto utilizamos un lenguaje bélico y elucubramos sobre cómo comienzan las guerras, como si esto no fuera un preocupante conflicto internacional, sino una nueva moda informativa. Pero los partidos españoles parecen en guerra, Vox contra el PP, Podemos contra el PSOE y todos contra todos, que si tú tienes vínculos con Rusia o con el partido comunista chino o con la extrema derecha. El caso es enarbolar la paloma de la paz cuando lo que se pretende es derrotar al contrario, que hay elecciones en Castilla y León y quizá también pronto en Andalucía. Viendo las cosas con perspectiva, uno entiende la fascinación que la guerra civil ha despertado siempre entre los historiadores extranjeros, porque nadie puede explicarse el enconamiento y la cabezonería de buena parte de la clase política española, incapaz de llegar a acuerdos sobre políticas nacionales a largo plazo y desarrollar un proyecto de país. Y si es incapaz de desarrollarlas a nivel interno, no podemos esperar que las desarrollen a nivel internacional, aunque tengamos a políticos valiosos como Josep Borrell –qué lástima que no llegara a ser candidato del PSOE y presidente del Gobierno- al frente de la diplomacia europea o Javier Solana, y eurodiputados brillantes como Juan Fernando López Aguilar, que ha sido sensible en su trabajo científico a los hechos diferenciales recogidos en la Constitución y que como buen europeísta defiende la unidad desde la heterogeneidad. Sin salir de Granada, otro buen ejemplo es José Antonio Montilla, y no es casualidad que todos provengan de la universidad. Como excepción para que se cumpla la regla, tenemos al mayor bluf de la política española de los últimos años, Pablo Iglesias, que proclama que, ahora que no es político, “puede decir la verdad”. Se ve que no aprendió nada en sus años universitarios, pues la veracidad debe presidir el trabajo científico y el informativo, su otra vocación frustrada. Y esas expectativas de verdad referencial deberían presidir también el discurso político, si se aspira a recuperar la credibilidad ante los ciudadanos. Porque, de este modo, es difícil prever lo que ocurrirá en esta nueva crisis europea, pero sí sabemos lo que sucederá en España. Como decía el coronel alemán interpretado por Max von Sydow en “Evasión o victoria”, los conflictos internacionales deberían resolverse en un campo de fútbol.

IDEAL (La Cerradura), 30/01/2022

lunes, 15 de noviembre de 2021

Guerras frías

Según Josep Borrell, los ciudadanos europeos no saben que están en peligro, aunque hayan recibido 750.000 millones de la UE para paliar los estragos de la covid-19. Bielorrusia amenaza a Polonia y a sus socios con cortar el suministro de gas, además de contar con la amistad del presidente ruso, Vladimir Putin, que a estas alturas parece sacado de una novela de John le Carré, “El espía que surgió del frío”. Porque claro, uno se acostumbra a cargarse a los enemigos, y después de la Perestroika da igual que se trate de un opositor político o de un país opositor. Aquí lo vemos a pequeña escala, en partidos como el PP, donde el alcalde de Madrid y la presidenta de la misma comunidad son enemigos íntimos. “Va”, pues le cortamos la cabeza para que no sea presidente/a. “Te lo juro por Aznar el resucitado y por Snoopy el olvidado”. No ganamos para disgustos, y después de afrontar la guerra vírica lo mismo tenemos que enfrentarnos a una guerra convencional, eso que pensábamos que era cosa de los abuelos fanáticos. Menos mal que ahí tenemos a Europa que, entre tanta incertidumbre, nos riega con maná. Al fondo “Next Generation UE” se han acogido todos los países europeos con los brazos abiertos. No es para menos, si hasta hemos congelado la estabilidad presupuestaria. Ni déficit ni reglas de gasto. Aquí estamos para pagar lo que haga falta. ¿Alguien se acuerda ya del debate que generó la reforma del artículo 135 de la Constitución Española? Entonces se dijo que la constitucionalización de la obligación de las Administraciones públicas de tener que dar prioridad absoluta en sus presupuestos al pago de los intereses y del capital de la deuda pública sobre otras inversiones sacrificaba derechos constitucionales como la protección social. Que se trataba de dotar de dinero al capital financiero y que implicaba que cualquier proyecto progresista alternativo al neoliberalismo quedaba fuera de la Constitución, etc. A veces la cruda realidad desmonta cualquier previsión, y eso ha ocurrido con el control del déficit y la deuda pública, que eran un modo de garantizar la sostenibilidad económica y social de los países europeos. ¿Nos habíamos equivocado antes o nos equivocamos ahora? ¿O sólo nos adaptamos a las circunstancias? De estas cosas debería hablarse más en el parlamento y trasladarlas al debate público, más allá de la reforma laboral, la aprobación de la ley de presupuestos o el cálculo de las pensiones. ¿Una guerra con Putin? Anda ya. Antes viene Santiago a cerrar España.

IDEAL (La Cerradura), 14/11/2021