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lunes, 31 de marzo de 2025

El kit

No sé si en el kit de supervivencia que la Unión Europea recomienda guardar en casa habrá algún remedio para los ilusos y los ilusionistas. Los primeros niegan la realidad y entonan un loable no a la guerra como si esa proclamación pudiera librarles de una catástrofe que no sólo priva del derecho a la vida, sino del derecho a no matar, como bien saben quienes obligatoriamente son llamados a filas en los países que no tienen más remedio que defender sus fronteras. Los segundos –con perdón para los ilusionistas de verdad, magos y otras artísticas especies- no la niegan, pero la falsean, diciendo que España cumplirá con el compromiso de rearme europeo sin recortar en gastos sociales. Pues habrá que recortar de algún sitio o subir los impuestos, aunque se nos niegue la posibilidad de saber de dónde provienen los ingresos y a qué se destina el gasto público, ya que no se aprueba en el Parlamento la ley de presupuestos. No me extraña que la población esté preocupada. Nuestros dirigentes, que parecen incapaces de llegar a ningún acuerdo en materias tan importantes como la seguridad nacional e incumplen sistemáticamente las normas del Estado democrático, son los que tienen que defendernos de dictadores como Vladímir Putin o Donald Trump, que precisamente desprecian a la Unión Europea por defender los derechos humanos y a las minorías, la cultura y el Estado social. Pero ser europeo requiere asumir los compromisos de la UE y no escurrir el bulto. Después de la pandemia, los fondos Next Generation llegaron como un maná y nos hemos acostumbrado a que Bruselas pague las facturas para continuar con el clientelismo político, que es el verdadero lastre de la economía española. Y sonroja oír que en España no hay una cultura bélica. Venimos de una guerra civil (que no fue la primera) cuyos ecos todavía resuenan en el Congreso de los Diputados gracias al postureo de los dos grandes partidos, PSOE y PP, que con sus actuales líderes no entienden de consensos. Y mientras nuestros políticos sigan derivando la responsabilidad, otros tomarán las decisiones. ¿Será a eso a lo que se refiere Pedro Sánchez, cuando habla de ceder soberanía? No nos imaginamos a los rusos cruzando los Pirineos, pero no tienen que molestarse si pueden lanzar un ataque híbrido o un misil que quizá acertemos a derribar con unas cuantas pancartas y un paraguas. Y siempre podremos recurrir al kit, donde no será necesario incluir una radio analógica con la que seguir oyendo tanta patochada.

IDEAL (La Cerradura), 30/03/2025

lunes, 19 de febrero de 2024

Batallas

En un contexto mundial en el que se teme la vuelta de Donal Trump a la presidencia de Estados Unidos y Vladimir Putin no tiene reparos en declarar en busca y captura a la presidenta de Estonia, algunos analistas aconsejan a Europa y a países despistados como España prepararse para la guerra. Una guerra en la que ya estamos inmersos, pero que todavía se ve lejana en el sur de la Unión Europea. No tanto en Alemania, que va a destinar el 2% del PIB a Defensa, algo respaldado por la mayoría de la población. El canciller alemán, Olaf Scholz, habla de la necesaria colaboración entre los países europeos para aumentar la producción de armas y no depender de Estados Unidos y de la OTAN, de la que Trump puede prescindir. Porque bajo el paraguas americano, podíamos permitirnos ser pacifistas, pero al parecer esos tiempos se han acabado. En España, sin embargo, esto es una quimera, cuando ni siquiera podemos dotar de medios a la Guardia Civil, que se enfrenta en inferioridad de condiciones a los narcotraficantes, y donde apenas se ha prestado atención y respeto a los dos funcionarios asesinados en Barbate. ¿Podemos imaginar nuestro papel en una guerra convencional contra los rusos? Nuestros gobernantes se declaran contrarios a la guerra y no están dispuestos a aumentar el gasto militar, aunque entre bambalinas se comportan como el Padrino con sus adversarios políticos. Son capaces de aplastar a sus rivales sin ningún escrúpulo, pero no de saltarse las normas impuestas por lo políticamente correcto. Si no fuera porque pertenecemos a la Unión Europea y Josep Borrell es el responsable de Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, España sería un cero a la izquierda en la política internacional. Ya lo somos en muchos aspectos, porque aquí nos van más las batallas de mentiras y los estadistas brillan por su ausencia. Nuestras guerras son más modestas, y en Granada la batalla se sitúa en la Zona Norte, donde los trabajadores de la Rober han decidido suprimir el paso de las líneas 5, N5 y N6 en el tramo entre Joaquina Eguaras y Sánchez Cotán por el lanzamiento de piedras contra los autobuses. La alcaldesa ha pedido refuerzos para proteger a los conductores, mientras el PSOE, por boca de Paco Cuenca, señala que “hay que reducir a los agresores, que están muy identificados”. ¿No somos capaces de garantizar los servicios públicos? Según Ambrose Bierce, una batalla es el método de desatar con los dientes un nudo político que no se podía deshacer con la lengua.

IDEAL (La Cerradura), 18/02/2024

lunes, 5 de febrero de 2024

Politosfera

Nuestros políticos parecen convencidos de que hay que dividir a la población en dos bandos, y utilizan un lenguaje populista, términos como fachosfera o sanchosfera, de los que se hacen eco los medios de comunicación. No son insultos, nos dicen, sino una descripción de la realidad. La realidad es que en 2023 ha subido un 7,3% el precio de los alimentos y que ha bajado el poder adquisitivo de las familias españolas. La realidad es que Black Rock, el mayor fondo financiero del mundo, ha adquirido el 20% de Naturgy, y es el primer accionista de Repsol y Enagás, del Banco Santander y BBVA, y el segundo de Iberdrola y Redeia, antigua Red eléctrica, entidades que han ganado un 23% más en 2023, y que son los que mandan. La realidad es que nuestra clase política vive en la superficie del lenguaje y en una campaña electoral permanente, y que sus expectativas no pasan de las elecciones gallegas y europeas. Unos y otros hablan de destruir el Estado, pero no nos ofrecen un proyecto común donde todos puedan sumarse, incluso los partidos nacionalistas e independentistas a los que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, les ha perdonado esta semana sus pecados. Porque lo del Congreso de los Diputados parece, sí, una historia bíblica. Siete votos que son como treinta monedas de plata. Los que exigen la ley de amnistía han votado en su contra, aunque el presidente les absuelva de palabra. ¿Dónde queda la separación de poderes? Las teorías de las confabulaciones judiciales nos llevan a calcar los discursos de Trump, Putin (ay, Carles Puigdemont) o Netanyahu. Del Gobierno se valora más que baje el IVA para los alimentos básicos y la luz y el gas, que bonifique el transporte público, se revaloricen las pensiones o se aumenten las ayudas al desempleo. Es un lenguaje más sensato, y que entienden mucho mejor los ciudadanos. Como entenderían también un pacto político por el agua. No tenemos que hacer un referéndum para saber que lo que más le importa a la gente ahora mismo en Cataluña es la declaración de emergencia por sequía en Barcelona y Gerona. Lo mismo puede ocurrir en breve en Andalucía y en Granada, donde los embalses están a un 23,5% de su capacidad. Los ciudadanos viven en la realidad, aunque miren al cielo. Nuestros representantes no parecen de este mundo y sólo miran la politosfera, esa capa externa y frágil que recubre el Estado social y democrático de Derecho y que algunos están empeñados en quebrar.

IDEAL (La Cerradura), 4/02/2024

lunes, 31 de octubre de 2022

Artificiales

Elon Musk alerta sobre los riesgos de la inteligencia artificial. “Hasta que la gente no vea a los robots matar a personas por la calle no se entenderán los peligros de la IA. Los robots podrán hacer todo mejor que nosotros”, ha afirmado. Y eso después de presentar a “Optimus”, su robot humanoide, y convertirse en el tuitero jefe. Si no se limita, avisa, dentro de poco los softwares dirigirán la vida en la tierra, o lo que quede de ella, como en “Matrix”. Ése podría ser el escenario de otra guerra mundial. De hecho, Vladimir Putin ya dijo que quien controlase la inteligencia artificial controlaría el mundo. No debe de poder dormir el hombre, con tantos planes y tantos métodos de dominación y aniquilamiento masivo. Tampoco se duerme en Granada, candidata a ser la sede de la Agencia Española de Supervisión de la Inteligencia Artificial, cuando ve cómo se multiplican las candidaturas de otras ciudades españolas: Tenerife, La Rioja, Palma de Mallorca, Alicante, Burgos, Ávila, Santiago de Compostela, Orense, La Coruña, Zaragoza, Gijón, Guadalajara… Que aspiran a recibir los cinco millones de euros que tiene de presupuesto la creación de un organismo que velará por evitar los peligros “que puede traer la inteligencia artificial en campos como la seguridad, la intimidad y la salud de las personas, así como los demás derechos fundamentales”. Menos mal que tenemos a la UGR. La incertidumbre nace de lo que se desconoce, y vivimos en una permanente zozobra por las continuas alertas de seguridad, ya sea por la evolución de la guerra, el coronavirus, el cambio climático o por el uso de nuestras cuentas de correo o el acceso a nuestros dispositivos móviles. Me imagino al ejército de ingenieros rusos intentando desactivarnos digitalmente y borrando todos nuestros avatares y hologramas, todas las fotografías, audios y mensajes de WhatsApp, que se ha caído esta semana para desesperación de miles de personas. ¿Podríamos vivir? Desde luego, quién sabe sin mejor o peor, enfrentados al silencio o la música de nosotros mismos. El concepto inteligencia artificial parece un oxímoron, sobre todo si las máquinas o sistemas deben imitar la conducta humana, que suele ser contradictoria. ¿Es inteligente Vladimir Putin? ¿Es artificial? Lo que lleva a una persona a tomar determinadas decisiones con frecuencia no tiene nada que ver con la lógica, sino con pulsiones autodestructivas que, dependiendo de la influencia del sujeto, no sólo afectan a quien está más cerca, sino que lamentablemente pueden tener un alcance global. Los androides quizá sueñen con humanos eléctricos.

IDEAL (La Cerradura), 30/10/2022

lunes, 3 de octubre de 2022

Austeridad

En tiempos de crisis económica quizá no sea una buena idea subir los tipos de interés y predicar la contención del gasto público con una población tan desencantada que está dispuesta a votar a la extrema derecha, como ha ocurrido en Italia. Formaciones que pretenden proteger “lo nuestro” frente a amenazas reales o imaginarias, cuando la situación requiere que prime la solidaridad. Si la pandemia del covid-19 hizo que la UE congelase los criterios de convergencia y el principio de estabilidad presupuestaria para poner en marcha el programa de inversiones más importante de su historia, vivir una tercera guerra mundial, como es el caso, aunque no se diga abiertamente, debería quitarle de la cabeza a las autoridades monetarias la directriz de que los ciudadanos se aprieten más el cinturón. La UE y los estados miembros deben seguir invirtiendo en programas sociales si quieren sobrevivir a los embates populistas que llegan de dentro o de fuera de nuestras fronteras. No se trata de vivir como si no hubiera un mañana, pero es que ahora mismo el mañana no se ve. El cóctel guerra, precio de la energía y cambio climático no es que sea explosivo, es que ya hace tiempo que nos explotó en las manos gracias a Vladimir Putin, como los gaseoductos “Nord Stream”. Vivimos en un gran mercado mundial en el que obedecemos las normas del amigo americano, que lo fía casi todo al consumo interno y no cree en las políticas de austeridad. ¿Seguimos el ejemplo del socio americano o del alemán? Las decisiones económicas son siempre difíciles, y más cuando hay que poner de acuerdo entre sí a todos los socios comunitarios. Para complicarlo todo un poco más, en países como España tampoco se ponen de acuerdo el gobierno central y las comunidades autónomas ni éstas entre sí sobre cuál es la política fiscal adecuada. ¿Aumentamos los impuestos? ¿Los quitamos? ¿Gravamos las grandes fortunas? ¿Nos encomendamos a la diosa Fortuna?  Frente a la suerte y la demagogia, los Fondos “Next Generation” han sido la mejor noticia que han recibido gobiernos y ciudadanos europeos en mucho tiempo. Los servicios públicos hay que financiarlos, y una combinación de un sistema tributario justo con políticas sociales es lo que debe caracterizar a los países democráticos. Eso pasa por contribuir según la capacidad económica, ya sea en el IRPF o en el Impuesto sobre el Patrimonio. Lo demás es charlatanería, como Giorgia Meloni pidiendo el voto con dos melones en las manos. Vivimos entre la risa y el miedo.

IDEAL (La Cerradura), 2/10/2022

martes, 19 de abril de 2022

Racionamiento

Con una inflación que ya va por el 10%, el Estado y el resto de Administraciones públicas deberían reordenar sus prioridades para prestar mayor atención a los ciudadanos, que ven cómo no pueden llenar la cesta de la compra ni el depósito de combustible, pagar los suministros básicos, llegar a fin de mes. Y hablo de Estado y no de Gobierno, como deberíamos hablar de comunidades autónomas y ayuntamientos, independientemente del partido que las gobierne. Si los grandes partidos se preocupan por llegar a acuerdos de interés público para asegurar el Estado social, sobrevivirán; si no, serán barridos por las penurias económicas y sociales, que irán a más en un contexto geopolítico de inestabilidad y guerra. En Francia, el Partido Socialista apenas ha alcanzado el 2% de los votos en las elecciones, y la extrema derecha tiene serias opciones de llegar al Elíseo con propuestas tan peregrinas como pactar una alianza con Rusia o acabar con la Unión Europea, que es ahora mismo la que financia la prestación de los servicios públicos esenciales en los Estados miembros, la mayoría en quiebra técnica. Es el paisaje que queda después del desastre. A Vladímir Putin le estorban los ucranianos, y por eso dice que sufren una enfermedad repulsiva: hay que desnazificarlos. La cosa tendría gracia si no viniera de alguien que parece el hermano gemelo de Adolf Hitler, y si no fuera sostenida por todo un aparato político de propaganda. ¿Se les caerá la cara de vergüenza a todos aquellos que, en España, han simpatizado con esta dictadura de herederos de la KGB? Pues se ve que no, pero para eso están las hemerotecas, que revelan que los extremos de Vox y Podemos están, sin embargo, tan cerca que casi llegan a tocarse. Pero ahí tenemos al PP, dispuesto a pagar el precio del poder en Castilla y León, que ha guardado ya en un cajón cualquier política que pueda sonar a progresista, empezando por el anteproyecto de ley para garantizar el principio de igualdad de trato y de no discriminación por razón de orientación sexual e identidad de género. Y continuando con la normativa de memoria histórica, que protege la recuperación de los cuerpos de miles de represaliados del franquismo que todavía permanecen enterrados en fosas comunes. Pero ¿sí nos escandalizamos con el descubrimiento de fosas en las ciudades ucranianas? Será la elocuencia del directo, pero también habría que racionar la demagogia política en España. PSOE y PP deben pactar un proyecto común para que sobreviva el Estado social y democrático de derecho.

IDEAL (La Cerradura), 17/04/2022

lunes, 21 de marzo de 2022

Lluvia roja

Como si fuera un símbolo de lo que ocurre en el mundo, esta semana los cielos se han encendido, y hasta la blancura de la sierra se ha transformado en un manto rojo. Los abrigos se punteaban con gotas de arena, y la gente pensaba en el Apocalipsis, después de la pandemia y la guerra. ¿Qué será lo siguiente?, se pregunta. ¿Un meteorito que acaba con todos los putines? Por mi ventana veo a las gaviotas que vuelan enloquecidas, como si buscaran una isla donde esconderse, como ha hecho esa foca que ha ido a echarse una siesta en la playa de Motril. Del Sáhara viene esta tierra que mancha los coches y las calles, apresurando la desertización de la Península Ibérica. ¿Debemos huir al norte? Suben la luz, la gasolina, las frutas y verduras, y los transportistas se declaran en huelga. El pescado se congela y no llega a las pescaderías, y con la escasez de aceite de girasol los churros valen un ojo de la cara. La gente vuelve a aprovisionarse de papel higiénico, que parece ser el remedio para todos los males. ¡Limpia, fija y da esplendor! Pero hay belleza en esta naturaleza salvaje, como un nuevo amanecer. Es lo que pensarán los ucranianos que llegan a Granada gracias a la solidaridad de muchas personas, lo que nos da esperanza. La guerra, como la calima, va quedando lejos, y la vida continúa. Mientras Zelenski da discursos en los parlamentos del mundo y avisa del nuevo muro que Rusia ha construido en Europa, Netflix vuelve a emitir “Servant of de people”, la serie en la que el actor se convertía en la ficción en presidente de Ucrania. La realidad, sin embargo, ha hecho que el serial parezca una broma, pues Zelenski es el objetivo número uno del ejército ruso y de su comandante en jefe, criminal de guerra. ¿Veremos a Vladimir Putin juzgado por la Corte Penal Internacional? Debe engordar su vanidad ser la persona más odiada del mundo, y sobre él caerán miles de maldiciones de las madres ucranianas y rusas, que ven cómo mueren sus hijos por los demonios del dictador. Cuentan que las bombas de Hiroshima y Nagasaki convirtieron en negras las gotas de lluvia, como rememoraba la famosa película de los ochenta, “Black Rain”: “Mi familia vivió bajo tierra 3 días. Cuando salimos la ciudad había desaparecido. Luego el calor trajo la lluvia, lluvia negra. Ustedes la hicieron negra, y nos hicieron tragar todos sus valores”. La lluvia de Putin es roja.

IDEAL (La Cerradura), 20/03/2022

lunes, 7 de marzo de 2022

Los otros

Los teléfonos móviles saben mejor que nosotros mismos quiénes somos. Nada hay más desasosegante que cuando el aparato te dice: “Su huella digital no coincide”. ¿Cómo? Durante la noche debemos habernos transformado, siendo suplantados por un ser que tiene nuevas huellas dactilares. El otro, el que éramos, vaga ya por el espacio con nuestra identidad antigua, con unas huellas dactilares que le funcionan y le abren todas las puertas. ¿Y qué será del que somos ahora, que no es nadie? Vivir sin teléfono y sin redes sociales nos da un pánico horroroso, pues no tenemos a quien nos diga quiénes somos. Sin embargo, como explicaba el escritor argentino Hernán Casciari en una charla, si siempre hubieran existido los teléfonos móviles no se habrían escrito las grandes obras de la literatura universal. Romeo y Julieta hubieran resuelto sus problemas con una llamada telefónica, por lo que nadie hubiera terminado suicidándose. Un mensaje de WhatsApp habría bastado para salvar la vida de la abuela de Caperucita, ¿y cómo iban a perderse Hansel y Gretel en el bosque si podían llamar a su padre por teléfono? Con un móvil, Penélope no hubiera esperado tampoco con incertidumbre la llegada del viajero Ulises. ¿Hubo una vida antes de los smartphones? No podemos terminar ninguna tarea sin que nos interrumpa un mensaje, una alarma, otra llamada. Si no le hacemos una foto al amigo con el que nos tomamos una cerveza y se la mandamos inmediatamente a otro amigo para que se ría de nuestra pinta, no existen la cerveza, ni la tapa, ni el amigo. Somos el otro, el que camina con un móvil en el bolsillo que guarda nuestras fotos. Y, sin embargo, las redes sociales y los teléfonos también salvan vidas, y sirven para desmontar las mentiras de dictadores sanguinarios como Putin, que cree engañar a la población. Los ucranianos pueden mantenerse en contacto entre ellos, y grabar vídeos para que el mundo sepa lo que está ocurriendo, a pesar de la propaganda. Y el gobierno ucraniano difunde vídeos de cadáveres de soldados rusos y tanques abandonados para que las madres rusas vean cómo mueren sus hijos y aumentar la oposición interna al dictador. Pero incluso en esos momentos tenemos una sensación de irrealidad, viendo desde una prudente distancia los bombardeos y los edificios destruidos. La Unión Europea acogerá a un millón de refugiados que nos hablarán de la terrible realidad. “Somos como vosotros”, dijo Volodímir Zelenski ante el Parlamento Europeo. Pero ¿sabemos quiénes son los otros y quiénes somos nosotros?

IDEAL (La Cerradura), 6/03/2022

lunes, 28 de febrero de 2022

Guerra

Pues efectivamente llegaron los perros del este y se comieron a los conejos que discutían sobre si eran galgos o podencos. Ni lo uno ni lo otro. Un perro rabioso de nombre Putin (con perdón para los perros), que vive entre la Edad Media y el sueño de la Unión Soviética, pero que en su locura nos arrastra a todos. Lo siento sobre todo por los jóvenes, que están viviendo en muy pocos años la angustia que no habíamos vivido en cuarenta. Todo se ha vuelto efímero, cualquier escándalo de la política local o nacional ha dejado de tener importancia. Si buscas la verdad, prepárate para lo inesperado, escribía el filósofo; es difícil de encontrar y sorprendente cuando la encuentras. Saltaba a la vista que Rusia se disponía a invadir Ucrania, pero nadie quería convencerse de ello, queríamos seguir aferrándonos a la seguridad, que se ha esfumado con el primer bombardeo. La vida se convierte en muerte, y se apropia de toda nuestra existencia. Parece una película, si no fuera tan real. La guerra la emiten en directo, y buscamos desesperadamente nuevas noticias, comprobamos la evolución del frente, deseamos que no llegue a la puerta de nuestras casas. Oigo a unos jóvenes: “Prefiero no hablar del tema, lo que tenga que pasar pasará. No voy a preocuparme antes de tiempo”. Oigo también a unas mujeres no tan jóvenes: “Lo que nos faltaba. Ya teníamos la covid-19 como una mala experiencia para esta generación. Y ahora una guerra”. Y no es que no hayamos vivido otras guerras, es que esta trae inquietantes paralelismos con las guerras mundiales, todos los miedos que creíamos que había superado Europa. Esta época ya no es la mejor. Y todo por un tipo (y quienes le apoyan) preocupado porque su país recupere el espacio geopolítico, sin darse cuenta de que quien ocupa el espacio es él, un bloque impenetrable con forma de hombre contra el que se estrellan el sentido común, los derechos humanos, el mundo democrático. Los propios generales rusos balbucean ante él, cuando lo que deberían hacer es quitarlo de en medio, para que su propio país sobreviva a la catástrofe. Esta semana hemos oído las declaraciones más solemnes de los presidentes europeos pidiendo a los ciudadanos que se preparen para lo peor. Incluso el discurso del presidente Sánchez ha sonado más solemne que nunca, mientras el número dos de la embajada de Ucrania en España, Dmytro Matiuschenko, pedía cascos y chalecos antibalas a nuestro país para proteger a la población. Lamentablemente, ya estamos en guerra.

IDEAL (La Cerradura), 27/02/2022

lunes, 24 de enero de 2022

Cerdos

Del cerdo ya sabíamos que se aprovechaba todo (¡ay, benditos callos!), pero nadie sospechaba que, a pesar del ministro de Consumo (que no comerá tampoco la olla de San Antón), no lo criaríamos para comérnoslo, sino para realizar trasplantes de corazón. Lo que el cerdo te quita en forma de colesterol te lo compensa con una nueva vida saludable, por lo que podemos exclamar como Homer Simpson: “la causa de, y la solución a, todos los problemas de la vida!” El primer trasplante de corazón de un cerdo a un ser humano se ha realizado en Baltimore (Estados Unidos), y llama la atención la poca repercusión que ha tenido la noticia. Será porque implica reconocer que, biológicamente, nos parecemos mucho a esos animales que nos sirven tanto para comer como para insultarnos, y hay a quien le cuesta aceptar que pertenece a este reino más doméstico que salvaje. Sin tener que recurrir a nuestros semejantes porcinos, España es líder mundial en donantes y trasplantes de órganos, como informaba Laura Velasco en IDEAL esta semana. En 2021 se han realizado 143 trasplantes de personas que habían superado la covid-19, lo que da una medida de la solidaridad de la gente, incluso en los peores momentos. Son buenas noticias dentro de una actualidad inquietante, con Vladimir Putin dispuesto a iniciar la tercera guerra mundial, como si no hubiéramos aprendido de las anteriores. ¡Menudo cerdo!, con perdón de nuestros queridos gorrinos. Pero le ha faltado tiempo a Pablo Iglesias y la parte morada del Gobierno (la otra parte es la ruborizada) para alertarnos de nuestro espíritu belicista contra los buenos de los rusos, a los que acaso habría que mandarles para que se calmen un ejército de juguetes. Si no se declaran en huelga, claro, que también sabemos gracias al ministro Garzón que estos tienen “su corazoncito”. Imagínenselos negociando las condiciones de la paz con el camarada Putin, que tiene una idea de la humanidad parecida a la que fabularon las hermanas Wachowski. Una cadena trófica formada en el primer escalón por cerdos criados en granjas; el segundo, por seres humanos que se benefician de todos los recursos de estos animales; y el tercero, por un ejército de robots rusos que crían en granjas a los seres humanos para producir energía como si fueran pilas, aunque les hacen creer gracias a Matrix que están criando cerdos o defendiendo su causa. No sé, quizá me haya ido por las patas del jamón de Jabugo. Pero entre humanos y cerdos, uno nunca sabe quiénes son más animales.

IDEAL (La Cerradura), 23/01/2022

lunes, 15 de noviembre de 2021

Guerras frías

Según Josep Borrell, los ciudadanos europeos no saben que están en peligro, aunque hayan recibido 750.000 millones de la UE para paliar los estragos de la covid-19. Bielorrusia amenaza a Polonia y a sus socios con cortar el suministro de gas, además de contar con la amistad del presidente ruso, Vladimir Putin, que a estas alturas parece sacado de una novela de John le Carré, “El espía que surgió del frío”. Porque claro, uno se acostumbra a cargarse a los enemigos, y después de la Perestroika da igual que se trate de un opositor político o de un país opositor. Aquí lo vemos a pequeña escala, en partidos como el PP, donde el alcalde de Madrid y la presidenta de la misma comunidad son enemigos íntimos. “Va”, pues le cortamos la cabeza para que no sea presidente/a. “Te lo juro por Aznar el resucitado y por Snoopy el olvidado”. No ganamos para disgustos, y después de afrontar la guerra vírica lo mismo tenemos que enfrentarnos a una guerra convencional, eso que pensábamos que era cosa de los abuelos fanáticos. Menos mal que ahí tenemos a Europa que, entre tanta incertidumbre, nos riega con maná. Al fondo “Next Generation UE” se han acogido todos los países europeos con los brazos abiertos. No es para menos, si hasta hemos congelado la estabilidad presupuestaria. Ni déficit ni reglas de gasto. Aquí estamos para pagar lo que haga falta. ¿Alguien se acuerda ya del debate que generó la reforma del artículo 135 de la Constitución Española? Entonces se dijo que la constitucionalización de la obligación de las Administraciones públicas de tener que dar prioridad absoluta en sus presupuestos al pago de los intereses y del capital de la deuda pública sobre otras inversiones sacrificaba derechos constitucionales como la protección social. Que se trataba de dotar de dinero al capital financiero y que implicaba que cualquier proyecto progresista alternativo al neoliberalismo quedaba fuera de la Constitución, etc. A veces la cruda realidad desmonta cualquier previsión, y eso ha ocurrido con el control del déficit y la deuda pública, que eran un modo de garantizar la sostenibilidad económica y social de los países europeos. ¿Nos habíamos equivocado antes o nos equivocamos ahora? ¿O sólo nos adaptamos a las circunstancias? De estas cosas debería hablarse más en el parlamento y trasladarlas al debate público, más allá de la reforma laboral, la aprobación de la ley de presupuestos o el cálculo de las pensiones. ¿Una guerra con Putin? Anda ya. Antes viene Santiago a cerrar España.

IDEAL (La Cerradura), 14/11/2021