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lunes, 4 de julio de 2022

Viviendas

Lo que ocurre en España con la ocupación y concretamente en Granada con la Casa del Aire parece el argumento de la película “Mad Max”, donde los supervivientes al cataclismo nuclear en la tierra se pelean por los últimos recursos disponibles: combustible, vehículos y viviendas. Asaltan casas, roban, trapichean con drogas, organizan fiestas de madrugada y lo mismo luego las queman, como temen en el barrio del Albaicín. Pero también hay quien busca chalés o pisos vacíos para ahorrarse el alquiler, e incluso hay quien firma contratos que luego no paga y deja tras de sí un rastro de deudas por muchas ciudades españolas. Hay empresarios que vendieron urbanizaciones que no terminaron de construir y que quedaron como esqueletos en las costas y una losa en la economía de algunas familias. Y ocupas que siguen estrictamente el protocolo para no ser expulsados: buscar inmuebles de entidades financieras, poner suministros a su nombre o pedir comida a domicilio. Se trata de evitar la intervención de la policía, que sólo efectúa el desalojo inmediato si hay delito flagrante, pues si no hay que esperar al proceso de desahucio y a la autorización judicial, que puede tardar hasta un año. Mientras tanto, si los dueños cortan la electricidad para echar a los inquilinos no deseados, pueden ser acusados de un delito de coacciones. La confusión es múltiple porque, aunque se proteja el derecho constitucional a una vivienda digna, debería exigirse siempre un título legítimo para ejercerlo, no necesariamente la propiedad, puede ser un alquiler o una cesión por parte de las administraciones públicas, que deberían promover la vivienda protegida para las personas vulnerables o en riesgo de exclusión social, pero no trasladar esa responsabilidad ni esa carga patrimonial a los ciudadanos. Al parecer, ése es el objetivo del proyecto de Ley por el Derecho a la Vivienda, pero mientras se aprueba o no en el Congreso a los ciudadanos afectados sólo les cabe acudir a la vía civil o a la vía penal. Luego está la vía “Mad Max”, que es la que lamentablemente utilizan algunos ocupas con la complicidad de fuerzas políticas que confunden el Estado democrático con la desaparición de la propiedad privada. Hablar de los derechos sociales en España produce una sensación de “déjà vu”, porque resulta imposible llegar a acuerdos políticos en las cuestiones más básicas. Sin embargo, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, pide a los ciudadanos que se preparen “para cualquier escenario”. Y, atrincherados en sus casas, los ciudadanos piensan: “Nosotros, preparados. Ahora, prepárate tú”.

IDEAL (La Cerradura), 3/07/2022

lunes, 17 de agosto de 2020

Máquinas

Ante las urgencias de todo tipo provocadas por la Covid-19, hay administraciones que están en la realidad, otras en la irrealidad y otras simplemente en la inopia. Como suele ser habitual, entre estas últimas se encuentra el Ayuntamiento de Granada, que con el auspicio surrealista de la consejería de la Junta correspondiente, para revitalizar el turismo quiere poner máquinas que reproduzcan el sonido de los pájaros y aromaticen los miradores del Albaicín. “¿What? ¿Are you crazy? ¿Es el día del turista inocente?” Se ve que no tienen mucha confianza en que sobrevivan los pájaros y los vecinos del barrio, pero quieren un barrio turístico a toda costa, aunque sea fantasmal. Pero es lo que pasa cuando se maneja dinero público. Malgastarlo no duele. Si le plantearas algo así a tu pareja, ésta haría todo lo posible para incapacitarte judicialmente por pródigo. No hay dinero para mascarillas, ni para hacer test PCR a la población, pero para comprar autómatas sí. El caso es que en mitad de una epidemia nacional, España personifica una descentralización administrativa caótica, con el Gobierno central pasándole la pelota sanitaria a las comunidades autónomas, que para eso tienen las competencias, y las administraciones locales haciendo lo que pueden, actuando sensatamente en la Puebla de don Fadrique o Busquístar, y otros espantando moscas. Por eso hay quien reclama que vuelva a declararse el estado de alarma. Más vale una sola dirección, aunque sea mala, que diecisiete decisiones autonómicas, más las decisiones de las dos ciudades autónomas y de los 8.131 municipios que tiene España. Aunque uno nunca sabe qué es peor. Resulta un milagro que este país siga unido cuando cada una de las 50 provincias (que se me olvidaban) tira para su lado, y eso que ni siquiera cuento con Cataluña y el resto de las nacionalidades históricas, que por obra de los pactos autonómicos son ahora todas las regiones españolas. ¿No se están mareando? Representa un esfuerzo hercúleo mantener un equilibrio entre tantas fuerzas e intereses contrapuestos, pero ¡bendito país! Cuando atendiendo a la actualidad uno no sabe si sería mejor recurrir a la cicuta como el maestro Séneca, abre el periódico y casi se muere de un ataque de risa al leer las noticias locales. ¿No podrían poner una máquina para gestionar el consistorio? De todos modos, creo que la mayoría de los concejales del equipo de gobierno anda de vacaciones. Tanta genialidad debe cansar un huevo. Lo lleva en la mano un jinete a lomos de un caballo en la fachada del Ayuntamiento.

IDEAL (La Cerradura), 16/08/2020

domingo, 23 de octubre de 2016

La Granada andalusí

A la vista del viajero ocasional y del vecino que tiene el privilegio de vivir en el Albaicín, se encuentra la Granada islámica, el núcleo originario de la ciudad, construido alrededor de la antigua Alcazaba sobre los asentamientos ibérico, romano y visigodo. Lo explican Juan Castilla Brazales y Antonio Orihuela Uzal en el libro “En busca de la Granada andalusí” (Comares). Y es una lectura para caminantes, pues el redescubrimiento de la ciudad islámica se realiza en siete paseos que constituyen los capítulos: “La Alcazaba Antigua”, “El antiguo barrio de Axares, hoy de San Pedro”, “El barrio Blanco y la muralla del Albaicín”, “El Albaicín”, “La Medina de Granada”, “El mediodía de Granada” y “La Alhambra”; con ilustraciones de Miguel Sobrino González. De este modo, “En busca de la Granada andalusí” puede leerse como una guía histórica y cultural de la ciudad islámica, pero también como un libro de viajes. Y se trata de un viaje en el tiempo, pues acompañados por los autores logramos imaginarnos perfectamente cómo fue la ciudad hace seiscientos años. Hay descripciones técnicas, apuntes históricos, pero sobre todo un conocimiento profundo de la época que se nos está revelando: lugares como El Maristán, la Puerta de Fajalauza o el Carmen de Aben Humeya cobran un nuevo significado, y a ello ayudan las magníficas ilustraciones, que recrean la Granada de entonces. Así, tenemos la sensación de habitar en una ciudad que se ha reinventado a sí misma muchas veces, y cuyas vidas podemos revivir con sólo escoger el itinerario adecuado. Porque la ciudad originaria aún existe, aunque el Albaicín, como barrio, se vaya degradando poco a poco. La presidenta de la asociación de vecinos, Lola Boloix, denunciaba esta semana el abandono de viviendas y la pérdida de población, que ha descendido en dos mil personas en los últimos años. Algunos de esos inmuebles han sido okupados, y aumenta la inseguridad. Pero las peleas, la suciedad y los incendios no pueden ser las señas de identidad del núcleo histórico de Granada. ¿Cómo no es el Albaicín el barrio más mimado por el Ayuntamiento? Recuerdo ahora el comienzo del poema de Ibn Zarmrak, esculpido en la Sala de dos Hermanas de la Alhambra: “Jardín soy yo que la belleza adorna:/ sabrás mi ser si mi hermosura miras. Por Mohamed, mi rey, a par me pongo/ de lo más noble que será y ha sido.” La belleza de la cultura andalusí es una máquina del tiempo. Pero el descuido de ese legado nos condena a la ignorancia.
IDEAL (La Cerradura), 23/10/2016

domingo, 16 de febrero de 2014

Encantados


El Albayzín y el Sacromonte siguen desmoronándose por la inoperancia de nuestras administraciones, Ayuntamiento y Junta, o Junta y Ayuntamiento. La concejala de urbanismo, Isabel Nieto, ha anunciado que archiva la actualización del Plan Especial de Protección y Reforma Interior del Albayzín-Sacromonte (Pepri), de 1990. Al parecer, se ha cansado de esperar el visto bueno de la Junta de Andalucía. ¡Lleva esperando cinco años! Es también el síndrome del los granadinos: esperar a que nos resuelvan las cosas. Porque sufrimos una especie de encantamiento –¿influjo tal vez de la Alhambra, castillo encantado, uno de los centros, según dicen, esotéricos de la Tierra?-. Y fantástica es nuestra incapacidad para romper esta inercia política que se regocija en la impotencia mientras se desmorona este barrio emblemático. Pero pasear hoy por el Albayzín es una experiencia dolorosa, entre casas y calles amenazadas de ruina. Y si algún vecino pretende pedir una licencia para realizar alguna obra, se encontrará en un limbo administrativo, como le ocurre al propio barrio, Patrimonio de la Humanidad, una declaración vacía actualmente. La tontería que suele decirse en estos casos es que esto no ocurriría si el mismo partido gobernara en ambas administraciones. ¡Qué visión más catastrófica! ¿Es el Estado Autonómico la excusa perfecta para cualquier disparate? Y la culpa no la ha tenido el régimen jurídico establecido en la Constitución española, sino quienes nos gobiernan, que son doctores en demagogia. Es algo que no podía prever el constituyente, como tampoco que todas las regiones españolas decidiesen convertirse en Comunidades Autónomas, ni que se desatase esa carrera para asumir identidades y nacionalidades históricas, en la que uno de los episodios más esperpénticos lo hemos vivido precisamente en Andalucía, que, sin embargo, es de las pocas comunidades que se opone con dignidad a la política de tierra quemada del Gobierno central. Porque, puestos a reformar la Constitución, yo pondría al frente de las Administraciones públicas a unos cuantos funcionarios nombrados por la Comisión Europea, el Banco Central y el Fondo Monetario Internacional (Troika), que son los que al fin y al cabo toman las decisiones importantes, esas que reflotan a la banca hundiendo a los ciudadanos. ¡Vaya! Y todo esto se le ocurre a uno observando el estado paupérrimo en el que se encuentra el barrio del Albayzín. Si es que, de pura dejadez, van a provocar una revolución ciudadana. Quizá la próxima vez me ahorre el paseo y también el mal rato. Porque en Granada estamos encantados.
IDEAL (La Cerradura), 16/02/2014