martes, 19 de abril de 2022

Racionamiento

Con una inflación que ya va por el 10%, el Estado y el resto de Administraciones públicas deberían reordenar sus prioridades para prestar mayor atención a los ciudadanos, que ven cómo no pueden llenar la cesta de la compra ni el depósito de combustible, pagar los suministros básicos, llegar a fin de mes. Y hablo de Estado y no de Gobierno, como deberíamos hablar de comunidades autónomas y ayuntamientos, independientemente del partido que las gobierne. Si los grandes partidos se preocupan por llegar a acuerdos de interés público para asegurar el Estado social, sobrevivirán; si no, serán barridos por las penurias económicas y sociales, que irán a más en un contexto geopolítico de inestabilidad y guerra. En Francia, el Partido Socialista apenas ha alcanzado el 2% de los votos en las elecciones, y la extrema derecha tiene serias opciones de llegar al Elíseo con propuestas tan peregrinas como pactar una alianza con Rusia o acabar con la Unión Europea, que es ahora mismo la que financia la prestación de los servicios públicos esenciales en los Estados miembros, la mayoría en quiebra técnica. Es el paisaje que queda después del desastre. A Vladímir Putin le estorban los ucranianos, y por eso dice que sufren una enfermedad repulsiva: hay que desnazificarlos. La cosa tendría gracia si no viniera de alguien que parece el hermano gemelo de Adolf Hitler, y si no fuera sostenida por todo un aparato político de propaganda. ¿Se les caerá la cara de vergüenza a todos aquellos que, en España, han simpatizado con esta dictadura de herederos de la KGB? Pues se ve que no, pero para eso están las hemerotecas, que revelan que los extremos de Vox y Podemos están, sin embargo, tan cerca que casi llegan a tocarse. Pero ahí tenemos al PP, dispuesto a pagar el precio del poder en Castilla y León, que ha guardado ya en un cajón cualquier política que pueda sonar a progresista, empezando por el anteproyecto de ley para garantizar el principio de igualdad de trato y de no discriminación por razón de orientación sexual e identidad de género. Y continuando con la normativa de memoria histórica, que protege la recuperación de los cuerpos de miles de represaliados del franquismo que todavía permanecen enterrados en fosas comunes. Pero ¿sí nos escandalizamos con el descubrimiento de fosas en las ciudades ucranianas? Será la elocuencia del directo, pero también habría que racionar la demagogia política en España. PSOE y PP deben pactar un proyecto común para que sobreviva el Estado social y democrático de derecho.

IDEAL (La Cerradura), 17/04/2022

lunes, 11 de abril de 2022

Santos

A tenor de lo que hemos oído esta semana, en el Congreso deberían seguir llevándose mascarillas indefinidamente, y de gas. Sobre todo, cuando el diputado de Vox José María Sánchez compara al presidente del Gobierno Pedro Sánchez (podrían ser hermanos o primos) con Hitler y al ministro Félix Bolaños con Joseph Goebbels. Que el diputado en cuestión sea catedrático de Derecho Canónico y juez en excedencia da más miedo que otra cosa. Eso de achacar a los demás tus propios defectos es muy propio de mentes retorcidas. Porque son algunos diputados de Vox los que dicen cosas parecidas a las que decía el führer cuando se refieren a los inmigrantes, por ejemplo. Y es que algunas ideologías producen monstruos, y deberían estar fuera del Parlamento. El Estado de Derecho ampara la libertad de expresión, pero no las expresiones que no son democráticas, y aquellos que no creen en los derechos fundamentales no son demócratas, ya vengan de la derecha o de la izquierda, apoyen al Gobierno o se encuentren en la oposición. Se ve que no tenemos suficiente con las imágenes de las masacres que nos trae la guerra para que nuestros políticos, en vez de solidarizarse con las víctimas, empiecen a utilizar palabras gruesas, contaminados al parecer por la misma violencia. Así, cuando Volodímir Zelenski compara los bombardeos de las ciudades ucranianas con el bombardeo de Guernica, en la guerra civil española, esos mismos diputados se apresuran a decir que no es un buen símil, porque fueron los nazis quienes lo ejecutaron y combatían junto a Franco. Qué daño a hecho a la política española no condenar en su momento expresamente el franquismo. Eso explica que personajes siniestros del pasado sigan presentes nada menos que en el Congreso de los Diputados. Los trapaceros de entonces son los trapaceros de ahora, y te los sigues encontrando en las Administraciones públicas, desde la universidad a la judicatura. Ahora que va a desaparecer la obligación de llevar mascarillas, se descubren las comisiones millonarias que los especuladores Luis Medina, conocido por ser hermano del duque de Feria (¿no deberían desaparecer ya los títulos nobiliarios?), y Alberto Luceño cobraron por la venta de material sanitario defectuoso al Ayuntamiento de Madrid en plena pandemia. ¿Nadie sabía con quiénes estaban tratando? ¿O lo sabían demasiado bien? Seis millones de euros que dedicaron a comprar coches de lujo, un yate o un piso en Pozuelo de Alarcón. En España hay tradiciones y tradiciones. ¡Pecadores!, exclamaría Chiquito de la Calzada. No hay suficientes penitentes para tanto santo.

IDEAL (La Cerradura), 10/04/2022

lunes, 4 de abril de 2022

Tapas

El alcalde de Granada quiere acabar con las tapas gratis, pues son alta gastronomía. Menudo sacrilegio. Porque gratis no son, ya que pagas la bebida, y según la ciudad a la que vayas esta puede costarte un ojo de la cara. En esta ciudad no, lo que compensa un poco la malafollá reinante, que suele verse también en la hostelería. “¿Quiere usted una tapa, con la inflación disparada al 10%? ¿Le doy también un riñón?” Granada, Sevilla, Córdoba y Málaga se alían para atraer turistas, pero luego se pelean para que se queden a dormir. Prefieren que sean extranjeros y con un alto poder adquisitivo. No podemos pagar el recibo de la luz, pero no podemos renunciar a unas cañas. ¡Con tapa! Que se las cobren a los turistas. El carné de granadino sería un buen invento para la hostelería. Desde que Manuel Fraga acuñara el eslogan “Spain is different”, nuestro país no ha cambiado mucho, y sigue vendiendo las playas y el sol, el flamenco y el esquí. Granada vende la Alhambra y la puesta de sol más bonita del mundo, aunque su mejor embajador continúa siendo Federico García Lorca, que decía que en esta ciudad eran muy bonitos el cielo y el suelo y que lo peor era el entresuelo. ¿No es eso malafollá? Los hosteleros desean que nos quitemos por fin las mascarillas, y Vox y Ciudadanos lo han pedido esta semana en el Congreso. “Paso a paso”, dicen desde el Ministerio de Sanidad, como si fuera un anuncio de la Semana Santa, que se espera por el sector turístico como un maná. ¿Se cumplirán las cifras de la prepandemia? “Spain is beautiful and different. Visit Spain”, decían los carteles de la época. Y lo mismo podría decirse de Granada. Que África no empieza en los Pirineos. ¿Saben ya los suecos que aquí no se cazan leones y que las mujeres no van vestidas de gitana? Los extranjeros pensaban que las mujeres llevaban un puñal en la liga, y que todos los días había procesiones. Ahora los puñales se llevan al Congreso, y si te descuidas te los clavan por la espalda. Pedro Sánchez creía que esta semana iban a recibirlo con vítores después de lograr que la Unión Europea reconozca efectivamente que España es diferente, al menos en lo que al consumo de energía se refiere. Pero cuando llegan los recibos, no hay consuelo que valga. Salvo vivir en Granada y poder tomarte una cerveza con su tapa. ¡Ay, las cosas que dicen los alcaldes! Granada is different.

IDEAL (La Cerradura), 3/04/2021

lunes, 28 de marzo de 2022

Derechos humanos

En un mundo caótico todo puede ser peor, claro, pero también podría ser mejor. Si no existieran Murphy y compañía, lo mismo hasta acabaríamos el año cantando en la Plaza Roja de Moscú himnos pacifistas. Pero la incertidumbre bélica ha traído la de los precios, y hay gente a la que el miedo la lleva a comprar en los supermercados como si dispusieran de un refugio nuclear en el piso. Vayamos a que todo suba aún más. Murphy diría que sí, aunque National Geografic haya descubierto ahora que “Granada es la maravilla más desconocida del siglo XXI”, y recomienden nuestras cañas y tapas a los turistas. Sin embargo, que se las tomen va a ser más difícil. Porque mientras el Gobierno espera a que la UE le haga caso en sus propuestas, los transportistas colapsan las calles y dejan vacías las estanterías de los supermercados y los almacenes de empresas como Portinox, que cierra su planta de Granada por falta de materias primas. Si no había latas de cerveza en los supermercados, tampoco habrá barriles en los bares. ¡Rebelión! ¿Dejaremos de tomar cañas? Ya veo cómo nos convertimos en un país intelectual y aburrido, acostumbrados como estamos a los intelectuales de bar, aunque en las barras de esta ciudad se hayan escrito muy buenos poemas. Y las tapas, claro, que tampoco hay pescado frito. El Estado va a terminar subvencionando el transporte y la pesca, y esto no ha hecho más que empezar. El derecho a huelga es constitucional, pero los piquetes son una mafia que sólo echa tierra sobre los trabajadores. Obligar a la gente a hacer lo que quiere o lo que no quiere es también una táctica bélica. Porque casi todo el mundo está dispuesto a condenar la guerra, pero no a hacer sacrificios. Ni siquiera la UE es capaz de aplicar las sanciones más severas unánimemente a Rusia por su dependencia energética. ¿Vamos a sacrificar los sectores productivos y comerciales nacionales para acabar con el dictador? Alemania ya ha dicho que no, aunque los efectos sean en cascada, desde las entidades financieras a las industrias alimentarias. Estados Unidos ha anunciado sanciones contra la Duma y más de 400 figuras y empresas cercanas a Putin, pero son muchas pymes y profesionales españoles quienes tienen que echar el cierre. Hay gente que cree que es buena porque le da pena otra gente, diría Rodrigo Cortés, y nadie quiere sufrir por ese ruso que parece el vómito de un tártaro. Aunque sea para defender los derechos humanos.

IDEAL (La Cerradura), 27/03/2028

lunes, 21 de marzo de 2022

Lluvia roja

Como si fuera un símbolo de lo que ocurre en el mundo, esta semana los cielos se han encendido, y hasta la blancura de la sierra se ha transformado en un manto rojo. Los abrigos se punteaban con gotas de arena, y la gente pensaba en el Apocalipsis, después de la pandemia y la guerra. ¿Qué será lo siguiente?, se pregunta. ¿Un meteorito que acaba con todos los putines? Por mi ventana veo a las gaviotas que vuelan enloquecidas, como si buscaran una isla donde esconderse, como ha hecho esa foca que ha ido a echarse una siesta en la playa de Motril. Del Sáhara viene esta tierra que mancha los coches y las calles, apresurando la desertización de la Península Ibérica. ¿Debemos huir al norte? Suben la luz, la gasolina, las frutas y verduras, y los transportistas se declaran en huelga. El pescado se congela y no llega a las pescaderías, y con la escasez de aceite de girasol los churros valen un ojo de la cara. La gente vuelve a aprovisionarse de papel higiénico, que parece ser el remedio para todos los males. ¡Limpia, fija y da esplendor! Pero hay belleza en esta naturaleza salvaje, como un nuevo amanecer. Es lo que pensarán los ucranianos que llegan a Granada gracias a la solidaridad de muchas personas, lo que nos da esperanza. La guerra, como la calima, va quedando lejos, y la vida continúa. Mientras Zelenski da discursos en los parlamentos del mundo y avisa del nuevo muro que Rusia ha construido en Europa, Netflix vuelve a emitir “Servant of de people”, la serie en la que el actor se convertía en la ficción en presidente de Ucrania. La realidad, sin embargo, ha hecho que el serial parezca una broma, pues Zelenski es el objetivo número uno del ejército ruso y de su comandante en jefe, criminal de guerra. ¿Veremos a Vladimir Putin juzgado por la Corte Penal Internacional? Debe engordar su vanidad ser la persona más odiada del mundo, y sobre él caerán miles de maldiciones de las madres ucranianas y rusas, que ven cómo mueren sus hijos por los demonios del dictador. Cuentan que las bombas de Hiroshima y Nagasaki convirtieron en negras las gotas de lluvia, como rememoraba la famosa película de los ochenta, “Black Rain”: “Mi familia vivió bajo tierra 3 días. Cuando salimos la ciudad había desaparecido. Luego el calor trajo la lluvia, lluvia negra. Ustedes la hicieron negra, y nos hicieron tragar todos sus valores”. La lluvia de Putin es roja.

IDEAL (La Cerradura), 20/03/2022

lunes, 14 de marzo de 2022

Brigadistas

La información sobre la guerra de Ucrania se ha convertido en una telenovela trágica. Analistas y medios se afanan en informarnos al minuto de la evolución de las batallas y sus consecuencias. Los titulares sensatos y sensacionalistas se mezclan, y no da tiempo a asimilar tantas malas noticias. Entonces llegan los héroes, y nos cuentan que hasta 20.000 voluntarios de los países occidentales han respondido a la llamada del presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, para formar una brigada internacional que combatirá al dictador ruso y que recuerda a la brigada internacional que combatió junto a la República en la Guerra Civil española. ¡Somos brigadistas! Pero estamos en el siglo XXI, y la influencia del universo Marvel se deja notar en el discurso de algunos periodistas, que nos cuentan que “Wali”, “el francotirador canadiense más temido”, se ha unido a la batalla. ¿Terminarán contándonos que los servicios secretos de los gobiernos de la OTAN están buscando las gemas del infinito para acabar con el megavillano Thanos (una caricatura de Putin)? Volodímir Zelenski, sin embargo, es un héroe de verdad, un actor que ha descubierto que tenía que interpretar un papel fundamental, probablemente para el que llevaba preparándose toda la vida, y que despierta simpatía y solidaridad, aunque no tanta para que se admita inmediatamente a Ucrania en la Unión Europea. Incluso Anonymous se ha unido a la ciberguerra. Una organización en la que nadie sabe quién es quién y en la que podríamos estar integrados todos los que manejamos un ordenador o tenemos una cuenta de Twitter. Cada uno batalla a su manera, y en las redes sociales partidos y ciudadanos se cruzan reproches sobre la hipocresía y el cinismo de esta guerra y por qué no nos hemos preocupado por otras en Oriente Medio o África. La respuesta es obvia. Somos europeos, y esta guerra ya está llegando a nuestras casas con los miles de ucranianos que estamos acogiendo. Nos afecta por mucho que seamos pacifistas y nos manifestemos en contra, porque se pierde el derecho a decidir sobre la propia vida y la de los demás. Es lo que más tememos: perder los derechos y libertades a los que estábamos tan acostumbrados y que no valorábamos tanto como ahora. Algo tan simple como dar un paseo, leer un libro o ver una película, disponer de un techo y un plato de comida. Vamos a tener que luchar por eso. Europa se rearma mientras nos avisan de que hay que recortar el consumo de energía. Nos han convertido en brigadistas.

IDEAL (La Cerradura), 13/03/2022

lunes, 7 de marzo de 2022

Los otros

Los teléfonos móviles saben mejor que nosotros mismos quiénes somos. Nada hay más desasosegante que cuando el aparato te dice: “Su huella digital no coincide”. ¿Cómo? Durante la noche debemos habernos transformado, siendo suplantados por un ser que tiene nuevas huellas dactilares. El otro, el que éramos, vaga ya por el espacio con nuestra identidad antigua, con unas huellas dactilares que le funcionan y le abren todas las puertas. ¿Y qué será del que somos ahora, que no es nadie? Vivir sin teléfono y sin redes sociales nos da un pánico horroroso, pues no tenemos a quien nos diga quiénes somos. Sin embargo, como explicaba el escritor argentino Hernán Casciari en una charla, si siempre hubieran existido los teléfonos móviles no se habrían escrito las grandes obras de la literatura universal. Romeo y Julieta hubieran resuelto sus problemas con una llamada telefónica, por lo que nadie hubiera terminado suicidándose. Un mensaje de WhatsApp habría bastado para salvar la vida de la abuela de Caperucita, ¿y cómo iban a perderse Hansel y Gretel en el bosque si podían llamar a su padre por teléfono? Con un móvil, Penélope no hubiera esperado tampoco con incertidumbre la llegada del viajero Ulises. ¿Hubo una vida antes de los smartphones? No podemos terminar ninguna tarea sin que nos interrumpa un mensaje, una alarma, otra llamada. Si no le hacemos una foto al amigo con el que nos tomamos una cerveza y se la mandamos inmediatamente a otro amigo para que se ría de nuestra pinta, no existen la cerveza, ni la tapa, ni el amigo. Somos el otro, el que camina con un móvil en el bolsillo que guarda nuestras fotos. Y, sin embargo, las redes sociales y los teléfonos también salvan vidas, y sirven para desmontar las mentiras de dictadores sanguinarios como Putin, que cree engañar a la población. Los ucranianos pueden mantenerse en contacto entre ellos, y grabar vídeos para que el mundo sepa lo que está ocurriendo, a pesar de la propaganda. Y el gobierno ucraniano difunde vídeos de cadáveres de soldados rusos y tanques abandonados para que las madres rusas vean cómo mueren sus hijos y aumentar la oposición interna al dictador. Pero incluso en esos momentos tenemos una sensación de irrealidad, viendo desde una prudente distancia los bombardeos y los edificios destruidos. La Unión Europea acogerá a un millón de refugiados que nos hablarán de la terrible realidad. “Somos como vosotros”, dijo Volodímir Zelenski ante el Parlamento Europeo. Pero ¿sabemos quiénes son los otros y quiénes somos nosotros?

IDEAL (La Cerradura), 6/03/2022