lunes, 30 de octubre de 2023

En lata

Nos apretamos en el autobús, mientras el conductor deja que siga subiendo gente. Es una ruta concurrida en el área metropolitana, y se ve que todos tenemos prisa por llegar a trabajar. Aunque la realidad es que no veo nada. La maraña de cuerpos es prácticamente impenetrable. Mi vecino de asiento ha optado por echarse un sueño con la cabeza sobre las rodillas, lo que ha aprovechado otro que iba de pie en el pasillo para apoyarse sobre su espalda y poner la cabeza casi junto a la mía, que mantengo rígida para evitar el contacto con el pasajero de delante y el de atrás, que no sé por qué se inclina también hacia mí, como si todos personificasen la amenaza de un futuro catastrófico. ¿Dónde está la distancia de seguridad? ¿Dónde están las mascarillas? Como una letanía se suceden las toses y los estornudos, esa especie de solidaridad que inunda a la muchedumbre cuando comparte espacios reducidos, y como aquí no hay motivos para aplaudir, el mimetismo consiste en que se acompasen carraspeos y expectoraciones y los cuerpos al balanceo del vehículo, lo que hace que unos nos echemos encima de otros, rozándonos, tocándonos, contaminándonos, miembros de una única familia unida por virus de toda índole. Será la razón por la que cuando llegamos al centro y las puertas por fin se abren, somos expulsados como si saliéramos del útero materno y la necesidad de respirar haga que nos traguemos ansiosamente los gases de la contaminación que rodea el Palacio de Congresos. Ni siquiera me da tiempo a pensar si habrán tomado nota de esto los participantes en las sucesivas cumbres políticas y empresariales que han visitado la ciudad últimamente, pues vuelvo a ser arrastrado por la corriente, esta vez con codazos y empujones que casi me hacen añorar los bostezos y los alientos retestinados que flotaban en el autobús, porque ya sólo faltan diez minutos para las ocho de la mañana. ¿No se iba a acabar el mundo? ¿No iba tan mal España? ¿Adónde va la gente con tanta prisa? En contra de mis pronósticos la marea humana desemboca en una cafetería, donde en menos de cinco minutos devora medias tostadas de aceite y tomate, cafés, cola caos y churros antes de volver a salir en estampida, ahora sí, cada uno por su lado, hacia la puerta de las respectivas oficinas. Ya se les echa de menos. Llueve y han bajado las temperaturas. Nos hemos quedado solas, pero con el mismo resfriado, las demás sardinas y yo.

IDEAL (La Cerradura), 29/10/2023

martes, 24 de octubre de 2023

Sensacionalismo

Entre tantas informaciones sobre las muertes en Israel y Gaza que nos sobrecogen estos días, me llama la atención la de Álvaro Prieto, un adolescente cordobés que, por lo que leemos en la prensa, sólo quería volver a casa, pero murió electrocutado en el techo de un tren. Un chaval cuya mayor preocupación en ese momento era probablemente la de llegar cuanto antes. TVE se apresuró a emitir las imágenes del cadáver, confundiendo la información con el sensacionalismo. No es de extrañar la psicosis que hay entre la población por miedos a atentados terroristas cuando apenas logramos distinguir entre los bulos que se propagan por las redes sociales y la información amarilla de los medios pretendidamente serios. Se blindan embajadas y se vigila la celebración de actos religiosos. La gente se encuentra coches de policía en las calles y en la puerta del edificio, y quizá también se vigilen los accesos a internet. ¿De quién nos fiamos? Si haces caso a algunos mensajes de WhatsApp, deberíamos quedarnos en casa, evitar el transporte público y los lugares de interés, pues España estaría en un nivel de alerta 5, temiendo un atentado inminente. Un bulo para que nos encerremos y esperemos el advenimiento de algún gran líder con unas abdominales tan cuadriculadas como su cerebro. Pero es que tampoco podemos mirar el tiempo. De las olas de calor hemos pasado a la ola de frío, al viento que causa que se caigan árboles, fachadas o una farola en la Avenida de la Ilustración (menuda metáfora) de Granada. No me extraña que los adolescentes españoles estén deprimidos, pues si a la actualidad catastrofista cotidiana suman el cambio climático, la nueva guerra fría con China y la tan repetidamente anunciada hecatombe nuclear, uno sólo puede aspirar a quitarse de en medio o asolar el barrio de los Pajaritos con una macrofiesta en la que profetas beodos vayan transmitiendo la buena nueva del fin del mundo de ventana a ventana. Joder, se dicen, si es que no nos dejan ni pasear por el parque. Parece una plaga bíblica, de la que siempre podemos culpar a los judíos, o a los “jodíos”, como circula en otro mensaje de WhatsApp donde se nos ilustra sobre el origen sefardí de la mayoría de los apellidos españoles. Creo que figuraba Sánchez, pero estoy casi seguro de que no salía Belarra. En la Unión Europea alucinan con la posición del Gobierno de España, que nadie conoce, y eso que lo forman veintitrés miembros. ¿Quién es antisemita? La desinformación es hoy lo importante.

IDEAL (La Cerradura), 22/10/2023

lunes, 16 de octubre de 2023

Hostilidades

Si no estamos de acuerdo en las cuestiones esenciales, será difícil pactar en las accesorias. Lo importante son los delitos de lesa humanidad y tener claro que el asesinato nunca está justificado, lo cometa Hamás o Israel. Pero si crees que la ideología puede justificar la muerte, es que estarías dispuesto a asesinar también por una “causa justa”. La tibieza de algunos de nuestros políticos al condenar el terrorismo de Hamás (o el de Putin) los descalifica, porque los derechos humanos son incuestionables. Tal vez el problema radique en la misma tibieza con la que nos hemos acostumbrado en España al hablar del terrorismo de ETA, probablemente porque la voluntad de Bildu parece ahora imprescindible para formar gobierno. Pero una cosa es la “normalización política” u otros eufemismos en el País Vasco y España y otra no condenar a los asesinos que siguen sin arrepentirse de lo que hicieron. La realización de un documental sobre Josu Ternera puede ampararse en el derecho a la información, pero otra cosa es ir a verlo sin que las declaraciones de un terrorista confeso te repugnen moralmente, aunque no le repugnen a un periodista con pocos escrúpulos ni a la dirección de un festival de cine que lo proyecta como si fuera un acontecimiento. Se ha normalizado la infamia, hasta el punto de que podemos ver en un informativo y casi en directo el asesinato de unos jóvenes israelitas que celebran una fiesta justo antes del ataque terrorista. Nos falta tiempo para compartir tanta muerte en las redes, y los medios se contentan con convertirse en altavoces sensacionalistas, pues no pueden competir con la inmediatez irreflexiva. Así que nos describen las escenas de una manera macabra, como si no las estuviéramos viendo. El hecho de que millones de personas compartan los mismos vicios no convierte esos vicios en virtudes, como el hecho de que compartan muchos errores no convierte los errores en verdades, ni el hecho de que compartan las mismas formas de patología mental no hace que esas personas estén cuerdas, diría Erich Fromm. Ante el horror de lo que ocurre en Gaza, la crispación política en la celebración del Día de la Hispanidad resulta ridícula, pero también sintomática de una sociedad en la que la difusión de la negatividad, la desconfianza, la hostilidad y la polarización es algo cotidiano. En ese sentido, la diferencia estriba únicamente en el grado de violencia, física o verbal que se utiliza. La política puede ser social o tóxica, liberadora o asesina.

IDEAL (La Cerradura), 15/10/2023

lunes, 9 de octubre de 2023

Soberanías

No sé si las prioridades de los líderes europeos que se han reunido esta semana en Granada son las mismas que las de los ciudadanos que han visto alteradas sus costumbres (ojalá que sí), pero aunque no todos hayan podido disfrutar de un menú de 300 euros sí han tenido la tranquilidad de disponer de un policía en cada esquina. En la esquina de cada calle, y también acompañándote por las aceras o cuando conducías el vehículo por la autovía. Cinco mil policías, sin contar robots y drones. ¡Menudo atasco! Uno ya sabía que cuando hay retenciones en alguna rotonda es porque un policía local está dirigiendo el tráfico, pero hemos sumado a los nacionales y a los guardias civiles, por lo que la tranquilidad era doble e incluso triple. Hay también quien se ha llevado un mal rato, como ese hombre en busca y captura al que no se le ocurrió otra cosa que colarse en el metro, pero si no tienes nada que esconder tampoco sufres demasiado. A la gente le da miedo la autoridad porque tiene cargo de conciencia, pero sólo debe aprender de nuestros representantes públicos, que cuando dan un discurso tiran de Federico García Lorca y de la historia hasta convertirlos en lugares comunes, porque ellos no tienen cargo de conciencia de ninguna clase. El cargo, sí; la conciencia, quién sabe. El caso es que entre los líderes europeos estaba Vjosa Osmani, la presidenta de la autoproclamada República de Kosovo, que no ha sido reconocida por España, pero no estaban el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, ni la alcaldesa de Granada, Marifrán Carazo, que deberían haber sido los anfitriones del acto. Hace bien el presidente en funciones en reunirse con todos sus colegas europeos, pero lo haría fetén si hiciera lo mismo con todos los líderes políticos españoles, presidentes o no, pues tiene que formar gobierno. Ya sabemos que sí negocia con Carles Puigdemont, pero ¿por qué no se reúne con Alberto Núñez Feijóo o incluso con Santiago Abascal, cuando sí recibe con los brazos abiertos a Giorgia Meloni o a Viktor Orbán? Si uno de los objetivos de esta cumbre era ampliar la UE y “mejorar la soberanía europea”, ¿no habría que empezar por mejorar la soberanía española? Ay, cómo me gustaría que se cumpliesen los mandatos constitucionales no sólo para empoderar a una parte del pueblo, sino a todos los ciudadanos que se identifican con España y con una idea federal y democrática de Europa. Hay que integrar, no disgregar.

IDEAL (La Cerradura), 8/10/2023

lunes, 2 de octubre de 2023

Convivencia

Si hubiera acuerdo sobre un par de cuestiones básicas, España sería mucho más agradable, y quizá escalase puestos en esas encuestas sobre la felicidad que tanto gustan en los países presuntamente desarrollados. Habría que empezar por el Congreso, donde nuestros diputados, más allá del reglamento, deberían cumplir unas reglas de educación mínimas, evitando los insultos y las pataletas, que no se admiten ni en las guarderías. “Esto no es un patio de colegio”, ha gritado esta semana la presidenta, Francina Armengol, en la fallida sesión de investidura de Alberto Núñez Feijóo, al que no se ha dignado a replicar Pedro Sánchez. Nos quejamos del infantilismo de la sociedad, pero qué decir de nuestras señorías, que se apodan a sí mismas y se comportan como jabalíes, de lo que ha ejercido al parecer el designado portavoz del PSOE, Óscar Puente, si atendemos a la prensa. ¿Tendrán que aprobar (si son capaces de llegar a un acuerdo) una ley específica para regir su comportamiento, como la que acaba de entrar en vigor sobre el maltrato animal? El maltrato es más bien social, una zafiedad y una pobreza intelectual que irradia el parlamento e irresponsablemente transmiten los medios de comunicación, donde el análisis reposado está siendo sustituido por la opinión sectaria, las noticias por el sensacionalismo, y donde cada vez es más difícil encontrar una información meramente objetiva. Esa mala baba inunda las ediciones digitales y las ondas desde por la mañana temprano, por lo que no es de extrañar que la gente tienda a taparse los oídos, a que crezca el porcentaje de abstención en las elecciones, a que para informarse dejen de lado los medios tradicionales para acudir a otras plataformas que, en un círculo vicioso, fomentan la ignorancia y el populismo. Es lo que ocurre cuando las instituciones no cumplen su función ni los que antes llamábamos responsables públicos. ¿A qué han acudido los diputados al Congreso esta semana? ¿Ése es el respeto que tienen por las instituciones democráticas, por los ciudadanos a los que representan y por sí mismos? Visto lo visto, efectivamente tendría que haber unas nuevas elecciones. Pero dada la incapacidad mostrada, si quedara un poco de dignidad en los partidos ningún candidato debería repetir en otra convocatoria. Y tampoco los diputados, que no tienen libertad para votar y ni siquiera para decir lo que piensan. Ustedes no cumplen con la voluntad popular ni con la de las bases. Así que dedíquense a otra cosa. No hacen faltan indultos ni amnistías. Hagan listas nuevas.

IDEAL (La Cerradura), 1/10/2023

lunes, 25 de septiembre de 2023

Inconsciencia artificial

En algunas familias, los móviles han sustituido a los padres en el proceso educativo. Por lo visto, un teléfono es el regalo de primera comunión más habitual para los niños de ocho años, que es la edad con la que se inician en la pornografía. Así, no es de extrañar que algunos menores de Almendralejo (Badajoz) hayan utilizado una aplicación de “fakes” para desnudar a amigas y compañeras y compartir esas fotografías trucadas por WhatsApp. Lo de distribuir vídeos “deepfakes” de políticos y famosos ya era algo habitual, pero ahora puedes encontrarte con cualquiera que utilice tu imagen para lo que se le ocurra, quizá porque esté aburrido y se haya cruzado contigo en el autobús. Vamos por la calle armados con artefactos de intrusión masiva, pero a nadie parece preocuparle demasiado. No controlamos las actualizaciones de nuestros teléfonos y ordenadores, no sabemos exactamente qué aplicaciones se actualizan y con qué fin, aparte de tenernos controlados, claro, y tal vez dentro de poco veamos cómo la inteligencia artificial reorganiza con la misma rapidez el mercado de trabajo, sacando a muchos seres humanos de la ecuación. Al igual que se optimizan las aplicaciones informáticas, el mercado optimizará su eficacia prescindiendo de buena parte de los trabajadores, como ocurrió en la Revolución Industrial. Entonces nacieron los sindicatos y los derechos laborales, y ahora haríamos bien en regular el uso de la Inteligencia Artificial (IA). Los primeros que han empezado a rebelarse son los actores de Hollywood, que temen que muy pronto sean reemplazados por modelos biométricos, que con suerte utilizarán su cara y poco más, como ya se hace en muchas campañas publicitarias. Lo mismo ocurre con guionistas y escritores, que ven cómo sus creaciones son plagiadas, mezcladas y recreadas por programas como ChatGPT, que es también la aplicación estrella entre nuestros estudiantes universitarios. La plataforma Amazon está inundada de libros creados por la IA, aunque lo que caracterice a la creación literaria y artística sea la originalidad. Y no tranquiliza mucho ver la línea editorial de las grandes empresas del sector, que dedican la mayor parte de su catálogo a publicar libros comerciales que repiten la misma fórmula una y otra vez. Pero hace falta una regulación de la IA en el marco de las organizaciones internacionales y de la UE. Porque la época del Gran Hermano ya pasó. Entregada nuestra identidad, parecemos dispuestos a entregar también nuestra creatividad e inteligencia, esas cualidades que nos identifican como seres humanos. Y deberíamos cultivarlas y protegerlas antes de que no sirvamos para nada.

IDEAL (La Cerradura), 24/09/2023

lunes, 18 de septiembre de 2023

Fracaso educativo

Los problemas reales de un país no estriban en si se puede o no formar gobierno, sino en el futuro que puede ofrecer a los jóvenes que viven en él. Y España encabeza la lista de los países europeos con mayor abandono escolar, nada menos que un 13,9% de los jóvenes entre 18 y 25 años, según un informe publicado esta semana por la OCDE.  El 26,5% de quienes tienen entre 25 y 34 no ha pasado tercero de la ESO (“eso” es la Escuela Secundaria Obligatoria) y un 17% de los que tienen entre 18 y 34 ni estudia ni trabaja. Ni siquiera son “ninis”, sino un cero a la izquierda. Son datos de un país en vías de desarrollo, no de una democracia europea que presume de progresista. El verdadero problema del Estado autonómico no es si puede convertirse o funciona ya de hecho como un Estado federal o plurinacional, sino las carencias que muestran las comunidades autónomas al prestar los servicios públicos esenciales, como son la educación y la sanidad. Más que en cómo se definan nuestras administraciones, debemos fijarnos en las competencias que tienen atribuidas y si las ejercen eficazmente, que es lo único que justifica su existencia en un Estado social y democrático de derecho. Y, en ese sentido, la descentralización española ha supuesto un fracaso. No ha servido para que la educación y la sanidad sean mejores, sino para duplicar o triplicar el gasto público, las instituciones del Estado, los cargos políticos y la carga tributaria de los ciudadanos. “Eso” explica también la desafección que hay entre la ciudadanía por el propio país, pues probablemente el mayor nexo identitario sea la educación que se recibe, que debería ser la misma en todo el territorio español, como los servicios sanitarios deberían ser exactamente los mismos en todas las comunidades autónomas, sin que hubiera ninguna posibilidad de privatización. “Eso” es perfectamente compatible con que en los programas educativos se incluyan las singularidades territoriales e históricas, que quizá se aceptasen con naturalidad si se explicasen de la misma manera en Madrid, en el País Vasco, en Cataluña o en Andalucía. Si pudieran destinarse a fines sociales todos los recursos malgastados por las comunidades autónomas en estos ámbitos, no existiría pobreza en España. Luego están los detalles, si se debe llevar falda o pantalón, como se discute en un colegio de Granada. O los síntomas, como que haya falta de médicos en los centros de salud y especialistas en los hospitales. Ésas deberían ser nuestras preocupaciones. Y nuestras ocupaciones.

IDEAL (La Cerradura), 17/09/2023